Mejores libros de Arturo Pérez Reverte, 2020

Siempre es buen momento para ofrecer una perspectiva general sobre la extensa bibliografía de este académico de la lengua, capaz de conjugar el lenguaje más exquisito con la acción más trepidante, una gran manera de enriquecer en lenguaje y entretener manifestada en toda la obra de Don Arturo Pérez Reverte. Tal vez otros autores debieran aprender…

ÍNDICE

Porque uno de los más notables valores de un escritor es, para mí, la versatilidad. Cuando un autor es capaz de acometer muy diferentes tipos de creaciones demuestra una capacidad de superación sobre sí mismo, una necesidad de búsqueda de nuevos horizontes y una entrega al genio creativo, sin más condicionantes.

Todos conocemos las manifestaciones públicas de Arturo Pérez Reverte y casi nunca deja indiferente. Sin duda esa forma de no ceñirse a lo establecido ya deja patente su tendencia a escribir porque sí, como oficio libre, sin imperativo comercial (aunque al final vende libros como el que más).

Entrar a detallar su prolífica carrera como escritor puede sonar pretencioso. Pero es lo que tiene ser un lector libre. Puedo opinar porque sí, así que me atreveré a reseñar todos los libros de Arturo Pérez Reverte, que componen una dilatada trayectoria de, sin duda, uno de los mejores escritores españoles de la actualidad.

Si nos remontamos a los comienzos, comprobamos que las primeras novelas de Arturo Pérez Reverte ya anticipaban los posteriores novelones que nos tenía guardados. Pero vamos una a una por orden cronológico. Bienvenido al universo Reverte, al menos en cuanto a novelas se refiere:

Bibliografía cronológica de Arturo Pérez-Reverte

El husar

Su opera prima, El húsar, se centraba en el siglo XIX. Si bien la trama se adentraba en el periodo histórico correspondiente, con los avatares bélicos en los comienzos de la Guerra de Independencia Española, la novela también contiene un poso hacia la reflexión sobre toda contienda.

Los personajes de esta novela aportan ideas y lúgubres perspectivas sobre la guerra, algo muy propio para un corresponsal de guerra que se iniciaba en la ficción literaria.

No hay que olvidar sus más de 20 años como enviado especial a diferentes conflictos. Dos décadas entregadas a la misión de narrar los horrores de diferentes conflictos armados a lo largo y ancho de todo el mundo.

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El maestro de esgrima

El maestro de esgrima fue su segunda novela, publicada en 1988. Para ser su segundo título ya fue todo un bestseller; todavía evocado hoy como una gran obra de misterio y que aquí rescato en su reedición de abril de 2017.

Amén de representar la España de finales del XIX de manera precisa y preciosisita, en esta obra se abre paso una apasionante intriga. La vida de Don Jaime, el maestro de esgrima toma unos derroteros imprevisibles con la aparición de una enigmática mujer que busca adoctrinarse en la ejecución de una estocada propia de Don Jaime.

Coincidencia o no, paralelamente, Don Jaime se convierte en depositario de unos documentos de un marqués que confía en él para salvaguardar alguna información trascendente. Con la suma de estas dos “coincidencias” la trama se dispara…

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La tabla de flandes

¿Qué decir de La tabla de flandes? Dos años después de irrumpir con El maestro de esgrima, el autor repetía fórmula con tanto éxito o más que en su nombrada predecesora.

Siempre con el horizonte de un estilo elegante en las formas y animado en el fondo, el autor se adentra en una nueva obra de misterio que ya casi roza el thriller. El arte, el ajedrez y la historia, una combinación fascinante para plantear enigmas del pasado que Julia, una joven restauradora trata de descifrar.

Una novela en la que resulta estimulante adentrarse en la sofisticación de su trama, sintiéndote partícipe de ese grado de erudición y conocimiento, a la par que se disfruta de un ritmo que jamás decae. Un ritmo acompasado por sus personajes, impelidos hacia descubrimientos históricos de gigantescas dimensiones.

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El club Dumas

El club Dumas es un homenaje al gran escritor Alexandre Dumas, referente del propio autor y más que posible espejo donde desarrollar el estilo, la elegancia, la profundidad de los personajes y ese punto de literatura muy comercial conseguido a través de nudos y desenlaces apasionantes.

