Las 3 mejores películas de Luis Tosar

Hay actores perfectos para según qué generos. Lo de Luis Tosar y el suspense en su sentido más amplio es uno de los encuentros más felices de la cinematografía española. Y es que este actor gallego puede encarnar el mal en cualquiera de sus representaciones; o en la vertiente contraria, enfrentarse a lo más ominoso como el más digno héroe cotidiano. Siempre con esa sensación de personajes heridos, cargados de culpas, asomados a abismos o enfrentados a particulares demonios…

El físico ayuda, cómo no. Porque su apariencia invita a etiquetados vinculados con ese punto oscuro. Pero más allá de primeras impresiones, Tosar despunta sobremanera en su saber llevar al extremo cualquier interpretación que se le ponga por delante.

Más allá de reconocimientos generales y baños de popularidad que en su caso seguramente alcanzaron cumbre con Celda 211, un buen actor como él viene ya enseñado de mucho antes. Una carrera interpretativa plagada de aciertos que no pueden deberse sino a esa capacidad para hacer suyos todos y cada uno de los personajes interpretados. Porque no es nada fácil convencernos en cada nueva película de que ya no es elpersonaje anterior. Y Tosar lo consigue desde la primera escena.

Top 3 películas recomendadas de Luis Tosar

Mientras duermes

Me flipó esta película con un toque al más inquietante Hitchcock. Una ingeniosa producción en la que se descubre que con talento poco más hace falta para abordar un argumento hecho tensión permanente. Claro está que contar con la perturbadora actuación de Tosar el asunto parece más fácil.

Él es César un «amable» portero que se desvive por los habitantes de la comunidad en la que presta sus servicios. Claro está que su desempeño está muy en tela de juicio por parte del gestor de la empresa que presta tales servicios. Una arista más que oscurece la personalidad de César hasta límites insospechados.

Por momentos puede hasta despertar cierta comicidad su relación con la abuelita que vive en uno de los pisos. Porque la pobre, con su espíritu afable poco puede imaginar el monstruo que alberga a César…

Pero centrándonos en la esencia de la peli, su relación con Clara pronto apunta a enfermiza obsesión, a animadversión y frustración. Porque en ella ve César algo así como su felicidad imposible. Él seguramente quisiera cortejarla, aunque nunca manifiesta este extremo. Pero lo que finalmente hace es entrometerse en su vida hasta límites verdaderamente desquiciantes.

La buena de Clara no puede sospechar lo que César trama. Y el espectador queda boquiabierto con el perverso plan que César va ejecutando. Al final, como no podía ser de otro modo, todo apunta a un desenlace fatal. La cuestión es que incluso es muchísimo peor de lo que podríamos imaginar…

Quien a hierro mata

Hay algo de justicia poética a descubrir en la trama. Mario es un enfermero bondadoso que se desvive por los pacientes de la clínica donde trabaja. Está a la espera de su primer hijo y su relación con su pareja transcurre con normalidad, en esa apacible antesala de la paternidad.

Hasta que llega al hospital un residente muy especial. Se trata del patriarca de una familia de narcos. El mismo que desde hace muchos años pudiera el responsable de las muertes de tantos jóvenes asomados a la drogadicción. Y claro, Mario ofrece ciertas reticencias a prestar su servicio para tan infame personaje.

Solo que los hijos del mafioso están muy encima del viejo. Porque de él esperan extender el negocio de las drogas saltándose sus pautas y normas fijadas en última instancia ante la pasividad para nuevas instrucciones.

El «pobre» hombre va perdiendo facultades conforme avanza la película. Y es que Mario quizás no le esté procurando los mejores cuidados. Algo inquietante surge en esa relación entre paciente y enfermero. Mario poco a poco se va oscureciendo, como sumiéndose en remotas tempestades. Incluso su mujer embarazada nota en él ese carácter sumido de repente como en viejas brumas de la costa gallega.

Nada puede salir bien de esa relación entre ambos personajes. El capo y el enfermero. Los ecos de la venganza apuntan a desenlaces fatales. Al final la sensación de que la violencia solo trae más violencia y que la justicia en ocasiones es demasiado huidiza de si misma como para castigar a tiempo a quien debiera haber castigado.

Celda 211

Yo también descubrí a Luis Tosar con esta interpretación que, aún posterior a su gran éxito de crítica general con «Te doy mis ojos», supuso ese mayor alcance como una película de entretenimiento. Ni mejor ni peor, simplemente digo que tuvo mayor alcance entre aficionados al cine en general.

Y es que la encerrona en la cárcel donde Luis Tosar hace del inolvidable «Malamadre» nos acerca a un mundo de las prisiones convertido en infierno desde un motín que incluso entronca con las particularidades más patrias de los presos de ETA.

Un desarrollo de máxima tensión donde Malamadre (Tosar) comparte protagonismo con Juan (interpretado por Alberto Ammann). Juan juega a dos bandas haciéndose pasar por un preso más cuando realmente es un funcionario perdido en mitad del conflicto.

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