Las 3 mejores películas de Martin Scorsese

Si Tim Burton encuentra en Johnny Deep a su actor fetiche, Scorsese tiene a Leonardo DiCaprio como la niña de sus ojos para que escenifique como ningún otro podría los contrastes de sus personajes ambivalentes. Un tandem Scorsese DiCaprio que siempre augura peliculones inolvidables.

El toque Scorsese, el aspecto más diferenciador de este director, es ese rápido descenso a los avernos de lo inmoral. Un viaje en picado desde las apariencias, donde incluso la religión se configura como la tapadera, hasta infiernos insondables de nuestros días. La hondura de los personajes de Scorsese nos adentran en las esencias estructurales del hampa o en la locura, en las obsesiones desatadas.

Violencia capaz de erigirse como fundamento vital pero hábilmente camuflada entre lo cotidiano. Máxima tensión desde la intuición de que en cualquier momento todo puede desatarse como un huracán. Decadencia corrompiendo valores pero capaz de interiorizarse como el mal menor o justicia maquiavélica. En ocasiones el resultado final es una lectura positiva, en el sentido de que esta querencia por la perdición jamás es solución para ningún problema de los acucian a tan dispares personajes y tan variables circunstancias.

El lobo de Wall Street

Hay una escena que pone la piel de gallina. Por un lado te ríes, por otro te asomas a una visión ominosa de los grandes despachos donde se decide dónde va el dinero y por tanto cómo se mueve el mundo. Se trata del momento en el que director general y resto de altos cargos de la empresa de inversiones debaten en sesión plenaria cómo hacer para llevar a los enanos que dispararán contra la diana en la siguiente fiesta de excesos de todo tipo.

Una extraña afectación con la que cada cual expone su plan para conseguir enanos que arrojar contra la diana. Un planteamiento delirante que nos acerca, desde el espejo deformante de la escena, a la idea de una pandilla de dementes ludópatas y especuladores decidiendo sobre el devenir social con sus inversiones y sus apuestas…

Es solo un detalle. El resto de la película es una trepidante aventura hacia la cúspide de Wall Street. Conforme el dinero va entrando DiCaprio y sus compañeros se van oscureciendo y entregando a todo tipo de vicios. Excesos químicos, sexuales y por supuesto la mancha que se va extendiendo para hacer de sus vidas ese vacío bajo los pies que de repente aparece para propiciar la caída.

Shutter Island

Otra fascinante cinta en la que DiCaprio alcanza niveles de interpretación tragicómica de repercusión sísmica para el alma. La investigación encargada a Edward Daniels (DiCaprio) lo lleva a un psiquiátrico donde ha desaparecido una mujer en extrañas circunstancias. Entre las escenas finales Edward apunta a una visión de la locura increiblemente inquietante. La realidad y la ficción como espacios donde vivir según más convenga para sobrevivir a los infortunios que pueden ocurrir. El mero hecho de habitar nuestro mundo dependiente de la entera subjetividad nos empapa de esa intención por desvelar que nada es más cierto que lo que acabemos imaginando.

Una escenografía aterradora con la ubicación del psiquiatrico entre desfiladores y acantilados que apuntan a las escarpadas situaciones que les toca vivir a los protagonistas de esta historia. Una investigación magnética en torno a la mujer extraviada que nos asoma a una noción onírica que busca alguna clase de depuración psíquica. Más una ambientación oscura, tormentosa en lo climático y paralelamente angustiosa conforme los escasos claros de luz se van abriendo para apuntar a la verdad que jamás se buscaba en la investigación.

Taxi Driver

Hubo un tiempo en el que Robert de Niro caracterizaba esa dualidad con la que Scorsese tanto disfruta para despertarnos una tensión casi existencial. Un rostro amigable que se tornaba oscuro sin necesidad de otros efectos que el giro en la mirada del bueno de de Niro.

Hay algo de desquiciante tensión en la empatía con el psicópata de turno. Porque quizás la idea de Scorsese en esta peli sea eso, asemejarnos al demente. Pero también hay una idea que apunta a posibles reconciliaciones con el mundo toda vez que se pueda fijar un objetivo que salvar de la quema.

Iris, una niña prostituida es el único ancla de Travis Bickle (De Niro) para no entregarse por completo al abordaje de un mundo que todo le debe. En su condición de veterano de guerra Travis busca superar sus traumas, que solo podrían llevarlo hasta la autodestrucción, habitando entre las sombras de Nueva York desde su taxi. Solo ella aparece como objetivo hacia la pureza y la inocencia robadas. Travis se sabe perdido pero la juventud de Iris lo convence de que ella podría tener una oportunidad.

La parte de antihéroe de Travis es fácilmente asumible como enfrentamiento popular con la política. La parte de héroe asoma pese a sus crímenes en defensa de Iris. La suma es ese personaje en la cuerda floja de la moral, capaz de fijarse en el tiempo como un emblema entre lo antisistema y lo justiciero.

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