En esta novela, Arturo Pérez Reverte se adentra en un mundo de bibliófilos, donde conocemos acerca del valor de los originales, de primeras ediciones o de posibles manuscritos de grandes obras de Alexandre Dumas y de otros autores.

La historia está impregnada de un toque decimonónico, con aroma a papel viejo y a tinta de pluma. El conjunto queda colmado con un punto esotérico de los interesantes enigmas a desvelar, sobre todo lo conciernente a un escabrosos libro: Las nueve puertas del reino de las sombras.

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La sombra del águila

La sombra del águila no es de las obras más reconocidas de Árturo Pérez Reverte, pero para mí sigue siendo una interesante novela bélica sobre hechos reales, acontecidos durante la invasión napoleónica de tierras rusas: la batalla del Berézina.

En aquella contienda participaban del lado francés presos españoles quienes, vista la desastrosa evolución del enfrentamiento, no dudaron en cambiar de lado cuando pintaban bastos.

El autor juega a media luz entre la realidad y la ficción, ciñéndose a los resultados y a la verdad última de los innegables hechos históricos pero transformando su desarrollo para conformar una sugerente historia no exenta de ironía y hasta cierto punto parodia sobre los valores en el frente.

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Territorio Comanche

Territorio comanche supuso una importante ruptura con la temática de ficción abordada hasta ese momento por el autor.

En la obra se detecta una elaboración progresiva, una maceración pausada, pues en sus páginas el autor se abría al mundo en su faceta y desempeño como corresponsal de guerra. Porque la obra contiene puntos de ficción, o al menos de subjetividad, pero siempre empapada de realismo. ¿Cómo olvidar a aquel Arturo Pérez Reverte oculto entre una trinchera en plena refriega? ¿Cómo no iba él ha dejar parte de sus vivencias en una obra como esta?

Escribir sobre la crudeza de los conflictos armados no debe ser sencillo. En este libro el lenguaje se torna oscuro en ocasiones. Es como si expusiera todo lo que se dejó por decir más allá de las grabaciones para las televisiones oficiales.

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La piel del tambor

La piel del tambor volvió a recuperar al Reverte historiador, al escritor riguroso pero sumamente creativo, el narrador de intrahistorias y al creador de enigmas y misterios fascinantes.

El escritor multifacético regresaba a su sitio honorífico en la literatura. Y en cuanto a trama y personajes, lo cierto es que lo hacía por la puerta grande. La construcción de esta novela sería digna de Ken Follet, un cosmos de personajes y de ramificaciones que confluyen en una intriga fascinante.

En esta novela el autor desató su creatividad, su ingenio y su ya vasto dominio de la creación literaria para compatibilizar el hoy y el ayer. Desde la informática hasta el siglo XIX, para integrar personajes de toda índole y para mantener siempre un hilo en el que todo lector acaba enredado.

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La carta esférica

Arturo Pérez Reverte, si fuera John Smith Westinghouse, alcanzaría (si es que no ha alcanzado ya) el nivel de los más grandes bestselleres mundiales, a la altura de Follet, Brown o King, solo que en el caso de los dos primeros, con más lustre en la forma y más poso en el fondo.

Resulta desconcertante como este autor es capaz de encontrar nuevos argumentos de los que tirar para crear nuevas y vibrantes historias como esta de La carta esférica. Lo de los barcos hundidos en los mares de medio mundo es un tema curioso, buscadores de tesoros siguen todavía sondeando las profundidades de mares y océanos.

Y sobre eso va esta novela, el Mediterráneo como improvisado albacea de testimonios navales de incalculable valor y de enorme trascendencia histórica.

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La reina del sur

La reina del sur demuestra un interés literario de Reverte por esas mujeres “diferentes”. En un mundo que todavía busca la equiparación de hombres y mujeres en las altas instancias de mando, pensar en mafias o mercados negros donde una mujer pueda ser la que dirige todo resulta impactante, elevando la valía de esa mujer muy por encima de la de cualquier hombre.

Digamos que esa es la perspectiva desde un punto de vista de lectura como aventura criminal. Pero claro está que debajo de una trama centrada en el contrabando se desprende el fétido olor de la corrupción, la muerte y los conflictos de todo tipo. Teresa Mendoza, la auténtica reina del sur se vería encantada de descubrirse en esta trepidante ficción sobre su vida y obra.

