Los 10 mejores escritores de Estados Unidos

Determinar lo mejor de lo mejor de la narrativa de cada país contiene grandes dosis de interpretación subjetiva, de gustos, de filias y demás querencias literarias entre diversidad de géneros y estilos. Pero la subjetividad encaja perfectamente en nuestro mundo siempre relativo, donde no todo es negro o blanco. Así debe ser y así me atrevo con una selección que gustará o espantará, según cada cual.

Aventurarse además con los mejores escritores made in USA, con lo grande que es este país, tiene mayor complejidad porque hay que tirar de descartes u omisiones. Aún así vamos a ponernos con ello con la única y mejor voluntad de abrir debate. O también a fin de ofrecer pistas para que cada cual se entregue después a lecturas inesperadas.

Top 10 mejores escritores de Estados Unidos.

Stephen King. El monstruo de la literatura.

El inabarcable imaginario de Stephen King se nos presenta como un haz de luz desplegado hacia todas las dimensiones desde su particular prisma. No hay límites en la bibliografía de Stephen King y tratar de circunscribirlo al género del terror es de ser muy corto de miras.

Porque hay Stephen King mucho más del terror para alcanzar lo fantástico, la ciencia ficción, la ficción histórica, la distopía, las ucronías o los apocalipsis. Todo ello con unos personajes que emanan un realismo como pocos autores son capaces de presentar.

Desde lo anecdótico hasta lo esencial o desde el presupuesto más fantástico hasta la sensación más próxima. King habita lugares donde nadie puede acceder, frondosos bosques de la imaginación rezumando una frialdad que cala en los huesos o espacios abiertos que nos exponen a intemperies de toda índole. La existencia hecha rabiosa humanidad del detalle. La imaginación como sustrato de nuestra visión subjetiva del mundo. Stephen King es Prometeo hecho escritor.

Uno de sus mejores libros…

22/11/63

Mark Twain. La exuberancia narrativa.

Samuel Langshorne Clemens decidió un buen día dedicarse al periodismo. Su pseudónimo sería Mark Twain, y aprovechando la plataforma que algunos medios le concedieron articulaba (nunca mejor dicho) su pensamiento contrario a todo lo que supusiera el mal trato a semejantes. En un país como Estados Unidos que a finales del siglo XIX todavía se lastraba por poderosos lobbies favorables a la esclavitud, no se ganó muchas simpatías (traigo aquí una interesante referencia sobre el abolicionismo en Estados Unidos, el ferrocarril subterráneo).

Así que Mark Twain aparcó el periodismo y se centró en la literatura, donde acabaría siendo uno de los referentes para todos los nuevos escritores de su país. Su extensa obra que lo abarcó todo sirvió de cuna a generaciones venideras de nuevos autores (como así mismo reconoció William Faulkner en alguna ocasión).

Pero, mientras su buen hacer y su carisma le concedió gloria y fama creciente en Estados Unidos, su legado traspasó las fronteras y se extendió por todo el mundo. Porque Mark Twain tuvo la virtud, escasa en nuestros días, de compatibilizar novela juvenil y de adultos en una misma obra. Consiguió así que las aventuras de Tom Sawyer por un lado y las de Huckleberry Finn por otro alcanzaran la universalidad en el ámbito de las letras. No es de extrañar que una mente capaz de tal síntesis diera para un profuso conjunto narrativo que se embarcó en diversidad de géneros.

Desafortunadamente, los últimos años de Mark Twain devinieron hacia una profunda tristeza. No es natural sobrevivir a un hijo, imagínate lo trágico que debe ser que ocurra en tres de los cuatro vástagos. Viudo y con esa natural tristeza reiterativa y descorazonadora Twain fue apagándose entre los postreros y emotivos reconocimientos de todo un país.

Isaac Asimov. la sofisticación accesible.

Y llegamos al más grande de la narrativa de Ciencia Ficción: Isaac Asimov. Habiendo hablado antes de autores clásicos como Huxley o Bradbury, grandes exponentes de la ciencia ficción distópica, alcanzamos al genio que lo cultivó todo en este género scifi, elevado a los altares en ocasiones y denostado por puristas literatos en otros momentos.

Aquí una de las últimas reediciones de su esencial trilogía Fundación. Una fascinante edición ilustrada primorosamente…

Asimov ya apuntaba maneras por la propia formación académica que cursó, en la que alcanzó un doctorado en bioquímica. Fundamentos científicos sobre los que elucubrar no le faltaban al genio ruso de Brooklyn.

Antes de cumplir los veinte años, Asimov ya había publicado alguno de sus relatos entre lo fantástico y lo científico en revistas (un gusto por el relato que extendió durante toda su vida y que han dado para multitud de recopilatorios)

Su extensísima obra (también diversa porque hizo sus incursiones en novela policiaca, histórica y como no, obras divulgativas), ha dado para mucho, siendo el cine un gran receptor de sus propuestas. Muchas de las mejores pelis de cifi que hemos visto en la gran pantalla llevan su sello.

