Mejores libros de Tatiana Tibuleac

Cuando una amiga me comentó que le había salido un trabajo en Moldavia y que se iba para allá, de inmediato recordé a Tatiana Tibuleac. Ya conocía algo de ese país, otro más de los periféricos que antaño orbitaban en torno a la Unión Soviética.

Y quizás precisamente desde ese desconocimiento sea más impactante aún la aparición de una autora cargada con esa rabiosa autenticidad de quien escribe sacudiendo bien el cóctel de entrañas y alma, sin esperar a ver qué resulta, dispuesta a dar el trago ya sea elixir, absenta o cicuta. Porque todo al fin y al cabo es placebo del instante, de la existencia. Las penas y culpas son curadas al fuego del alcohol y de la buena literatura capaz también de despertar ese fuego azulado, subido de grados, que sale desde muy adentro.

El realismo más crudo e intencionado también debe contar con lo onírico, con el pesar adaptado por el subcosnciente en cada nuevo sueño, transformado para poder seguir viviendo. Tatiana hace de nuestra psiquiatra pero sabiendo curarse a ella misma primero, haciendo buena la cita latina “medice cura te ipsum”.

La parte rumana de esta autora parece por momentos ser ocupada por otro rumano ilustre como Emil Cioran, con ese pesimismo en busca de cura. Solo que Tatiana no se recrea en la perdición, pues su convencimiento narrativo parece más apuntar a hacer las paces con todo, al final se trata de eso para cualquier buen fin a emprender.

Top novelas recomendadas de Tatiana Tibuleac

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes

El tiempo es el que es. Y tu madre quizás nunca tuvo los ojos verdes. Puede incluso, amigo Aleksy, que tu atasco no provenga de nociones de culpa ni en la consecuente pena. Porque el alma más atormentada crea para sobrevivirse, no puede dejar de hacerlo…

Aleksy aún recuerda el último verano que pasó con su madre. Han transcurrido muchos años desde entonces, pero, cuando su psiquiatra le recomienda revivir esa época como posible remedio al bloqueo artístico que está sufriendo como pintor, Aleksy no tarda en sumergirse en su memoria y vuelve a verse sacudido por las emociones que lo asediaron cuando llegaron a aquel pueblecito vacacional francés: el rencor, la tristeza, la rabia.

¿Cómo superar la desaparición de su hermana? ¿Cómo perdonar a la madre que lo rechazó? ¿Cómo enfrentarse a la enfermedad que la está consumiendo? Este es el relato de un verano de reconciliación, de tres meses en los que madre e hijo por fin bajan las armas, espoleados por la llegada de lo inevitable y por la necesidad de hacer las paces entre sí y consigo mismos.

Plena de emoción y crudeza, Tatiana Ţîbuleac muestra una intensísima fuerza narrativa en este brutal testimonio que conjuga el resentimiento, la impotencia y la fragilidad de las relaciones maternofiliales. Una poderosa novela que entrelaza la vida y la muerte en una apelación al amor y al perdón. Uno de los grandes descubrimientos de la literatura europea actual.

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El jardín de vidrio

Toda historia de un país, bajo su gloriosa agenda nacional, narrada con la necesaria épica, está salpicada de esas intrahistorias que realmente trazan los caminos de la otra realidad nacional, un imaginario mucho más cierto sobre lo mejor y lo peor que puede ocurrir cuando la vida se recrudece.

Moldavia en los años más grises del comunismo. La anciana Tamara Pavlovna rescata a la pequeña Lastotchka de un orfanato. Lo que en principio puede parecer un acto de piedad esconde una realidad terrorífica. Lastotchka ha sido comprada como esclava, para ser explotada durante casi una década recolectando botellas por la calle.

Aprender a sobrevivir robando y mendigando, rechazando las solicitudes de hombres demasiado insistentes, en un ambiente de violencia y miseria. Basada en la propia historia familiar de la autora, El jardín de vidrio es, ante todo, un ejercicio de exorcismo doméstico, una carta imaginada por una niña hacia sus padres desconocidos donde el dolor a causa de su abandono, el desamor y la ausencia de ternura y emoción se muestran como heridas que quiz. nunca lleguen a cicatrizar del todo.

La falta de piedad del mejor Dickens y la escritura caleidoscópica de Agota Kristoff hacen de esta segunda novela de Tatiana Tîbuleac una tragedia tan cruel y compasiva como reveladora de aquello que nos depara el destino y su belleza.

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