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Cabo Trafalgar

Cabo Trafalgar supuso para Arturo Pérez Reverte la concesión de la Cruz al mérito naval, lo que manifiesta la trascendencia y reconocimiento de la obra. Con los antecedentes de su novela

La carta esférica, el autor ya disponía de suficiente bagaje como para acometer otra gran historia de temática naval. Nos encontramos en plena batalla de Trafalgar, el navío español Antilla se dispone a afrontar el combate naval por excelencia de toda la Historia.

Para adentrarnos en el evento histórico, Reverte se encarga de que empaticemos perfectamente por medio de un lenguaje increiblemente variado, vulgar o técnico, pero siempre sumamente apropiado para hacernos vivir en piel cada escena.

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El pintor de batallas

El pintor de batallas nos presenta una brillante evocación sobre la guerra de los balcanes. Si en el caso de Territorio comanche las escenas tomaban un deje periodístico, en esta historia el nudo se mueve por el terreno de las vivencias, de lo que supone una guerra en lo personal, particularmente en el caso de un fotógrafo y un combatiente pero perfectamente extrapolable a todo soldado, civil o víctima de aquel conflicto o de cualquier otro.

Pero más allá de lo trascendente, la historia también aporta un punto de thriller. La visita de Ivo Markovic, uno de los personajes fotografiados por Faulques, toma cauces siniestros por los que la muerte se anticipa como una venganza que se va impregnando de recuerdos y cuentas pendientes.

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Un día de cólera

En toda guerra hay un día especialmente virulento, un encuentro infernal en el que los humanos se entregan a la sangre sin contemplación alguna. Un día de cólera se centra en el 2 de mayo de 1808 en Madrid.

La famosa carga de los mamelucos que de manera tan espeluznante pintara Goya. Se trató de eso, de un día de cólera extendida cual infernal enfermedad.

En este libro Reverte tiene en gran consideración la documentación histórica, manteniéndose fiel a los hechos rigurosamente. Pero debajo de lo registrado ocurrió lo real. Las pequeñas historias ficcionadas sirven de muestrario de los horrores, aquel día en el que el pueblo se levantó contra la invasión napoleónica.

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El asedio

El asedio es una de las obras más extensas del autor.  El acopio de documentación y conocimiento sobre la Guerra de la Independencia Española acabó derramándose en esta obra, por lo menos en cuanto a la necesaria ambientación en Cádiz entre los años 1811 y 1812. Por lo demás, lo que mueve la trama es la evolución de diversos personajes entrelazados ocasionalmente, una espectacular interrrelación digna del más trabajado argumento de Ken Follet.

Pero además Reverte consigue diferentes tonos en la obra, instantes en los que la aventura vital de los personajes se desliza hacia el género policíaco o gira con un ligero tono folletinisco o bien deriva hacia una ramificación científica, todo ello con un nudo consistente y realmente deslumbrante.

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El tango de la guardia vieja

Con El tango de la guardia vieja, Arturo Pérez Reverte nos introduce en una historia de amor. Resulta curioso que después de tantas y tantas historias con el trasfondo bélico se lanzara de repente con una novela romántica. Pero lógicamente no se trata solo de eso.

El verdadero motivo para hablar del amor es circunscribirlo a diferentes momentos históricos. Max Costa y Mecha nos conducen, a través de su singular amor, por la melancolía, por la sensación de lo perdido y, cómo no, algunos de los trascedentes conflictos bélicos del siglo XX.

Al final, llegados a los inspiradores años 60, los enamorados se enfrentan a una inquietante partida de ajedrez. Una interesante y rompedora novela que, por distinta, se la ha colmado de bendiciones y gran ponderación. Puede que así sea. Para gustos, colores.

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El francotirador paciente

El francotirador paciente suena ya de por sí, siniestro. Esa paciencia que puede tener bien entrenada un hombre que se dispone a matar, anticipa una nueva obra sobre aspectos insondables del ser humano. Y sin embargo los derroteros de la trama avanzan no del todo en este sentido.

El susodicho francotirador es un tipo controvertido, denominado Sniper, una especie de anonymous con una particular forma de manifestación artística. Alejandra Varela, periodista, anda tras su pista.

