3 mejores libros Manuel Gutiérrez Aragón

Para los que entienden que ciertamente pintamos algo en este mundo, la vida suele ser quemar etapas. Y Gutierrez Aragón cumple con los dictados inescrutables que pautan la transición en los ciclos como el cambio de pareja en los bailes. Algo así como ese Woody Allen al que también vamos encontrando más en tapas de libros o en conciertos que detrás de cámaras.

Aquí traemos a Gutiérrez Aragón como el escritor que hoy es, un narrador que atesora su media docena de novelas que, pese a todo no renuncian a sus inspiraciones naturales a lo cinematográfico, a ese otro mundo al que Manuel perteneció en otra vida anterior. Por momentos nos apabulla con una escenografía donde parece que todo puede ocurrir; en otros instantes parece como si habitáramos uno de esos instantes que apuntan a la inmortalidad en un solo gesto.

La cuestión es que en el universo creativo de Gutiérrez Aragón las tramas van picoteando de un realismo desnudo, sin artificios, de escenarios cercanos y hasta domésticos. Pero es así quizás para sentir aún más fuerte el vértigo cuando acabamos proyectados hacia lo onírico. Porque también llegamos a esos espacios cuatridimensionales que encajan perfectamente en lo pequeño, en los intersticios de la vida como pegamento que aferra el día a día de sus personajes.

¿Quien no ha habitado sueños al despertar? Más aún cuando los sueños se han aferrado a nuestra consciencia hasta más allá del ring del despertador, como queriendo asaltar nuestro mundo siempre subjetivo. Eso es un poco lo que se desprende de las novelas de Gutiérrez Aragón, una calidez del extrañamiento, una sintonía en frecuencias inesperadas para escuchar y descifrar longitudes de ondas tan ciertas como insospechadas.

Top 3 novelas recomendadas de Manuel Gutiérrez Aragón

La vida antes de marzo

Cuando alguien abandona aquello en lo que se ha entregado con pasión y notable éxito es porque se dispone a emprender algo que lo llama con inusitada intensidad. Esta primera novela de Gutiérrez Aragón tiene un punto de big bang creativo, de explosión y re-comienzo de todo. Por descontado que la realidad tiene aspectos cinematográficos incluso en sus peores escenas. Esta novela recoge episodios que nunca debieron ocurrir y consigue una extraña catarsis entre realidad y ficción. Como si la ficción pudiera devorar las peores realidades reconvirtiéndolas en algo muy distinto…

Dos extraños se encuentran en un tren que viene de todas las estaciones y se dirige a varios sitios a la vez, un tren que ni nace ni muere, un circular inaugurado tras años de burocracia comunitaria. No tiene cabecera ni estación terminal. Es el año 2024, y dos mil vagones forman la serpiente metálica de este enorme trasto. El recorrido entre Bagdad y Lisboa es largo.

El tren principal nunca se detiene para recoger o descargar usuarios, sino que un satélite, que se coloca a su costado, en una vía adyacente, aumenta la velocidad hasta alcanzarlo. Los pasajeros se trasvasan al enorme convoy y viceversa. Y de un país a otro Martín, el de la voz profunda, y Ángel, el de la cara morena, esos dos extraños que al comienzo desviaban las miradas, se convierten en interlocutores, y saborean el vino de cada región que atraviesan.

Unas copas de un carnoso vino rumano, después los caldos de la región danubiana, seguidos de un ligero blanco de Friuli y de algún otro del Ródano. Y los alcoholes y la extrañeza de una velocidad que desconcierta a los relojes desatan las lenguas, y los relatos se enlazan en este viaje con destino inesperado, en este cuento oriental, y ásperamente contemporáneo, que atraviesa la Europa del futuro próximo, del cercano pasado.

Ambos son oriundos de España. Martín tuvo amores con una magrebí en las montañas del norte. Los separaron la vida y la Historia, pero los ojos de la muchacha, negros y profundos, aún le reclaman desde alguna parte. Ángel, el otro viajero, se vio mezclado con un grupo extremista. Han pasado veinte años, pero parece como si su compinche, el Tunecino, estuviera todavía al acecho y amenazara reclamarle el pago de antiguos favores.

