3 mejores libros de JD Barker

Si mezclas en una composición de influencias oscuras aspectos del thriller psicológico, del misterio, del género criminal, del terror clásico, todo ello aderezado con unas gotas de fantástico encuentras a J.D. Barker como una buena síntesis.

Y es que este joven autor joven ha sabido hacer suyo ese crisol de posibilidades infinitas en el que los miedos, el morbo y la tensión atraen con su extraño magnetismo a lectores de toda condición.

Un escritor estadounidense, de la misma camada que Joe Hill (el hijo de Stephen King), que en última instancia se ha currado su éxito. Porque Barker es uno de esos escritores vocaciones que siempre ha desempeñado el oficio de narrador, ya sea en artículos de prensa, en la narrativa más breve, o en esos encargos oscuros en los que todo escritor que espera su momento se entrega a su función de mero ghost writer.

Pero el empecinamiento, el saber y buen hacer, suelen acabar dando frutos y Barker ya es uno de los más reconocidos autores de ese género que además acaba cristalizando en tramas muy cinematográficas reclamadas ya por las productoras punteras de la industria cinematográfica.

Una vez que llegó a España su atrevida incursión en la precuela del Drácula de Bram Stoker, sus otras novelas también empezaron a conocerse y publicarse a este lado del Atlántico (como en el resto del mundo, por supuesto).

Así que, si te gusta esa acción trepidante en los umbrales de lo oscuro. No puedes pasar la oportunidad de conocer a este nuevo gran valor.

Top 3 novelas recomendadas de J.D. Barker

La sexta trampa

No es lo mismo oportunismo que oportunidad. Y en este caso lo oportuno de las circunstancias actuales de nuestro mundo acompañan de miedo a esta nueva entrega que, habiendo leído lo anterior, acaba por alcanzar niveles de éxtasis de lo terrorífico.

Primero porque el género de terror actual encuentra en J.D. Barker a su predicador más eficiente. En segundo lugar porque bajo la primera apariencia de género negro, acabamos descubriendo un volumen hecho thriller de investigación en la que el investigado es el mismísimo diablo. Y finalmente porque ningún criminal conocido o imaginado se mostraba tan empeñado en hacer de su obra el legado del infierno en la Tierra.

Pero es que además las escalofriantes analogías con la actualidad sanitaria, entre virus y transformaciones sociológicas jamás vistas en nuestro mundo moderno, nos proyectan a ese espacio cada día más tangible de la distopía posible en la que el terror puede acabar gobernando, campando, haciéndose rutina…

Esperemos que no sea así en última instancia y solo se trate de la atávica mirada morbosa hacia el horror, como Edith convirtiéndose en sal por echar un último vistazo a la Sodoma aniquilada.

El libro arranca justo donde termina la anterior entrega: Sam Porter, hasta ahora el detective al cargo del caso, ha sido apartado de él y es cada vez más sospechoso, el mayor hospital de la ciudad está cerrado por cuarentena por riesgo de contagio del virus SARS y entre los enfermos se encuentran los policías Clair y Klozowski, además de Upchurch, el cómplice del Cuarto Mono, que se debate entre la vida y la muerte. Su supervivencia es determinante para que el Cuarto Mono decida no liberar el virus al resto del país.

Cuando empiezan a aparecer cuerpos en distintos puntos de la geografía con el mismo patrón la policía lo tiene claro: el Cuarto Mono sigue actuando, y esta vez es imposible que lo haga solo.

Empieza así una carrera contrarreloj para detener a uno de los asesinos más fascinantes e inteligentes jamás conocidos que ha conseguido aterrorizar a todo un país.
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El cuarto mono

Corrían los años 90 y ya fuera desde la novela o mediante guión especifico, empezaron a proliferar (y triunfar) algunos psicothrillers no aptos para todos los públicos. La cosa empezó con el silencio de los corderos y se prolongó con Seven, El coleccionista de amantes…

Seguro que te acuerdas de aquellos años en los que ir al cine a ver una de esas pelis al menos te aseguraba que la parienta se apretara bien a tí (jijiji). La cuestión es que la idea está de vuelta.