Quiere llegar antes que nadie a él, encontrar sus motivos y ponerle cara. Pero para llegar a Sniper hay todo un submundo que atravesar, el que se viene creando en nuestras sociedades actuales. Una trama dinámica, de gran intriga pero con una clara intención social.

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Hombres buenos

Hombres buenos fueron aquellos que buscaron aportar luz a una España en penumbra. Está claro que, como académico de la Real Academia de la Lengua, Pérez Reverte descubrió la historia real de Hermógenes Molina y de don Pedro Zárate, los dos enviados por la Academia para conseguir La Enciclopedia de Diderot y D´Alembert.

El siglo XVIII llegaba a su fin y los academistas de entonces entendían que esa gran obra, el Diccionario razonado de las ciencias, las artes y de los oficios podría tener un efecto ilustrador y transformador en una sociedad española entregada a la penumbra del pensamiento y  la razón al auspicio de la moral católica.

El transcurso del viaje entre España y Francia refleja el contraste entre la Europa del sur y la pujante Europa del norte, pero a la par que compartimos esas realidades históricas paralelas, disfrutamos de una magnífica aventura, con esos personajes cercanos, con su lenguaje preciso para la época y el relato de sus impresiones y vivencias en un viaje hacia la luz.

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Las aventuras del capitán Alatriste

Las aventuras del capitán Alatriste están compuestas por 7 volúmenes de lectura perfectamente indepediente, si bien el perfil más completo de los personajes se consigue con una lectura completa, consiguiendo así un disfrute muy particular, una especie de premonición sobre lo que se puede esperar de cada escena vivida por el mítico capitán.

El capitán Alatriste es ya un personaje con mayúsculas en la literatura hispánica. Cada una de las 7 novelas por las que trasiega este personaje son una maravillosa aventura en pleno siglo de Oro español.

El fulgor de aquellos años en los que España todavía era un faro mundial también ocultaba sus sombras y miserias, sus afrentas y sus conflictos. Alatriste representa al noble de alma, que no de título, al hombre cultivado y valeroso, con un gran sentido del honor y un sable dispuesto para el castigo.

En el volumen que puedes descubrir clicando la imagen se presenta un conjunto de las siete novelas. Sin duda un regalo único con el que pueden disfrutar jovenes y mayores. Divertimento y aprendizaje con un lenguaje fastuoso.

Todo Alatriste
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Falcó

Falcó. Lo que se anuncia como una prolífica serie dispondrá en breve de su segunda entrega: Eva. Lo que descubrimos en este nuevo personaje de Reverte es una especie de antagonista de Alatriste traído a mitad del siglo XX. Falcó es un antihéroe, un espía a sueldo, algo muy bien traído para los tiempos que corren.

Un personaje que se mueve en fronteras imprecisas de lo moral pero de gran reputación en esos mundos oscuros que sirven de engranaje para que las cosas, simplemente funcionen.

La etapa de los años 30 y 40, con tantos conflictos pasados, vigentes o pendientes supone una fase turbulenta de la historia en la que solo alguien como Falcó sabe como hacerse un sitio y sobrevivir a todo.

Trilogía Falcó
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Eva

Eva. Lorenzo Falcó ya es otro de esos personajes estrella que Arturo Pérez Reverte ha construído con éxito para la literatura hispánica. Claro está que nada tiene que ver este tipo avieso, cínico y oportunista con el glorioso Alatriste, pero es el signo de los tiempos. El héroe cede el testigo al antihéroe como protagonita absoluto. Debe ser cosa del hartazgo ante la visión de un mal que triunfa, campando a sus anchas en una sociedad anestesiada.

En esta ocasión, nos ubicamos en marzo de 1937. Lorenzo Falcó sigue actuando en la sombra, bajo las directrices de los sublevados, en esa oscura tarea tan necesaria para hacer cambiar el curso de la guerra, si resulta preciso. En la guerra y en el amor todo vale, una frase que parece acuñada para este personaje oscuro, que parece tenerla interiorizada para poder actuar sin escrúpulos en esas sombras del espionaje, las conspiraciones y los contactos con el mismísimo diablo.

