3 mejores libros de Juan Carlos Onetti

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1909 – 1994

Juan Carlos Onetti, junto a Mario Benedetti y Eduardo Galeano, componen un triunvirato literario desde su común Uruguay hasta el olimpo de las letras en castellano. Porque entre los tres lo abarcan todo, cualquier género en prosa, verso o sobre las tablas.

Si bien cada cual ofrece esa particular impronta e inquietud narrativa (más allá de las etiquetas de turno que se alimentan de las mas someras coincidencias de espacio o tiempo para tratar de unificar o uniformar), también es cierto que las circunstancias compartidas de un siglo XX sometido aquí y allá a vaivenes políticos y económicos de todo signo en un mundo que apuntaba a la globalización y a la réplica generalizada de toda crisis, sirvió en ocasiones para una natural sintonía temática.

El milagro uruguayo que hizo que el país de estos tres genios se erigiera como el más próspero hasta mediados de siglo XX, empezó a resentirse con la crisis del 29 y terminó por venirse abajo con las dos guerras mundiales posteriores.

La dictadura militar de los años 70 encontró en estos tres autores a tres grandes voces críticas, censurados en multitud de ocasiones y exiliados como única opción. Notas vitales compartidas que reflejan en sus libros las dispares impresiones de sus grandes dotes creativas hacia la crítica y el desarraigo.

Pero Onetti apunta a cierta excepcionalidad casuística. Porque él fue mucho más prolífico antes incluso del golpe de estado de Boldaberry. Es desde 1939 hasta esos años 70 el periodo en el que Onetti consiguió escribir sus obras más intensas, con ese brillo existencialista entre fascinantes alegorías desde su ciudad inventanda, Santa María, a donde llegan personajes desde otros espacios bien reales, en un juego de espejos que pocos autores volverían a repetir con similar maestría.

3 mejores libros de Juan Carlos Onetti:

  1. La vida breve: Todos los lectores de Onetti asumen la grandeza de la obra maestra, de ese cielo rozado por el contador de historias. Aunque no me guste generalizar, creo que no me equivoco al apuntar a ese nivel ya no alcanzado en obras anteriores o posteriores. Juan María Brausen y Stein se enfrentan a la encomienda de cerrar un guión de cine. La historia encargada va a transcurrir en Santa María. Y allí Juan María va ubicando a los personajes que han de cobrar vida para finalmente ir trazando el nudo de su historia. Y poco a poco Brausen va incorporando la narración a su vida mientras que proyecta su vida a la narración. La bipolaridad del escritor hecha escenario complejo y completo. La excusa de Santa María para esconder entre sus calles inventadas las culpas, desamores y temores. Personajes que parecen disponer de las llaves que abren las puertas a la realidad de Brausen y un Brausen que extiende sus sueños y el imaginario volcado en el guión para llegar a habitar escenarios y vidas, como ese viejo sueño de ver por los demás de vivir y disfrutar la felicidad de los demás, aparcando los asuntos propios en una realidad tornada ficción.
  2. El astillero: Cuando hablas con alguien sobre Onetti, y pese a lo indicado antes sobre la más que posible creación maestra, muchos otros lectores citan en primer lugar esta otra novela. Será cosa de sus escenarios más asumibles para nuestro mundo gris. En cierta forma parece desesperante viajar a un lugar de ficción como Santa María, que podía brillar entre opulencia o felicidad para acabar descubriendo la misma tristeza. Pero es que, como muchos autores comentan en ocasiones, la tristeza es la mayor fuente de inspiración. La decadencia y la nostalgia te mantienen en frenesí creativo mientras no te hundan. Y Onetti era un maestro en ese encuentro de una ficción mimetizada de las sensaciones más tristes de nuestro mundo. Personajes movidos por una inercia improductiva en un mundo desgastado. Astilleros con ecos de prosperidad que atraviesan conciencias sumidas en la derrota.
  3. Los adioses: Una vez descubierto Onetti, merece la pena detenerse en esta novela corta que tiene algo de declaración de toda verdad, de testimonio descarnado del autor. El propio Onetti calificó esta obra como su favorita incluso, en alguna ocasión. Por algo será. La cuestión es que el protagonista de la historia podría ser el propio Onetti, disfrazado en una antigua estrella del deporte llegado a un pueblo de montaña famoso por sus cualidades curativas de tuberculosis. Su particular figura, presencia y su extraño comportamiento llama pronto la atención de la persona encargada del correo para el pueblo. Para más inri, al tipo protagonista le llegan extrañas cartas que, al paso por las manos del particular cartero del pueblo, van escribiendo en su imaginación la posible historia más honda de un personaje refugiado finalmente en ese tranquilo valle. La brevedad de esta novela, su tempo apaciguado sin embargo y la noción del cartero que transforma la existencia de todo a su alrededor compone un mosaico fatalista sobre el retiro del protagonista y el estancamiento de la vida al pie de las montañas.

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