3 mejores libros de Carlos Castán

Hubo un tiempo en el que consumía sin parar libros de relatos para destascarme mientras «preparaba» unas oposiciones en las que me acabé leyendo incontables novelas y escribiendo algún boceto de mi propia ópera prima.

De aquellos días recuerdo entre muchos otros a Oscar Sipán, Manuel Rivas, Italo Calvino, Patricia Esteban y cómo no, a don Carlos Castán, de quien recuerdo tener sus libros masacrados a base de notas, seleccionando frases o conceptos brillantes. Después contacté por mail con él por si quería acompañarme en la presentación de alguna de mis novelas pero el encuentro no pudo darse.

Recientemente me he acordado de Carlos Castán porque escuché algo sobre una edición especial que iba a recopilar algunos de sus mejores relatos ( o sea que deberían ser todos) y recordé que no lo había traido nunca a mi blog.

Top 3 libros recomendados de Carlos Castán

Museo de la soledad

Este es en concreto el libro que áun conservo con sus apuntes de joven apasionado que se pasaba las horas de opositor leyendo con fruición, pero no precisamente la Constitución o el Código Penal. Y seguramente será uno de las principales fuentes de las que recuperar relatos para lo nuevo que se vaya reeditando.

Porque entre las páginas de este compendio de relatos realmente te movías contemplando la existencia como ese museo de la soledad, exhibido solo cuando la vida se reencuentra con el silencio, cuando el ser se somete a las eternas preguntas inalcanzables. Solo que en el caso de Castán la filosofía que rezuma esta sensación es un melancólico paseo por el suelo encerado del museo, entre el ruido de tus pasos y el sentir de las obras expuestas que consiguen erizar tu piel por la mutación en todos y cada uno de los personajes que te observan desde sus propios lienzos de vida.

¿Qué podríamos encontrar en el interior de un museo imposible llamado Museo de la soledad?Por ejemplo historias; estos doce relatos que nos hablan del silencio, del amor y del poder de los sueños. Personajes solitarios que ven pasar la vida desde una ventana y esperan que la lluvia les traiga una respuesta o una esperanza; hombres y mujeres que dudan, que no saben si vivir la realidad o soñar e inventar otra en la que reconocerse; personas que deambulan por las calles de una ciudad mientras recuerdan el pasado que regresa como un tren en un túnel; aquellos que se ven arrastrados por su propia imaginación a atravesar puertas entreabiertas y a desvelar asombrosos misterios que explicarán su propia existencia.

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La mala luz

Todo salto del reconocido escritor de relatos al novelista tiene ese no sé qué del riesgo de quien aborda navíos desconocidos. Tanto para el propio autor como para el lector asiduo. Porque quieras que no la novela lo cambia todo. Las nuevas reglas disponen al escritor hacia una nueva singladura mucho más larga.

La cuestión es saber adaptar ese ingenio propio que extiende en lo breve ingeniosas metáforas que se recrean en la forma a la par que abrillantan el fondo a un nuevo formato que requiere, además, acción. Carlos Castán consiguio un buen equilibrio en esta novela manteniendo su querencia por las hondas esencias existencialistas. Jacobo y el narrador son viejos amigos que se acaban de trasladar a Zaragoza, ambos huyendo de un matrimonio fracasado, incapaces de soportar el peso de sus propias vidas. Mientras se habitúan a su nueva situación, comparten cervezas, libros y veladas cada vez más largas en un desesperado intento de eludir el mundo.

Un día, Jacobo empieza a tener miedo, un miedo desmesurado y aparentemente irracional a quedarse solo en casa, que consigue controlar con la compañía de su amigo, hasta que una noche Jacobo aparece apuñalado en su propia casa. El protagonista toma entonces el relevo de su vida, quizás como última posibilidad de huir de la propia, y así conoce a una mujer, Nadia, que se convertirá en su obsesión y junto a la que emprender la frenética investigación del asesinato de su amigo, lo que trastocará definitivamente su propia existencia.

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Solo de lo perdido

Es como si faltara una continuación al enunciado. Solo de lo perdido ¿qué?. Las respuestas van llegando de inmediato en forma de tormenta de verano, salpicándonos con relatos que mojan por fuera y empapan por dentro, con esa sensación de frío de vivir tan propia de este autor.

Los relatos de Carlos Castán distan mucho de ser perfectos, de técnica precisa y mecanismo ajustadísimo, esos cuentos que suelen acabar diseccionados y sin vida en las escuelas de escritura. Las historias de Castán sangran, están llenas de jirones. Castán escribe de personajes descolocados, sin mapas ni brújula. Tipos que escapan de repente en busca de lo que hubiesen podido ser de haber sido otros; que mueren mucho antes de morirse. Escribe de la cara y la cruz de la soledad, de tardes vacías, carreteras, planes y sueños, y del final del viaje y el anhelo de paz.

Escribe de gentes que pierden trenes y también de los que se resisten, a pesar del cansancio, a los días repetidos. Escribe de la sed de intensidad, de cómo la libertad llena de arañas la conciencia y de cómo mantener a raya el miedo. Castán escribe con verdad, como si dejara constancia del eco de nuestros pasos por el mundo y consigue, para bien y para mal, que sus páginas acaben devolviendo a quien las lee una imagen esencial que reconocemos como propia.

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