3 mejores libros de Mario Levrero

Levrero es uno de esos escritores surgidos en generación expontánea, como por accidente, de pura casualidad. Un hombre orquesta de lo creativo que tan pronto se ponia con una novela o un cuento con una improvisación rayana con el surrealismo. El eterno enfant terrible de una literatura uruguaya donde asoma como antítesis y a la vez complemento de otros grandes autores como Onetti, Benedetti o Galeano.

Pero los genios son así. Aún si domesticar, con el oficio tomado con mayor dosis de improvisación que de dedicación y trasegando entre géneros más considerados como vástagos que como legítimos hijos de la literatura más excelsa, aún con todo ello Levrero es uno de los grandes.

Porque en última instancia, más allá de los argumentos de turno que podían coquetear hasta con la ciencia ficción, la rabiosa e intempestiva caracterización de sus personajes acaban por dotarlos de una vida al extremo, donde solo llega la locura, la lucidez, la excentricidad y las verdades más crudas.

Top 3 novelas recomendadas de Mario Levrero

La novela luminosa

Supongo que nunca se puede saber del todo. Pero parece que acercarse al fin, si aún te mantiene lúcido puede transformarse en una cuenta atrás demasiado amarga. De ahí que el cuerpo vaya apagando sus luces y hasta las células se vayan oscureciendo en su necrosis final. La conciencia no deja de sucumbir del mismo modo.

Justo antes de la decadencia, Levrero escribió este libro maravilloso, frente a frente a la luz previa, cegadora antes del apagón, esclarecedora desde el blanco nuclear que no deja lugar a sombra o duda alguna…

El miedo a la muerte, el amor, la pérdida del amor, la vejez, la poesía y la naturaleza de la ficción, las experiencias luminosas e inenarrables: todo cabe en esta monumental obra.

En su obra póstuma, el excepcional novelista uruguayo Mario Levrero se entregó a la tarea de escribir una novela en la que fuera capaz de narrar ciertas experiencias extraordinarias, que él denominaba «luminosas», sin que perdieran tal cualidad.

Una tarea imposible, según confiesa más adelante, pero en la que se embarca con el «Diario de la beca». En cada una de las entradas de este diario, que recorre un año de su vida, el autor nos habla de sí mismo, de sus manías, de su agorafobia, de sus trastornos del sueño, de su adicción a los ordenadores, de su hipocondría y del significado de sus sueños.

Capítulo aparte merecen sus mujeres, en particular Chl, que lo alimenta y lo acompaña en sus escasos paseos por Montevideo en busca de libros de Rosa Chacel y de las novelas policíacas que lee compulsivamente.

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El discurso vacío

Mucho se ha escrito sobre el hecho de escribir, sobre el oficio de escritor, sobre la soledad bipolar del creador acompañado por sus personajes como fantasmas flotando en otra dimensión próxima a los impulsos que mueven los dedos que teclean la trama. (Para mí, el mejor libro al respecto es “Mientras escribo“, de Stephen King).

La cuestión siempre fue empezar. Dejar fluir un pequeño trazo de vida, un futurible, una posible trama que en realidad ya está hecha desde el momento en que se pone la primera letra. Algo así le pasa al protagonista de esta historia, dispuesto a dar buena cuenta de todo cuando menos lo esperaba, sumido en la inercia de un ejercicio caligráfico para acabar derribando el muro que le impedía escribir de verdad…

Ese escritor inicia un cuaderno con ejercicios para mejorar su caligrafía en el convencimiento de que, al mejorarla, lo hará también su carácter. Lo que pretende ser un mero ejercicio físico se irá llenando, de modo involuntario, de reflexiones y anécdotas sobre el vivir, la convivencia, la escritura, el sentido o no-sentido de la existencia.

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Trilogía involuntaria

Nada de involuntario en el posible nexo de unión de las primeras obras de Levrero. En el fondo la literatura siempre tiene su plan maestro, su significado, su ajuste sobre lo vivido. Las primeras historias de Levrero apuntan a escenarios imposibles por donde se mueven personajes naturalmente fuera de sitio, dispuestos a replantearse el nuevo mundo en el que les tocó ubicarse por obra y gracia de una pluma distinta a las habituales.

La ciudad, El lugar y París son las tres primeras novelas de Mario Levrero. Publicadas entre 1970 y 1982, componen lo que él llamó «Trilogía involuntaria», pues comparten, sin deberse a un plan inicial, cierta unidad temática e incluso topológica.

Los personajes de La ciudad, El lugar y París pueblan escenarios sembrados de lastre y dilación, en los que el sueño da paso a la amenaza y lo fantástico aparece entre las ruinas de lo real. Reunidas por primera vez en un volumen único, estas nouvelles ocupan un lugar central en la obra de este maestro secreto.

La escritura de Levrero, articulada entre el humor y el desasosiego, se concreta en una prosa limpia, fondeada en lo psicológico, que retrata con asombrosa vivacidad el aislamiento y la alienación del hombre moderno. Mario Levrero, rara avis de la literatura hispanoamericana, ha sido comparado con Kafka y Onetti, y venerado por sucesivas generaciones de escritores desde hace más de treinta años.

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