Truman Capote. glorias y sombras del alma.

Truman Capote es un escritor con sello generacional, casi diría que estigmatizado, como todo sello o etiqueta que se endosa sin revisión posible. Ocurre que nuestra natural tendencia a agrupar, asociar, caracterizar y etiquetar como si todo fuera un producto acaba limitando todo tipo de expresión creativa o artística. Crudo pero real.

No debiera haber generaciones de noséqué ni tendencias de nosécuánto. Pero bueno…, que me voy del tema Truman Capote en lo estrictamente concerniente a su obra (quizás haya sido su naturaleza subversiva la que me haya conducido a esta última divagación).

La cuestión es que el bueno de Truman fue ese emblema buscado, sí. Sus novelas, auténticas crónicas sociales (tan pronto sobre el brillo de la opulencia como sobre lo más decadente y escabroso del otro lado de la sociedad), magnetizaban a una crítica que lo elevaba a los altares o lo despedazaba. Entre unos y otros acabaron por forjar todavía más al mito.

Ernest Hemingway. la pluma hecha pincel.

Vivir para escribirlo. Esa podría ser una máxima de este grandioso escritor del siglo XX. Ernest Hemingway fue un espíritu inquieto que gustaba de vivir la vida a tragos largos, en todas sus aristas y posibilidades. Del puño y letra de Hemingway se forjaron las ficciones más trascendentales de otros tantos acontecimientos mundiales de ese convulso siglo XX que transitó entre guerras, revoluciones, grandes inventos, guerras frías y un primer apunte de la globalización y del conocimiento del cosmos en una carrera espacial que todavía hoy colea.

No es que sea Hemingway un cronista universal de todo lo acontecido en su siglo XX, pero lo que es indudable es que el reflejo de sus personajes inmersos en todo tipo de situaciones lo convierten en acertado narrador en clave de ficción de ese pasar del ser humano por este mundo.

Joyce Carol Oates. el suspense por excelencia.

Una profesora de literatura siempre esconde una escritora en potencia. Si el asunto de las letras es muy vocacional, todo amante de estas acaba intentando replicar a sus autores favoritos, esos mismos cuyas obras trata de inculcar a los alumnos. En el caso de Joyce Carol Oates, no se puede solo señalar su desempeño como profesora de Lengua y Literatura. Hay que indicar también que además es licenciada, doctorada y Master en el asunto del lenguaje y su rercreación más artística (la Literatura).

Así que estética, estructural y funcionalmente nos encontramos que Joyce escribe con absoluto conocimiento de causa. Pero claro está, que si el fondo no gusta nunca podría haber llegado donde lo ha hecho, siendo una escritora reconocida en todo el mundo. Pudiendo pecar de pretencioso ante semejante monstruo de las letras, me voy a animar con sus tres mejores libros (siempre me quedará la excusa de que es mi entera opinión).

Charles Bukowski. realismo más que sucio.

Bukowski es el escritor irreverente por excelencia, el autor de libros viscerales que extienden bilis por todos los ámbitos de la sociedad (perdón si me quedó demasiado «visual»). Más allá de acercarnos a este genio con búsquedas internáuticas tipo «Charles Bukowski frases» con las que recuperar sus visiones de la vida, la lectura final de sus obras es vida cruda inoculada en vena.

Porque Charles Bukowski fue un escritor temperamental que un buen día decidió escribir lo que le vino en gana y que terminó cuajando en multitud de lectores que lo acabaron adorando por su rebeldía nihilista, por su toque fatalista y por su forma de revisitar lo trágico de la vida bajo el prisma de un humor cáustico.

La literatura necesita figuras como la de este autor comprometido con la nada, con la negación, con la rebelión porque sí, con el desencanto. Y pese a todo ello, los personajes de Bukowski ofrecen unos brillantísimos destellos de humanidad cuando de vez en cuando confiesan que también sienten, elevando esos sentimientos hasta lo más alto, como aquel que escupe al cielo y espera impertérrito la única respuesta posible venida de un cielo calmo y sometido a la inercia…

Patricia Highsmith. ingenio a raudales.

El género policíaco siempre tendrá como un referente singular a Patricia Highsmith. Esta autora americana creó a uno de los personajes más pintorescos, siniestros y simpáticos de toda la producción del género: Tom Ripley. Y sin embargo no fue en su madre patria donde mejor acogida tuvo el personaje en cuestión.

En cierta forma la autora planteó muchas de sus obras en mayor sintonía con una idiosincrasia más europea, en mayor medida proclive a la burla y la sátira introducida en todo género, incluso el policíaco, por puro que éste sea. Y Europa terminó acogiéndola con los brazos abiertos.

