Las 3 mejores películas de Quentin Tarantino

Cuando se ha extendido la expresión «tarantinesco» es que el bueno de Quentin al menos ha dejado huella, para mal o para bien. Porque hay quienes solo lo ven como un perturbado (las apariencias del personaje no ayudan a considerar lo contrario) y otros que lo ven como un genio loco. La cuestión es que si kafkiano ha llegado a adoptarse como sinécdoque de lo surreal, tarantinesco se asocia como violencia gratuita cargada de humor negro.

Si solo fuera cuestión de violencia pues igual Tarantino pasara desapercibido como un autor gore. La cuestión es elevar el asunto al punto de reconvertirlo en genialidad trufando la sangre con excesos de otro tipo y al menos una trama consistente, normalmente de corte negro, bien narrada. Una historia que si bien se desdibuja a conciencia por momentos, siempre apunta a ese horizonte preciso de quienes buscan inicio, desarrollo y final con giro.

El despegue de Tarantino se produjo casi desde sus atrevidos inicios en la dirección de sus propios guiones. Con «Reservoir Dogs» ya lo petó y todo lo que fue haciendo después siempre se ha considerado obra maestra por su inconfundible sello desde esos primeros compases que despiertan un morbo inquietante que siempre juega a favor de la historia contada.

Top 3 películas recomendadas de Quentin Tarantino

Pulp fiction

Película que ya apuntaba al culto nada más asaltar la gran pantalla por su inspiración en el subgénero hard-boiled de la literatura pulp. Una historia psicodélica en el mundo del hampa que recuperó a John Travolta para la causa del estrellato de Hollywood. Sin duda porque Travolta lo bordó pero también porque la propia historia lo inmortalizó.

Jules y Vincent, dos asesinos a sueldo con no demasiadas luces, trabajan para el gángster Marsellus Wallace. Vincent le confiesa a Jules que Marsellus le ha pedido que cuide de Mia, su atractiva mujer. Jules le recomienda prudencia porque es muy peligroso sobrepasarse con la novia del jefe. Cuando llega la hora de trabajar, ambos deben ponerse «manos a la obra». Su misión: recuperar un misterioso maletín.

Lo fascinante es el juego que da un argumento tan simple en apariencia. Y ahí es donde reside la magia de esta película y la ostentosa demostración en la dirección de Tarantino. Porque la trama se estira en cada escena, modificando el interés del desarrollo general de los acontecimientos, hacia intrahistorias que nos conducen por los vicios, el crimen o cualquier aspecto en el que Tarantino se recrea para despertar ambientaciones cambiantes, caleidoscópicas para estructurarse en un rico mosaico general a lo largo del recorrido de la peli.

Malditos Bastardos

Hacer de la violencia y la sangre morbo adrenalínico es algo que Tarantino consigue con la facilidad del cirujano experto afanándose en un trasplante de riñón. La cuestión es ofrecer después una trama consistente, una ambientación histórica típica que el desmenuza para presentárnosla extraña, desquiciada e hilarante por momentos. Y luego esta Brad Pitt con esa mirada oscurecida, esa belleza que deja de ser amable, como de yerno complaciente, para sumirse en la mirada de los mil metros que se quedaba en los soldados traumatizados en los conflictos.

Un innegable ánimo de revancha se extiendo sobre la historia como de pueblo encargado de la justicia frente al genocida (algo así como Mussolini en la plaza de Milán versión cine). La cuestión es que no nos parece ni tan mal la caza de nazis por las que nos conducen Brad Pitt y compañía. Nos sentimos incluso ligeramente complacidos con la masacre del cine y entrecerramos los ojos mientras Pitt señala la frente de los perversos nazis con la lengua entresacada, como el niño que pinta con acuarelas.

Sí, es una película siniestra pero también es una gran cinta de aventuras, y una buena intrahistoria de época en la Alemania de Hitler. Más allá de Brad Pitt hay que señalar el papel de otro actorazo como es Christoph Waltz, al que todos querríamos matar con nuestras propias manos…

Django desencadenado

La mejor justificacion para la violencia es la revancha frente a las injusticias. Solo que en el caso de Tarantino el asunto cobra un punto maquiavélico. El ojo por ojo y diente por diente y de propina alguna víscera por el agravio de los intereses.

Un western con Jamie Foxx, DiCaprio, Christoph Waltz…, una lista de sospechosos habituales, recurrentes héroes y antihéroes de Tarantino que ya saben de qué va toda esa violencia desbordada. Una película que también tiene algo de reivindicación, de reubicacion del movimiento setentero Blaxploitation en mitad del salvaje oeste.

El esclavo Django emprende su particular odisea por la libertad. En un mundo brutal, más salvaje y hostil para los negros de los Estados Unidos del sur, todo parece encerrarse como un laberinto por la supervivencia. Venganza racial, disparos por doquier, las habituales (que nunca cansan) escenas cargadas de la tensión tarantinesca, de esa calma chicha que precede a la tormenta.

En esas escenas de inquietante quietud donde se negocia la libertad del negro la película se prolonga cómo solo puede hacerse bajo la dirección de Tarantino. Con una mezcla de angustia y morbo que nos predispone a admitir la violencia como la única salida, una salida incluso placentera como justicia contra la más ominosa animadversión.

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