Las 3 mejores películas de Bruce Willis

De odiarlo a adorarlo. Algo así me pasó con un Bruce Willis que mientras lucía pelazo en aquella serie «Luz de luna» me resultaba cargante y tras su alopecia me ganó para su causa de interpretaciones cargadas de una suerte de violencia latente. Personajes pura acción o inmersos en la ciencia ficción sugerente. Este actor siempre se ajusta a la perfección a todo papel que requiera de ese plus de transformación.

Porque más allá de sus interpretaciones en varias entregas de «jungla de cristal» hay algo en las pelis de Willis que despiertan una sensación de desasosiego morboso. Será en parte por aquello de estar sentadito en tu sofá mientras a los personajes les pasan mil perrerías. Pero es que a Bruce Willis lo ubican siempre al borde del abismo para que acabe haciendo de sus muecas irónicas guiños a la vida salvaje, a las aventuras, a los hondos misterios y hasta a lo paranormal…

Porque así como para rodar pelis de acción otros actores como Brad Pitt o Tom Cruise aportan esa noción del galán atrapado por las circunstancias, Bruce Willis explora a niveles más profundos en cada interpretación gracias a su gesticulación y sus particulares maneras. Como del tipo que llega al último anillo de los infiernos para regresar magullado y no siempre victorioso…

Top 3 películas recomendadas de Bruce Willis

El sexto sentido

La mejor película en cuanto a su giro final. Todos recordamos al niño encamado hasta las orejas explicando que en ocasiones veía muertos. Sin duda un papelón para el chaval. Pero el protagonista elevado a la enésima potencia es Bruce Willis en su papel del psiquiatra Malcolm Crowe.

En el transcurso de la peli vamos viendo como el doctor se encarga de llevar el caso del zagal que dice ver muertos allá por donde va. En paralelo observamos una vida personal del psiquiatra que parece hacer aguas por todos lados. Su relación con su mujer es fría como el hielo, distante…

Pero es que cada cual tiene una misión en la vida. Y la del doctor Crowe es salvar personas que padecen de esa «conexión» con inframundos donde almas perdidas vagan solo visibles para sus pacientes. Así uno no puede atender otras parcelas más personales. Por eso su vida marital es una sombra de lo que es, entre ausencias, citas a las que llega tarde y una relación que sufre el desgaste que anticipa las propias miserias de Willis.

La relación entre Cole, el chico, con su médico se va extrechando más y más. El relato del niño se asemeja mucho a otro paciente que Crowe perdió del todo. Y no quiere que eso se repita. La implicación del psiquiatra acaba llevándolo a ese otro lado donde todo es posible. El bueno de Bruce Willis se encarga de que todo se desarrolle con la naturalidad de lo desconcertante…

12 monos

Brutal obra de ciencia ficción que estaba hecha para Bruce Willis en su papel de enviado al pasado para intentar apañar el futuro a su manera. Hasta el punto de que Brad Pitt, en su papelón de desquiciado niño de papá, complementa pero no limita su brillo como viajero del tiempo.

Una película que pese a su indudable naturaleza CiFi, con ascendencia postapocalíptica, nos proyecta desde un mundo muy reconocible. Porque ese pasado es nuestro tiempo. Introduciendo ese aspecto de síndrome de Casandra que sufre Willis, pero que realmente es un acceso entre planos para completar su misión, la aventura está asegurada y la tensión se manifiesta en cada escena.

La máquina del tiempo del futuro no siempre funciona muy bien. Y el pobre Willis va dando tumbos por diferentes épocas hasta centrar el tiro en días antes a la extensión de un virus por el mundo. Pero muchos de los matices del viaje de Willis se le escapan a él y a nosotros. Los organizadores de sus idas y venidas saben mucho más sobre la trascendencia de modificar el pasado que el mero hecho de los viajes suponen. Para ellos queda esa valiosa información que dispararía a todas las paradojas al respecto.

En sus tortuosos saltos entre el hoy más distópico y el ayer a punto de ser consumido por un virus, Bruce Willis lo hace todo creible, asumible, inquietantemente verosimil. Y luego queda la intrahistoria más próxima al personaje en sí. Porque Bruce Willis encontrará quien lo crea en el pasado. Y entonces la historia también irá de una posible oportunidad para su felicidad entre tanta tortura de idas y vueltas.

El protegido

¿Quién podía sobrevivir a un accidente catastrófico en un tren sin erigirse como un nuevo héroe popular? Pues Bruce Willis mimetizado en la piel de un tipo gris, frustrado, un loser que no por el descubrimiento de sus grandes virtudes dejará de serlo.

Solo que todo héroe tiene su villano conformado como implacable némesis. Que casi siempre está más cerca de lo que cree, acechando para despojar al héroe de sus poderes. Samuel L. Jackson es ese antihéroe que parece amigo. La cuestión es qué embocada le está preparando.

Mientras tanto disfrutamos con el descubrimiento del héroe que no buscaba serlo. Un tipo que piensa en sus poderes como castigo pero que la visión de su hijo parece darle una oportunidad para reconciliarse con el mundo. Ahí es donde el protagonista hace de la heroicidad esa supervivencia de todos, ese anhelo por dejar en hijos impronta y admiración a partes iguales. Así es como Willis decide tirar de poderes para hacer el bien en su medida, a su manera.

Al final, otro gran giro donde Willis encarna el desconcierto y la frustracción con soberana maestría. Como un Ulises que jamás puede regresar a casa…

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