Desplazado a Tánger, Lorenzo Falcó tiene la misión de asestar un golpe al oficialismo español que lo deje desasistido económicamente, debilitado y sin crédito alguno con el resto del mundo. Un trabajo sucio que redundará en pobreza, miseria y carestía para el pueblo. Un desempeño que es menester sea desempeñado desde ese ignominioso espacio que ocupa nuestro personaje, para que ese pueblo por el que supuestamente se luchaba con nobleza, no sepa de tales sucias artimañas.

Frente a Lorenzo emerge Eva, una mujer de aspecto inofensivo que encandila a Falcó pero que también participa de esa guerra sucia, solo que en el bando contrario. En según que contexto, amar u odiar es solo cuestión de enfoque, pudiendo transitar de un lado a otro a necesidad. Pero no es menos cierto que en las idas y venidas entre sensaciones antagónicas acaba uno dejándose jirones del alma, desnudándose ante una realidad que puede conducirte a replantearte tu lugar en el mundo.

Acostumbrados a la exquisita documentación de este autor, entre la que desliza trepidantes historias que nos cautivan por su ritmo vivo, su intensidad emocional y por ese perfecto encaje con la realidad que circunda a los personajes, volvemos a encontrar esa maestría pura, la de una pluma ya acostumbrada a alcanzar las más altas cotas de éxito.

Trilogía Falcó
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Los perros duros no bailan

Los perros duros no bailan. Con las últimas vibraciones de Eva, su anterior novela de la serie Falcó, todavía reverberando en nuestra memoria lectora, Pérez Reverte irrumpe con una nueva novela que desconozco si será de transición entre nuevas propuestas de Falcó o si supone un cierre de lo escrito en torno a Lorenzo Falcó y su singular modus vivendi en plenos años del régimen franquista.

Sea como fuere esta novela se presenta como una fábula de fuerte carga simbólica a través de una personalización que acaba por hacernos olvidar que se trata de una historia de perros. Las vidas de Teo, de Boris el Guapo, de Negro y de muchos otros chuchos se elevan hasta esa condición humanizada que Arturo Pérez-Reverte consigue desarrollar hasta la estrema credibilidad.

No sé si al terminar de leer este libro se podrá volver a mirar a un perro de la misma forma. Si ya sospechábamos que en esas miradas expresivas se ocultaba algún tipo de inteligencia por encima de lo sospechado, cuando demos por terminada esta trama confirmaremos todas esas sospechas.

Como buen amante de los animales en general y de los perros en particular, el autor se ha ocupado de presentarnos un escenario completo de ese mundo animal reconocido por medio de la fábula. Un escenario perruno donde perduran pautas entre lo moral, lo instintivo y lo espiritual. Pautas que antes respetaban los hombres como un conjunto básico para mantener un mínimo de convivencia entre iguales.

El viaje de Negro en busca de sus compañeros extraviados es también un paseo por todas esas referencias que los perros quizás aprendieran de los hombres en el proceso hacia la domesticación, pero que ahora solo ellos conservan muy por encima de nuestras enseñanzas echadas por tierra para nosotros mismos.

Si algo sobrevive en este mundo después de algún tipo de hecatombe que seguro nos esperará mañana o dentro de milenios, solo los perros podrían afanarse en recuperar un mundo donde los viejos valores imperen, en primer lugar para la conservación de cualquier especie.

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Sabotaje

Con esta novela alcanzamos la trilogía de la saga Falcó, una serie en la que el autor derrocha imaginación, oficio y conocimiento de los subterfugios políticos en mitad de la Guerra Civil Española.

Porque si bien hablamos de un nefasto periodo, los hechos soterrados entre los desastres de la guerra sorprenden siempre por lo que suponen de mecanismo fundamental para el desarrollo de los acontecimientos. Y ahí siempre hay argumentos interesantes para construir novelas emblemáticas.

Los intereses creados, mientras los jovenes se enfrentaban cuerpo a cuerpo en el frente, dan buena muestra de todo lo que se movió en torno al conflicto bélico de nuestro país. De nuevo Falcó toma las riendas de esta historia que transita en la vorágine de acontecimientos y vivencias que ya nos acompañaron en la anterior “Eva”.

