Los 3 mejores libros de César Pérez Gellida

La imaginación al servicio del crimen. No trato de describir a un asesino creativo sino al escritor capaz de hacer de lo criminal ese argumento sugerente, entre lo morboso y lo inquietante. Y es ahi donde la imaginación cobra su especial relevancia, junto con el oficio del autor de turno.

Se trata también de reconocer que en géneros tan prolíficos de hoy en día como son el negro, el suspense o el misterio, solo autores con una gran imaginacion son capaces de ofrecer una obra netamente identificable, de sello e impronta inconfundible.

César Pérez Gellida tiene esa vitola, la marca de autor perfectamente trabajada y reconocible ya desde los títulos de sus novelas. En España hay muchos autores destacados de novela negra.

Lo que iniciaran Vázquez Montalbán o González Ledesma se fue transformando en la obra de nuevos escritores como Dolores Redondo y su tensión narrativa, Víctor del Árbol con su profundidad en los personajes.

Hasta llegar a Pérez Gellida y su magistral dominio de la creatividad hacia los escenarios y los giros más inesperados que hacen de su narrativa una obra siempre recomendable para sorprender.

Cuando citamos sus trilogías: “Versos, canciones y trocitos de carne” o “Refranes, canciones y rastros de sangre” la simple denominación de la obra trasciende a ese espacio actual del género negro, en el que se juega con las apariencias sospechosas, con las metáforas siniestras y las hipérboles criminales, con la cotidianeidad o lo excepcional de escenarios futuros, con los espejos deformantes del mal nacidos desde la deshumanización o el peso de las circunstancias que perturban el alma de sus personajes.

Top 3 novelas recomendadas de César Pérez Gellida

Astillas en la piel

Sin duda el pasado puede ser como esa astilla en la piel apenas apreciable por momentos pero desencadenante de dolor al roce. Intentas retirarla pero no puedes, y sangras… Lo dejas por imposible pero ya has urgado en el espacio de ese elemento extraño, esa astilla ocupada en procurarte dolor desde su escondite en tu dermis…

Dos amigos de la niñez con una deuda pendiente. Un forzado reencuentro en la amurallada localidad vallisoletana de Urueña. Álvaro, un exitoso escritor, y Mateo, un crucigramista en números rojos, acabarán atrapados en el caótico trazado medieval de la villa y bajo una impenitente cencellada. Ambos serán parte de un macabro juego en el que la sed de venganza los llevará a tomar decisiones que condicionarán sus vidas en el caso en el que alguno logre superar la jornada.

Astillas en la piel es un absorbente thriller psicológico en el que se confirma que César Pérez Gellida es el auténtico mago del engaño de nuestras letras. Una novela con una trama adictiva y asfixiante al más puro estilo cinematográfico y al servicio de la literatura de calidad.

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Memento mori

En ocasiones la primera novela de un autor es esa gran obra que ha ido macerando al ritmo libre del escritor que se empieza a descubrir a sí mismo. Y en muchas de esas ocasiones esa libertad, ese tiempo entregado a la obra por el gusto de escribir, acaba transmitiendo un relato potente e inolvidable.

Una novela centrada en la propia ciudad del autor, Valladolid. Todo ocurre en un tiempo actual, cuando sucede un macabro asesinato teatralizado con la ostentosidad de la muerte, con la innegable recreación de la psicopatía concebida por la mente que la padece como una oda al arte de dar muerte.

El asesino es un tipo narcisista que, de alguna forma, se considera muy por encima de la gente. Él es un tipo refinado, culto, y tal como avanza el mundo en su deriva irrefrenable, considera que debe entrar en acción para manifestar su don para el arte y la difusión de sus ideas megalómanas. Así comenzó la primera trilogía de un autor que ya no dejó de sorprendernos…

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Todo lo peor

En César Pérez Gellida todo adquiere ese punto cinematográfico, esa acción trepidante que convierte sus thrillers en incontenibles olas racheadas de tensión lectora. Así que cada nueva trama acaba siendo devorada por los lectores con el mismo ritmo vertiginoso de sus propuestas narrativas.

Más aún en esta evidente secuela de “Todo lo mejor”, con su ambientación tétrica en medio de una guerra fría en la que lo abominable siempre tiene cabida en submundos como el del espionaje.

Nuestro reencuentro con Viktor Lavrov retoma nuevos bríos de inmediato, en cuanto unos asesinatos en cadena acaban sumando a un importante agente de la eufemística Alemania Democrática que, en las décadas previas a la caída del muro, seguía sus designios en sintonía con el socialismo del Este.