Aunque en ese éxito también tuvo que ver la liberación de ciertas etiquetas estadounidenses que hasta cierto punto condenaban a una autora paradójicamente misóniga pero lesbiana, propensa a la bebida, capaz incluso de abordar temáticas homosexuales en sus libros aunque fuera incialmente bajo pseudónimo…, y esto en la américa de mediados del siglo XX no estaba del todo aceptado.

Pese a centrar gran parte de su obra en Tom Ripley, para nada hay que desdeñar muchos otros de sus libros en los que el particular Tom no es el personaje. De hecho, sus primeras novelas sin él parecen mucho más completas, sin ese punto de serial que suele adquirir toda cadena de novelas de protagonista único.

David Foster Wallace. el desarraigo como foco.

Puede que haya algo de mito. Como ocurre con el club de los 27 en la música. La cosa es que leer a David Foster Wallace tiene algo de tragicomedia llevada al delirio, al exceso, a la locura incluso. Intensidad desde el desencanto que deriva en parodia rebosante de sarcasmo. Sátiras de aquel que se ve apartado y puede atestiguar con su literatura la extrañeza del mundo.

Pese a ser una figura emblemática en Estados Unidos, la llegada de la obra de David Foster Wallace a España se produjo como una especie de reconocimiento póstumo del mito. Porque David padecía de una depresión que lo persiguió desde su juventud hasta sus últimos días en los que el suicidio terminó con todo a sus 46 años. Una edad impropia para el fin en la que los ecos y contradicciones de la mente dotada y creativa, pero a su vez asomada al abismo de la destrucción, se transforma paradójicamente en un mayor interés por la obra.

En 2009 los libros de David Foster Wallace empezaron su periplo por lugares del mundo a los que anteriormente no había llegado, consumiéndose principalmente hasta entonces en un mercado estadounidense en el que su propuesta sí que había cuajado como una interesante composición de personajes muy profundos sumidos en la vorágine de la modernidad.

Temáticas diversas desde el deporte hasta los medios de televisión o la habitual revisión crítica del sueño americano. La llegada a España se llevó a cabo primero en acercamientos a su faceta como cuentista y después con todo el peso de sus obras más relevantes. Wallace, pese a sus pesarosas circunstancias más químicas, no era un escritor dominado por algún tipo de pesimismo propio de su padecimiento o su medicación.

No al menos en la típica moraleja del desastre que puede desprenderse de autores como Bukowski o Emil Cioran, por citar a dos ilustres pesimistas. Más bien encontramos en sus libros bastante de lo contrario, de una intención de construir personajes vívidos y hasta histriónicos en planteamientos a veces delirantes que despiertan indistintamente humor y confusión.

Utopías y distopías que asaltan una realidad transformada, personajes que dudan de la construcción del mundo que los rodea o que dejan mecer su existencia sobre éste. Una intención crítica sobre la realidad misma bajo una exquisita forma que desparrama ingenio, como una escritura automática revisada y guionizada después en busca de un sentido que tan pronto descubre el sarcasmo de nuestra condición humana como que nos proyecta a ese espacio donde la ficción se llena de símbolos que descomponen por partes el mundo.

David Foster Wallace es el narrador de un mundo devorado por lo onírico. Y ya se sabe que en los sueños pasamos del humor al miedo o del deseo a la repugna desde un escenario al siguiente.

Edgar Allan Poe. la explosión de lo fantástico.

Breve pero intenso, irregular en sus publicaciones pero de una hondura compleja entre lo fantástico y lo delirante. En ciertos escritores nunca sabes dónde acaba la realidad y dónde empieza la leyenda. Edgar Allan Poe es el escritor maldito por excelencia. Maldito no en el actual sentido esnob del término sino más bien en un profundo significado de su alma gobernada por infiernos a través del alcohol y la demencia.

Pero… ¿qué sería de la literatura sin su influencia? Los infiernos son un fascinante espacio creativo al que Poe y muchos otros escritores bajaban frecuentemente en busca de inspiración, dejando jirones de piel y pedazos de su alma en cada nueva incursión.

Y los resultados están ahí… poemas, relatos, cuentos. Sensaciones escalofriantes entre ideas delirantes y sentimientos de un mundo violento, agresivo, acechante para todo corazón sensible. La oscuridad con el adorno de lo onírico y lo demencial, lirismo de violines desafinados y voces de ultratumba que despiertan ecos obsesivos. La muerte disfrazada de verso o de prosa, bailando su carnaval en la imaginación del intrépido lector.

Un buen recopilatorio de lo mejor de Poe, el maestro del terror, lo podemos encontrar en este estupendo estuche para amantes de este genio:

Estuche - Cuentos POE
Valorar post

1 comentario en «Los 10 mejores escritores de Estados Unidos»

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

error: No copiar