De nuevo 1937, esta vez en París. El 26 de abril de aquel año las bombas asolaron esta población vizcaína, Pocos meses después Pablo Picasso reflejó el desastre de los que no pudieron refugiarse. Solo que quizás entre los meses de mayo y junio en los que el autor acometió la obra, puede que el guión de la obra no se ejecutara según los planes del gran creador pictórico…

Trilogía Falcó
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Una historia de España

Hace poco escuchaba una entrevista a Don Arturo Pérez Reverte abordando el tema de las nacionalidades, del sentimiento de pertenencia, de las banderas y de los que se cubren con ellas.

El sentido de ser español está hoy intoxicado por percepciones, ideologías, complejos y una alargada sombra de sospecha sobre la identidad que sirve a la causa de la polémica constante en torno a qué significa ser español.

Las etiquetas y el maniqueismo lastran toda noción sobre lo español, en favor de todos aquellos que confabulan contra el mero hecho de ser, colmándolo de culpas, abordándolo desde el prisma interesado de turno que recupera oscuros pasados para sacar partido. La trabajada noción de que España es ahora lo mismo que cuando era ocupada y patrimonializada por una facción, supone un reconocimiento absoluto de que todo está perdido, de que quienes la transformaron bajo el prisma único la conservan para sí frente a quienes la querían como algo más plural y diverso.

Flaco favor para una identidad patria que, como cualquier otra, tuvo y tiene sus luces y sus sombras y que a la postre, no debería ser de ninguna ideología sino de quienes habitan ese extraño y concurrido seno patrio. Por eso nunca está de más prestar atención a un cronista fundamental de nuestros días.

Un escritor que trata sin remilgos la causa de lo identitario desde lo anecdótico hasta lo esencial. Porque esta especie de recopilación de pensamientos salpican a muy distintos espacios temporales del panorama ibérico en el que medraban y medran pícaros, sinvergüenzas, mentirosos, prestidigitadores del verbo y adoctrinadores sin doctrina propia, desde uno y otro lado del abanico pseudoideológico.

Y digo “pseudo” anteponiéndolo a ideología porque realmente, en muchas ocasiones se trata de eso, de desvestir la mentira, de exhibir la falsedad, de escribir con el estilete más hiriente de Pérez Reverte para acabar marcando a cada cual con sus miserias.

El orgullo de ser español o portugués o francés reside en el brillo de la gente aún libre del estigma de ese conductismo hacia la mentira. Para enfrentar un supuesto nacionalismo, los nuevos españoles ofendidos se visten con la bandera opuesta, la que para ellos sí que viste de verdad y pureza, la que nunca cobijó a malandrines cuando no criminales.

Como si los malos solo pudieran estar en un lado, como si pensar diferente a ellos fuera sumirse en esa España pretendidamente negra que si existe es precisamente por el frentismo enconado en el que unos solo miran con los ojos del ayer, y otros, como hiriente respuesta, se confían a los viejos espíritus.

Porque no es lo mismo reivincidicar la justa restauración de derechos y honor de los vencidos en cualquier guerra que pretender sumergir todo lo demás en la ignominia, hasta el fin de los días y para todo lo que se mueva a su idéntico paso.

La Historia para Pérez Reverte es un espacio sobre el que disertar libremente, sin el lenguaje encorsetado por lo politicamente correcto, sin deudas con sus posibles partidarios, si compromisos adquiridos y sin intención de escribir nueva historia. La historia también es opinión, siempre que esta no sea esa falsedad interesada tan extendida.

Todo es subjetivo. Y eso bien lo sabe un escritor que necesariamente hace de la empatía herramienta de oficio. Y así nos encontramos con este libro que habla de crueldad cuando la crueldad era ley y que se abre al conflicto cuando el choque de ideologías derivó en la tormenta. España, suma de nacionalidades según quien lo vea, proyecto por simple conexión territorial, patria por la mezcolanza compartida desde Pirineos hasta Gibraltar.

Todos a una en el desaguisado general, participando en por momentos gloriosas u oscuras páginas, según como se quieran leer. Pérez Reverte es una voz experta en eso de las identidades sobre los paños calientes que son las banderas.

Un relato de lo que puede ser esta España en la que lo mejor, simplemente, es considerar a otros como iguales y disfrutar de sus cosas cuando viajamos con esa curiosa camaradería de un remoto trapo izado. Poco o nada más es España, ni tan siquiera una letra amenazante para el himno. Una Marcha Real que incluso sus orígenes se pierden en una heterogénea imputación creativa.

