3 mejores libros de David Vann

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Lo de David Vann es la personificación del escritor paciente.

Me refiero a ese tipo de escritores que nunca dejan de serlo por imperativos pecuniarios. Si eres escritor es porque escribes, porque disfrutas encerrándote tus buenos ratos libres frente a tu historia desnuda exhibiéndose tras la pantalla de tu ordenador. Si te gusta escribir es porque te encanta perderte en historias narradas por otros, sin esa vanagloria que te empuja a despreciar lo que no nace de tus entrañas creativas.

David Vann fue escritor durante los muchos años en los que tan solo lo leerían en su casa (si es que tenían ánimo para ello) o como máximo algún compañero de trabajo. Y una vez que consiguió que la varita del azar editorial se fijara en él, siguió escribiendo porque, simplemente, nunca dejó de ser escritor.

Puede sonar a perogrullada, pero así es como se acaba puliendo esa madera de escritor. Ya después viene lo del éxito, esa enésima potencia de posibles e imposibles que reducen las oportunidades en base a lo que hayas podido pulir tu oficio; y a las ganas que tengan las editoriales de apostar por tí, ese escritor desconocido.

Más de una década después de escribir su primer libro, David Vann finalmente pudo publicarlo su Leyenda de un suicidio, una historia descarnada sobre la supervivencia a uno mismo.

Y claro está, otro de los grandes factores que pueden empujar a un escritor hacia el éxito es precisamente eso, escribir con tu descarnada verdad. Lo que no es auténtico no vende porque nadie se lo cree.

Y así encontramos a un escritor paciente convencido de contar desde lo más hondo para conseguir convencer a más y más lectores. Un autor que sintoniza especialmente en muchas ocasiones con Cormac McCharty, empeñados ambos en visitar el lado oscuro que puede habitar en nuestro interior.

3 mejores libros de David Vann:

  1. Sukkwan Island: La isla como símbolo del paraíso también tiene su polo opuesto. Ejemplos bien conocidos son, desde el remoto Robinson Crusoe de Daniel Defoe, hasta la inquietante Shutter Island de Denis Lehanne. En el caso de Sukkwan Island nos topamos con una historia que apunta a un exorcismo imposible del propio David en su traumática relación paterna. De hecho la historia apunta a eso a una búsqueda de un espacio físico compartido entre Jim, el padre y Roy, el hijo, buscando por fin armonizar sus existencias en la inhóspita isla de Sukkwan. La confianza en que la deuda de la genética y el ánimo de superación de controversias pueda quedarse abandonada ahí para siempre, mientras los dos hombres regresan purificados a casa se va trastocando conforme la bucólica pretensión impacta directamente con la dureza de un lugar recóndito que los puede convertir finalmente en dos enemigos irreconciliables en busca de la supervivencia en un espacio hostil.
  2. Caribou Island: Cuando te acercas a esta novela piensas en un nuevo viaje hacia lo oscuro, hacia ese instinto maligno que puede ocupar al humano superando a la peor de las bestias. Después puedes creer que no, que se trata de una acertada búsqueda de un destino libre, apartado del mudanal ruido. Y sin embargo esta novela finalmente se convierte en otra cosa muy distinta. De repente la isla de Caribou Island, también en la gélida Alaska, pasa a ubicarse en mitad de una gran ciudad en la que dos antaño enamorados sobreviven como pueden al amor desgastado que conduce a la peor de las soledades, al escondite de uno mismo. El frío de Caribou Island puede convertirse en una corriente que atraviesa el pasillo de un hogar convertido en cárcel. La historia de Gary e Irene, con la sombra de su hija Rhoda se convierte en cualquiera de esas otras islas que pueden descubrirse en cualquier latitud tierra adentro.
  3. Tierra: Para David Vann su paciente literatura es un reposado amargo de vivencias particulares en lo familiar. El único paraíso posible de la infancia fue para este autor una antesala trágica de la madurez. Así se entiende que sus historias se llenen de un destellante colorido en escenografía que se va sumiendo en el gris y negro de unos personajes ubicados siempre más allá de la luz, donde reside la excentricidad o la locura, la violencia o el más inflamable desencantdo. Un joven veinteañero vive con su madre, una mujer de vuelta de todo que contempla el esperpento de su vida manifestándose en un hijo que se cree un iluminado. Su desconcierto es igual de potente y estridente en la noción que tiene de ella su propio hijo, un espejo deformado en el que la convivencia siempre destruye, cuando no termina por derivar hacia lo más tormentoso del ser humano.

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