El temor, el recuerdo dolorido y también la ilusión viajan a bordo. Porque estos extraños en un tren no pactan crímenes perfectos -quizá porque los delitos imperfectos ya acontecieron-, y el viaje es el relato, y el relato es el viaje. Aunque, en el finito infinito del tren, las paralelas de sus vidas acaben por cruzarse, y la evocación de un cerdo campeón de engorde, las revelaciones eróticas de un padre atleta sexual, o un surrealista partido de fútbol entre extremistas islámicos, nos desvelen cómo era la vida antes de marzo, de aquel marzo.

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El ojo del cielo

O el ojo del director, si es que los personajes de una película pudieran levantar la vista para encontrar a quien los ubica en tal o tal punto para que suelten su frase. Esa frase que les puede conceder sus minutos de gloria. La vida es un film rodado para que cada cual, de entre tantos observadores, se quede

En el corazón de esta novela hay cuatro mujeres (Margarita, la joven y guapa madre; Valen, su hija mayor; Bel, la revoltosa hija mediana, y la pequeña Clara) cuyas vidas parecen complicarse tanto por motivos económicos como por el estallido de la sensualidad. En una fotografía de las cuatro se puede observar la sombra de quien la tomó, un padre que se ganaba su vida nómada vendiendo exquisitos helados, y del que no se ha vuelto a saber nada después de que huyera tras una dramática persecución por deudas, las mismas que obligan a las cuatro mujeres a dejar su casa e irse a vivir a una cabaña en el monte.

Con su tan característico estilo, Manuel Gutiérrez Aragón dibuja un universo familiar a caballo de lo realista y lo mágico, presidido por la esfera del radar que, desde lo alto de la montaña, contempla los movimientos de las cuatro mujeres como un potente ojo, el que da título a esta novela. La que se hace a la canción de Alan Parsons («I am the eye in the sky, looking at you…») es la primera de las referencias de un libro que contiene multitud de ellas, algunas a obras del propio autor (comparece como narrador ocasional Ludi Pelayo, al que ya conocimos en Cuando el frío llegue al corazón, y que aquí ejerce de amante de Valen) y otras en forma de narraciones propias de Las mil y una noches, por las que desfilan el millonario Forbes, Liz Taylor, el presidente francés Chirac o el príncipe de Marruecos.

Y junto a esas múltiples referencias, también un conjunto de planos, voces, registros y sugerencias, que se mezclan con sabiduría en una novela breve y ágil cuya acción avanza impulsada por el dominio del lenguaje y por un humor inteligente y culto.

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Rodaje

Nunca puede uno escaparse del todo de su sombra. Porque siempre nos está esperando. El cineasta Manuel Gutiérrez Aragón se descubre en esta historia con su sombra bien pegada a sus pies de nuevo. El cine se convierte en metaliteratura, en pasado reestructurado en la novela para que el asunto cobre nueva vida sin los filtros de guiones y los personaje que los ejecutan. Revisitemos aquellos días traídos al hoy en el rodaje de la vida misma.

Un joven cineasta se dispone a rodar su primera película en el Madrid en el que Berlanga filma El verdugo y se ha sentenciado a muerte a Grimau. En la ciudad reina el recelo y la amenaza. Un joven cineasta se dispone a rodar su primera película en el Madrid en el que Berlanga filma El verdugo, mientras en el mundo real se ha sentenciado a muerte a Grimau.

En el corto espacio de tiempo de seis días con sus noches se encadenan los acontecimientos: los amores y desamores del protagonista Pelayo Pelayo con su novia Laura, las discusiones con el famoso productor Midas Merlín, los encuentros con la periodista que le cuenta las novedades para salvar la vida del condenado, las visitas al plató en que rueda Berlanga, los paseos con el escandaloso actor Juan Luis Mañara, la bajada a los infiernos en una sala de cine de sesión continua, el humor y el ansia…

La historia sucede en una metrópoli canalla heredera de la bohemia y que ya empieza a ser desarrollista. Todo ello mientras el joven cineasta trata obsesivamente de terminar su guion para el inminente comienzo del rodaje de la película. La novela de Gutiérrez Aragón describe un mundo absolutamente real que sin embargo parece salido de un film de misterio. Rodaje es una sutil trama de apariencia caótica que se desarrolla con una precisión geométrica, y que nos devuelve a un narrador sustancial, decididamente libre y magnífico.

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