Una historia de España, de Arturo Pérez Reverte
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Sidi

La paradójica figura de El Cid como emblema de la Reconquista le viene al pelo a Don Arturo Pérez Reverte para descabalgar un buen rato al mito, en el sentido uniformador de la Historia oficial.

Porque precisamente eso, los mitos y leyendas siempre tienen sus lagunas, sus lados oscuros. En el caso de el Cid, todo él es una bruma en la que se introdujo su figura con el paso del tiempo. Dignificado por cantares y desterrado por reyes y señores.

Nada mejor que una revisión de la leyenda para engrandecer la figura desde sus contradicciones, más en consonancia con todo hijo de vecino. Para empezar, pensemos en el curioso hecho de que el hoy heroico nombre de Cid provenga de ese Sidi (señor en árabe), que empuja a pensar que Rodrigo Díaz de Vivar fue un mercenario con más interés en la supervivencia que en la expansión de reino alguno sobre la península.

Más aún considerando que quizás el descubrimiento de la mezquindad más descarnada que forzó su destierro lo empujara a ese ofrecimiento abierto de sus dotes guerreras a cualquier postor.

Y así, con esa etiqueta de patrocinado de las armas, este héroe nacional recorrió toda España con sus huestes. Tipos fieles a sus órdenes, con ese punto siniestro de la verdad de un tiempo en el que todo era trivial, incluso sobrevivir a cada amanecer.

Hombres dispuestos a todo con ese honor, frente a enemigos de cualquier credo, que suponía entregar la vida por una victoria en la que todos ganaban su suerte: bien abandonando este mundo o, en otro caso, conquistando una nueva oportunidad para comer caliente regodeándose con la sangre aún en sus espadas.

Siempre me fascinó la frase que indica que un héroe es todo aquel que hace lo que puede. Y allá por el siglo XI, con las circunstancias debidas, un héroe era simplemente quien lograba comer, cual animal salvaje. Simplemente porque no había más.

La conciencia ya si eso se entregaba en todo caso a la fé. esa firme creencia que hacía enconmendarse a los fieros luchadores a su imaginario cristiano, daba igual contra quien se enfretaran. Más que nada por sí realmente había un paraíso que visitar y pudieran pérderselo después de tan miserable vida en este planeta.

Así que, a la sazón de una intención de perfilado más verosimil de un personaje como el Cid, nadie mejor que Pérez-Reverte para encarnarse en su biógrafo.

Como fiel relator de grandezas y miserias; como impactante cronista de unos años duros. Días de hombres y mujeres de dureza pétrea. Tipos entre los que, sin embargo, se podían discernir verdades extremas por contraste con la oscuridad de aquel mundo.

Sidi, de Pérez Reverte
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La cueva del cíclope

Los nuevos aforismos crecen como setas en twitter, al calor húmedo del enardecimiento de los haters; o desde los estudiados apuntes de los más iluminados del lugar.

En el otro lado de esta red social encontramos a honorables visitantes digitales como Arturo Pérez Reverte. Quizás por momentos fuera de sitio, como un demasiado paciente Dante intentado buscar la salida de los círculos del Infierno. Unos infiernos en los que, por espíritu combativo contra los demonios que nos gobiernan, Pérez-Reverte se aventura con pundonor guerrero contra la estulticia de tanto adorador de Satán.

Son todos feos por dentro, como cíclopes con su único ojo fijo en la verdad que le venden bien refrita con los fuegos de las aviesas voluntades demoníacas. Pero al final, hasta se les puede coger cariño.

Porque es lo que hay. En este nuevo mundo cada cual se informa con aquello que ratifica su versión, apaga los rescoldos de toda voluntad crítica y tira para adelante hacia el abismo.

Quizás por eso sea mejor retomar lo de las redes como quien sale al bar a tomar una copa. Olvidándose de la parroquia bravucona que arregla el mundo y centrándose en libros, en literatura, en almas de otra pasta, en espíritus trémulos pero tangibles al fin y al cabo, como humanos cultivados en su verdad y en la coexistencia de su contraria.

Porque la literatura y su capacidad empática es mucha veces eso, rendir cuentas ante nuevas evidencias y argumentos, redescubrir cosas y saborear derrotas con la felicidad de quien echa un gran trago como si fuera por primera vez.

