3 mejores libros de Mario Mendoza

La pléyade actual de escritores colombianos es una de las más profusas y reconocidas en lengua española. Podría vincularse el asunto al éxito mundial de un Gabriel García Márquez que sirviera como acicate para nuevas generaciones de narradores. Pero al final lo de escribir es más cosa de aparición expontánea, de coincidencias temporales entre almas inquietas con ganas de contar historias.

Y así encontramos plumas renovadas y renovadoras que pasan por las manos de William Ospina, Fernando Vallejo, Juan Gabriel Vásquez, Jorge Franco o Laura Restrepo. Hasta llegar también a un Mario Mendoza enfocado en su particular narrativa urbanita que deriva en un lienzo que mezcla ciudad y sus almas.

Concretamente Bogotá y sus gentes como principal fondo narrativo desde cuya localización y composición se acaba arribando al puerto de lo humanístico, lo sociológico y hasta lo antropológico que las buenas novelas transmiten con el empeño creativo de un autor como Mendoza.

Pero no es que Mendoza sea un escritor focalizado en ese realismo hecho casi crónica de un lugar y un tiempo. Al final Bogotá es casi siempre el escenario solo que adaptado al género que toque. Porque en la variabilidad está el gusto y más aún el ingenio. Novelas negras, misterios, aventuras con trasfondo. Mendoza es un poco de todo y de todo bueno.

Top 3 novelas recomendadas de Mario Mendoza

Satanás

Sin duda Campo Elías Delgado padecería de la Thousand-yard stare, esa mirada de los mil metros, la que atraviesa el mundo real para alcanzar el oscuro espacio donde se perdió su mirada real. Allí entre el rojo de la sangre del combate, deslumbrada por los destellos de las armas en fuego y aterrorizada por la vision de los muertos por todas partes.

Tan siniestro como literariamente plausible para adentrarnos en los abismos humanos, o más bien deshumanizados. Nadie llamaba a Campo Elías Delgado en la guerra de Vietnam y nadie tampoco debió hablarle sobre cómo usar su arma alejado ya del frente. Pero precisamente esa mirada perdida va siempre acompañada de la voz que da cauce a la locura.

La cuestión es en esta novela cambiar el foco, trazar los caminos previos y posteriores al desastre. Las consecuencias de la peor de las casualidades que nos conducen al adelanto de nuestra sentencia vital con todo sin cerrar.

Una mujer hermosa e ingenua que roba con destreza a altos ejecutivos, un pintor habitado por fuerzas misteriosas y un sacerdote que se enfrenta a un caso de posesión demoníaca en La Candelaria.

Historias que, como digo, se tejen en torno a la de Campo Elías, héroe de guerra, quien inicia su particular descenso a los infiernos obsesionado por la dualidad entre el bien y el mal, entre Jekyll y Hyde, y se convertirá en un ángel exterminador.

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Akelarre

Con el protagonismo estelar de Frank Molina que hasta ese momento había sido más un recurso de peso en sus tramas, el autor nos presentó una de sus novelas más curradas.

Muchos otros autores combinan “tardes de gloria” de sus investigadores o policías fetiche con oscuros momentos, componiendo distintas tramas cargadas a las espaldas del prota de turno. Mendoza ha querido darles los mandos de su propia novela a Frank Molina en el peor de sus momentos. Un mal padre-escritor que se encuentra a un mal hijo-personaje díscolo con su destino narrativo.

A Frank Molina, borracho, marihuanero y paciente psiquiátrico, lo alcanza su pasado con una cuenta de cobro cuando la policía lo llama para que los asesore con unos extraños asesinatos que tuvieron lugar en el barrio Santa Fe.

Un imitador de Jack el Destripador está inmerso en una auténtica orgía de sangre y mata prostitutas sin contemplación. Mientras Molina sigue pistas de un extremo a otro de la capital para dar con el criminal, sus pasos se cruzan con los de su mentor, un sacerdote atormentado por los secretos que esconde de su juventud. Y al fondo de este cuadro gótico de la ciudad contemporánea, una joven pintora descubre que no es una artista, sino una hechicera que atesora poderes ancestrales.

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Diario del fin del mundo

Una de esas novelas metaliterarias en su noción más esencial de los motivos del escritor, de su naturaleza entregada a transmitir una visión del mundo que otros adoptarán después en su imaginario rehaciéndolo todo mágicamente.

El escritor Mario Mendoza recibe un mensaje de un viejo amigo de universidad: Daniel Klein. Entre ambos evocarán una juventud impetuosa en la cual compartieron el amor de una misma mujer:

Carmen Andreu. La inusual vida de Carmen, su adicción a las drogas, su estadía en una secta religiosa, su nomadismo como fotógrafa de paisajes desérticos, sus secretos trabajos como modelo de películas porno, serán tanto para Daniel como para Mario muy difíciles de asimilar.

En algún momento de la narración, Daniel le pide a Mario que lo ayude a ir tras las huellas de su padre, un alemán que ha vivido camuflado en Bogotá intentando no llamar la atención. Las investigaciones los conducirán a ambos a un pasado siniestro e infernal:

torturas, genocidios, rituales religiosos de traslación de niveles de energía, macabros experimentos en medio de la guerra.

Finalmente, el detective Frank Molina, que viene de novelas como Lady Masacre y La melancolía de los feos, encontrará, después de seguirlo durante varios días por el centro de Bogotá, en un callejón escondido, a esta especie de vampiro perverso y criminal.

Unas anotaciones apocalípticas en una libreta cierran esta novela que pretende descifrar nuestra época y anticipar el temible tiempo que se nos avecina.

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