En principio el criminal solo parecía ser un homófobo que liquidaba homosexuales con macabra fruición. Hasta que las muertes empiezan a apuntar a meras excusas para tapar algún otro fin más político…

Bajo esos condicionantes ambivalentes que facilita el escenario de una guerra fría en sus últimos estertores, Viktor se mueve una vez más entre lo criminal y lo político.

Y cada paso que da en una investigación compartida con Otto Bauer, sabueso heredero de la Kripo nazi, apuntará a ese peligro inminente que amenaza con desbordar por la parte de la vida en riesgo de los investigadores o por la vertiente geopolitica de la inminente guerra real soterrada entre gélidos escenarios de aquellos días.

La determinación de la sexualidad de las víctimas también sirve al autor para ubicarnos en un pasado no tan lejano en el que la estricta moral importada de lo religioso hasta las entrañas de lo político, se extendía como un cáncer por todo espacio social, como una extraña inquisición del siglo XX.

Nada mejor para un psicópata que un escenario de moral única. Donde él se pueda aferrar para reconducir lo que a su entender se desvía del orden debido. La animadversión del asesino sobre sus víctimas por un lado y el fín último de su cadena de crímenes por otro. Viktor y Otto se enfrentan a la difícil misión de engarzarlo todo para acabar trazando ese sinuoso camino hacia la mente del criminal. Un laberinto en el que, aún encontrando la salida y deteniendo al demente, cualquiera puede acabar perdiendo la razón, o peor la vida.

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Otros libros de César Pérez Gellida…

Todo lo mejor

¿Os acordáis de la guerra fría? Sin duda un periodo histórico de brillante metáfora para definir un estado de conflicto congelado, tan solo a la espera de ganar temperatura para acabar estallando sobre el mundo entero.

La carrera espacial, la carrera armamentística, el espionaje. Extraños tiempos aquellos, con un pico de intensidad entre los 50 y los 60 que amenazaban la civilización porque todo apuntaba al enfrentamiento final. Y ahí es donde nos lleva Pérez Gellida en esta novela, con un innegable puntazo a lo John le Carré.

Nos adentramos en la personalidad de Viktor Lavrov, agente de la KGB, de ese lado malo malísimo que nos vendían desde Estados Unidos. el joven agente recibe una misión de enjundia en la que debe hacer notar sus dotes para tirar del hilo en cualquier crimen que apunte a espionaje o a investigaciones secretas.

En su encomienda, Viktor tendrá que interaccionar con la policía criminal de la Alemania del Este. Y es así como conocerá de un atroz caso de asesinatos encadenados en los que las víctimas son una niñas inocentes. Es en esos momentos en los que lo humano acaba floreciendo por encima de cualquier profesionalidad.

Y es así como Viktor acabará involucrándose en la resolución del siniestro caso de las chicas, cuya repercusión será mucho mayor de lo que jamás pudo haber imaginado…

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Konets

En ocasiones una secuela acaba por abordar aspectos que, para aquel que ha quedado fascinado con el conjunto de la obra, (en este caso la unión entre las dos trilogías del autor), complementan de manera fascinante engranajes que acaban por motivarlo todo.Olek es nuevamente el protagonista de esta entrega.

En torno a sus particulares circunstancias se perfila una historia de ida y vuelta entre los motivos para el mal y las consecuencias de su conocimiento.

El autor ha creado una especie de síntesis en esta nueva obra que de momento cierra un vasto universo que ha dado para dos trilogías, la secuela Khimera y el propio libro que nos atañe aquí.La novela negra actual tiende en ocasiones a la frivolización del mal, a la capacidad de perversión del ser humano, a la liberación de todo filtro moral.

Ante semejante escenario, al lector se le abre un espacio para la implicación ética en una frontera donde lo correcto y lo ominoso parecen una extraña báscula vencida alternativamente de un lado o del otro.Las circunstancias mandan.

Lo que Olek fue determina lo que puede llegar a ser. Lo que Olek desconoce de su pasado puede ser un legado marcado en sus genes. El conocimiento puede ser una nueva fuente hacia la autoconfirmación.

En la novela anterior Khimera, descubrimos al joven Olek, pero desconocimos el porqué su naturaleza tuvo una derivación hacia ese mal acuñado en su alma. En esta ocasión descubrimos la perspectiva completa. La adolescencia es la edad idónea para manifestar el encaje de la personalidad en el mundo.

Un momento trascendental, a medio camino entre el aprendizaje y las pulsiones…Y con el paso de los años, cuando en ocasiones no terminas de reconocer al humano en proyecto que fuistes, puedes buscar justificaciones o seguir dejando esa semilla crecer, en cualquiera de las ramificaciones a las que te conduzca.

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