«Hablar de libros en Twitter es como hacerlo con los amigos en la barra de un bar -dice Arturo Pérez-Reverte-. Si conversar sobre libros siempre es un acto de felicidad, que una red social sirva para esto la hace especialmente valiosa. Ahí vuelco con naturalidad toda una vida de lectura, y ahí comparto, con la misma naturalidad, la vida de lectura de mis lectores. Y el lector es un amigo.»

Arturo Pérez-Reverte cumple diez años en Twitter. Son muchos los temas de los que ha hablado en esta red en este período, pero los libros ocupan un lugar protagónico. Entre febrero de 2010 y marzo de 2020, ha escrito más 45.000 mensajes, muchos de ellos sobre literatura, tanto la suya propia como aquella que estaba leyendo o la que le ha marcado a través de los años como escritor.

Estos mensajes conforman los encuentros virtuales con sus seguidores en el mítico bar de Lola y se suceden periódicamente desde ese lejano día en que se adentró en esta «cueva del cíclope», como él mismo dio en llamar a la red social.

Entre los muchos aspectos relacionados con la literatura, los tuiteros le han preguntado por su próxima novela o por su proceso de escritura, y le han pedido recomendaciones de lectura.

Este libro reúne, gracias a la labor compiladora de Rogorn Moradan, todas estas conversaciones directas y sin intermediarios que ha mantenido Arturo Pérez-Reverte con sus lectores. Frente al carácter inmediato y efímero de los comentarios en esta red, hay algunas cuentas que, como dice Rogorn, «contienen pepitas de oro que merece la pena preservar». La de Arturo Pérez-Reverte es una de ellas.

La cueva del cíclope
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Linea de fuego

Para un escritor de ficciones históricas, donde pese más la ficción que lo divulgativo de la historia, resulta imposible abstraerse a las guerras civiles como escenario y argumento. Porque en ese museo de los horrores que es todo enfrentamiento fraticida, acaba por emerger las intrahistorias más trascedentes, los destellos de humanidad más brutales entre la inmundicia de lo bélico.

Desde Hemingway hasta Javier Cercas, muchos han sido los autores que abordaron sus novelas en torno a la España en rojo y azul como un siniestro juego de poder. Ahora le toca a Arturo Pérez Reverte transitar ese tiempo hecho santuario plagado de víctimas y mártires, de héroes y heroínas. Solo nos queda sumergirnos en una oscura noche en la que comienza todo…

En la noche del 24 al 25 de julio de 1938, durante la batalla del Ebro, 2.890 hombres y 14 mujeres de la XI Brigada Mixta del ejército de la República cruzan el río para establecer la cabeza de puente de Castellets del Segre, donde combatirán durante diez días. Sin embargo, ni Castellets, ni la XI Brigada, ni las tropas que se le enfrentan en Línea de fuego existieron nunca.

Las unidades militares, los lugares y los personajes que en esta novela aparecen son ficticios, aunque no lo sean los hechos ni los nombres reales en que se inspiran. Fue exactamente así como padres, abuelos y familiares de numerosos españoles de hoy combatieron en ambos bandos durante aquellos días y aquellos trágicos años.

La batalla del Ebro fue la más dura y sangrienta de cuantas se han librado en nuestro suelo, y sobre ella hay abundante documentación, partes de guerra y testimonios personales.

Con todo eso, combinando rigor e invención, el autor más leído de la literatura española actual ha construido, no ya una novela sobre la Guerra Civil, sino una formidable novela de hombres y mujeres en cualquier guerra: un relato ecuánime y fascinante donde se recupera la memoria de nuestros padres y abuelos, que es también nuestra propia historia.

Con Línea de fuego, Arturo Pérez-Reverte sitúa con sobrecogedor realismo al lector entre quienes, voluntarios o a la fuerza, estuvieron no en la retaguardia, sino peleando en ambos bandos en los frentes de batalla. En España se han escrito muchas y excelentes novelas sobre esa contienda desde distintas posiciones ideológicas, pero ninguna como ésta. Nunca antes la Guerra Civil se había contado así.

Línea de fuego
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2 comentarios

  1. Respetuosos saludos de un forofo de su obra, de usted y de sus conocidos Eslava y Becerra. Desde Sevilla con admiración, don Arturo, su asiduo lector Juan Benítez.

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