Los 3 mejores libros de Antonio Ortuño

Satírico hasta la deformidad, con ese regusto amargo en el paladar que queda tras el extraño dulzor de la revancha literaria. Una venganza frente a la vida, a la madurez o a lo que toque que despierte algún resquemor. Algo así es un Antonio Ortuño siempre pariendo novelas o relatos cargados de vida que irrumpen entre flujos y sangre.

Ortuño es un espíritu creativo poseido por una mezcla de Foster Wallace, Cioran y Bukowski escribiendo a seis manos novelas de singular suspense. O tal vez no. Quizás encontremos reminiscencias a unos o a otros según evocaciones propias del lector. Porque nada de lo humano nos es ajeno y quizas todas las novelas sean la misma contada desde diferente prisma. Lo importante es lo que acaba asomando, la figura del narrador convincente que se desparrama con autenticidad sobre identidades de los personajes, escenas, tramas y descripciones de lo visible y lo intangible.

Así descubrimos al escritor sin complejos que sabe que escribir nunca puede ser un acto de tibieza ni de rendición. Escribir es bucear en uno mismo hasta las inquietudes que pretendían evadirse de la consciencia por algún sumidero. Rescatadas pues de la fuga más insólita, todas las ideas acaban alcanzándonos en las honduras necesitadas de sintonías para divisar algo de luz.

Top 3 novelas recomendadas de Antonio Ortuño

Olinka

Quemados, marcados por el destino. Ningún otro perdedor lo es tanto como los que ya están de vuelta de los infiernos, con un visado sin huecos para marcarse esperanza o mínimo sosiego. Como aquel zorro que deambula por los bosques en busca de presas, el ser humano puede también esconderse en las sombras de sí mismo, acechando para provocar cualquier extremo de mal, el de la venganza desenfrenada o el daño gratuíto.

Tras quince años de encierro, Aurelio Blanco sale de la prisión donde ingresó acusado del fraude de Olinka, una urbanización de lujo levantada gracias a negocios turbios y despojos de tierras comunales. Por lealtad a los Flores, su familia política, Blanco asumió la culpa con la promesa de que saldría pronto, pero fue abandonado a su suerte. Ahora, en libertad, quiere recuperar lo que le fue arrebatado: un hogar, una hija, una vida.

Olinka es un thriller que arranca con un deseo de venganza en la ciudad mexicana de Guadalajara, capital y paraíso del lavado de dinero. La construcción de una utópica urbanización para científicos y artistas sirve como trasfondo para revelar una realidad en la que reina la corrupción. Antonio Ortuño explora en esta novela un problema incontenible: la gentrificación y el papel del dinero sucio en ella. Y lo hace con una diáprosa implacable, que desnuda a cada personaje y disecciona el caos de las urbes contemporáneas.

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Esbirros

Si pretendes alcanzar al lector como Tyson hacía con sus directos a la mandíbula, nada mejor que el relato. Cuando la síntesis queda bendecida por la inspiración el resultado son una suma de relatos como estos. Pocos volúmenes de relatos nacen como hijos de una misma camada. Las historias llegan a plazos, esperando su momento. Todo acaba cobrando sentido cuando las pequeñas historias se juntan. Y entonces sí que la creación parece un inesperado mosaico perfectamente compuesto. Cuando hasta hacía poco era algo desmenuzado en piezas de tiempo inconexas.

No busquen historias Disney ni fábulas morales en estas páginas. Acaban de tropezar con la contundencia y la fuerza de la mejor literatura mexicana. Antonio Ortuño, en su libro más salvaje, navega entre la sátira y la ironía y nos obliga a asomarnos a la doble condición de víctimas y victimarios que llevamos marcada en la frente. Unas veces nos oprimen y otras oprimimos en el juego de las relaciones y la amoralidad del poder. Esbirros todos: del jefe, del hermano, del policía, del asesino, cuando no de uno mismo. Somos amos, somos esclavos y compartimos la supervivencia y la caída de estos personajes, que nos asquean, aterran o alarman en la misma medida que nos reconocemos en ellos.

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La vaga ambición

Todo escritor acaba escribiendo en alguna ocasión sobre la escritura. Lo mejor es cuando esto ocurre como una ficción donde el narrador omnisciente acaba viéndose atrapado, encerrado en la historia que prentendía narrar. Llámalo metaliteratura, llámalo ciencia ficción. Él te mira con el gesto de la figura dentro del cuadro. Hasta que toma la palabra y te explica de qué va todo eso de vivir para contarlo.

Antonio Ortuño despoja de languidez a la autoficción literaria y la hace hervir de tragedia, ironía y vitalidad. El protagonista de estos cuentos entretejidos –un escritor cuarentón, Arturo Murray– lucha y sobrevive entre la catástrofe familiar del pasado y un presente grotesco, construido con malas reseñas, entrevistas vacías, presentaciones a medio llenar, una cuenta bancaria en números cada vez más rojos…

Sin embargo, a lo largo de los seis cuentos de este libro, como un Falstaff armado con sarcasmo y honda convicción dramática, Murray invoca en su defensa un ejército de memorias heroicas, una mordacidad punzante y una profunda conmoción ante la pérdida. Y, por encima de todo, la sombra de una madre que se desvanece y su convicción kamikaze de escribir, escribir siempre y a cualquier coste.

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