El Cuarto Mono promete y cumple con la perspectiva de escenarios oscuros, cierta sensación de claustrofobía, vagas ideas de que alguien está a punto de ocupar tu mente…

Todo empieza con Sam Porter, uno de esos detectives que sirven perfectamente a la trama. Su apariencia es la de un tipo seguro, curtivo en mil batallas, de vuelta de todo después de encontrarse con el lado perverso del ser humano día tras día. Pero… ¿Qué pasa si descubrimos que el bueno de Sam Porter también puede flaquear?

La mayor virtud del mal es que siempre puede superarse, siempre puede encontrar nuevos cauces de expresión jamás albergados en una mente “normal”.

El asesino de esta novela es un detallista empedernido, capaz de desmembrar poco a poco a sus víctimas y de hacer llegar a su familias esos macabros recordatorios con los que su mente enferma siente que tiene un control absoluto sobre el miedo, sobre la vida y sobre la muerte. Sus envíos pueden transformar al padre o hermano más sobrio y hacer enfermar a la madre o hermana más fuertes.

Y cada vez le coge más gusto. Hasta el punto de que Sam Porter ya no sabe si se trata de sadismo o de un demencial juego en el que todos, incluído él, ejecutan los movimientos previstos… El cuarto mono es aquel que ha superado la fase de no hablar, no ver y no escuchar. Él esta por encima de todo eso…
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La quinta víctima

Las referencias es lo que tiene. En ocasiones las pautas de los grandes referentes marcan caminos que finalmente se retoman por parte de los aventajados aprendices.

Me refiero a que en esta novela la imagen soterrada de la madre de Anson Bishop, el criminal de la primera parte El cuarto mono, parece sacada de la novela Mr Mercedes, de King.

El vinculo materno llega hasta lo visceral y lo espiritual, y puede acabar consiguiendo una trascendencia sobrenatural desde los instintos. Porter sigue enfrascado en el laberinto del caso de Bishop, pese a estar apartado de éste.

Tirar de nuevas pistas fuera de los cauces oficiales lo expone aún más a la ingeniosa y quizás poderosa mente del criminal, intensificada más aún por esa conexión materna que se va intuyendo conforme avanza la trama.

La muerte reciente de Ella Reynolds apenas supone una macabra distracción para Porter, no centra su atención en el nuevo caso aparentemente ajeno al siniestro Bishop. Y ahí está la gracia de toda buena trama, en esos extraños lazos que acaban uniéndolo todo, poniéndote la piel de gallina y dejándote boquiabierto justo antes de saber cómo puede acabar todo.
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Otras obras interesantes de J.D. Barker son…

Drácula. El origen

Toda precuela tiene ese riesgo inherente de la crítica fácil, despiadada en ocasiones. Revisitar un clásico y atreverse a plantear fundamentos que todo apasionado de una saga o de un personaje ya se ha encargado de construir en su mente, tiene ese aviso de terreno resbaladizo.

Pero en esta ocasión se pudo evitar este aspecto. De hecho la recuperación de anotaciones del autor dotaban de esa verosimilitud incontestable del origen, de la fuente (más aún participando como sea en la trama el heredero Dacre Stoker).

Porque Bram Stoker tiene su propia leyenda y sus escritos que, bajo el paraguas del nostálgico y siniestro toque decimonónico de su existencia, aborda una posible relación oscura con su niñera Ellen Crone y una insinuada vampirización del niño que fue y que lo pudo curar de algún tipo de anemia que inefablemente lo conducía a la muerte.

Y en esa mezcla entre realidad y ficción que siempre encandila a los amantes de este género y a los apasionados de cualquier personaje histórico, Barker se encargo de ambientar la historia de los días en los que Bram Stoker comprobó en sus propias carnes el poder de la vida después de la muerte.

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