Las 3 mejores películas de Joaquin Phoenix

Hay actores que desaparecen y resurgen en el momento menos inesperado. Ocurrió con John Travolta, gracias a Tarantino, en «Pulp Fiction». Y sucedió de manera muy parecida con Joaquin Phoenix en el Joker, el villano de Batman más ácido jamás escrito.

Un efecto similar, un resurgimiento de gran intensidad sísmica en ambos casos. Y es que los grandes actores nunca dejan de serlo. Solo que la industria se olvida en ocasiones de ellos y en ese amargor que puede durar años parece como si estos grandes interprétes se cargaran aún de mayores registros interpretativos una vez conocido el abandono.

También es cierto que, en el caso de Joaquin sus inicios en el cine tuvieron esa intención de rostro encantador con el que despertar frenesí adolescente. Y quizás aquello lastrara su carrera en algún sentido. Pero también puede ser que tras el éxito temprano el mismo se condujera a ese lado menos amable al que lo empujaron las circunstancias familiares más adversas, trazando ese viaje al lado salvaje de donde importar, sin quererlo para nada, registros interpretativos muy alejados de lo que había desempeñado.

Porque Joaquin Phoenix evoca a un Dorian Gray actual capaz de la mirada más abismal, como de caída sin fondo ni atisbo de luz posible. Mientras que el otro Joaquin Phoenix puede recuperar en un instante el brillo azul de su mirada para conseguir la metamorfosis más inesperada y aparecer como el estereotipo de actor con encanto. El actor más camaleónico de nuestros días, sin duda.

Top 3 películas recomendadas de JoaquIn Phoenix

Joker

Una interpretación brutal que hace de lo trágico y lo más amargo sustento para reconstruir al personaje que a futuro será archienemigo de Batman. Y eso que Batman es un eco muy lejano en la peli, como un sueño que apenas puede sospecharse entre la sordidez, la animadversión, la enfermendad mental, los abusos y todo lo peor que pueda imaginarse pendiendo sobre un ser humano como espada de Damocles.

Joaquin Phoenix perdió un porrón de kilos para mostrarnos esa espalda trazada por el marcado rosario de sus vértebras, para que las holgadas ropas del payaso insinuen un cuerpo imposible, un saco de huesos. Más allá de lo físico, Joaquin culmina su obra maestra con una mirada que va de la incomprensión, de la confusión mental a la locura y el odio.

Bajo el estigma propio de este personaje en cuya interpretación murió Heath Ledger, Joaquin Phoenix extrae todas las esencias para catapultar al joke a categoría de mito en el cine, el peor de todos los villanos, llegado de los infiernos de submundos muy cercanos donde los propios seres humanos acaban por erigirlo con su doliente culpa en la destrucción hecha carne.

The master

Plantearse un argumento en torno a una secta, con todas sus derivadas sociológicas en primera instancia pero también religiosas, psicológicas y morales, tiene un punto de desasosegante fragilidad. Porque ahí queda la noción de que todos podemos ser carne de cañón, en algún momento dado, y sucumbir ante el charlatán de turno y su delirio mesiánico.

Contar para ello con un Joaquin Phoenix ya bastante de vuelta de todo, después de un año 2010 en el que su película autobiográfico nos lo enseñó en su desnudez del alma más perturbadora, fue todo un acierto. Sucumbir a según que fuerzas centrípetas en torno a la mierda más anulante y despertar en una rabiosa sensación de haber sido anestesiado frente a todos los dolores del mundo para sacar el provecho más cínico. Joaquin hace de esta película ese alegato perfecto para el despertar tras una alienación que puede parecer lejana pero que siempre acecha.

No todos somos veteranos de guerra al estilo más puro estadounidense, con multitud de hombres aún jóvenes pero apartados e incluso apestados por sus traumas y sus dificultosas reinserciones. Alcohol, decadencia, perdición y esa chispa, la oportunidad del perro apaleado para encontrar en un nuevo amo su causa para seguir adelante…

En realidad, nunca estuviste aquí

En sus recurrentes mimetismos entre personajes heridos, apaleados, castigados o traumatizados, el amigo Phoenix no resulta cargante sino todo lo contrario. Sería algo así como ver a tu equipo ganar todos y cada uno de sus partidos. Siempre lo mismo, sí, pero nunca resulta suficiente porque cada papel es esa jodida obra de arte. Cada nuevo personaje llegado de los infiernos de Dante aporta nuevas cosas.

En esta ocasión la idea puede parecer manida. El vengador moderno y urbanita que podríamos asociar con estereotipos como el de Clint Eastwood por las calles de Nueva York pasando por Bruce Willis en junglas de cristal mil o hasta Chuck Norris si nos ponemos tontorrones. Pero Joaquin Phoenix no sabría hacerlo con el perfil monocorde de un héroe que nos aporte seguridad y tranquilidad más allá de algún momento inquietante. Phoenix hace de su misión por el bien una causa a otro nivel, una lucha en la que dejar el alma si hace falta…

Básicamente es así porque conforme avanza la peli vamos descubriendo esos relampagazos que desvelan los verdaderos motivos de Joe para hacer lo que hace, ya sea por expiar pecados propios o para espantar fantasmas que se empeñan en liberar viejos miedos… Porque sí, en el fondo, todo puede ser una fantasía dudosa que no nos deje claro si él estuvo aquí y si tanta violencia tiene el sentido único de la justicia o si algo más se nos escapa.

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