3 mejores libros de David Trueba

Del guión a la dirección para finalmente asaltar el mundo de la literatura con el particular bagaje de tan fecunda transición. David Trueba es ya ese escritor que quizás nunca pensó haber sido el periodista de formación y guionista de vocación. Pero los libros llegan así, desde las manos de contadores de historias que, al fin y al cabo, tan solo buscan el medio oportuno en el momento adecuado para acabar transmitiéndolas.

El David Trueba novelista y ensayista de hoy sigue siendo en muchos momentos el guionista que complementa los personajes de sus historias con multitud de gestos y diálogos colmados de esa vida de quien realmente divisa cada escena. También esa vertiente de reflexión que confiere el ensayo termina por adoptar un punto vívido en su crítica o su planteamiento ideológico.

La cuestión es que en la manifiesta versatilidad de David Trueba, sobre todo en la ficción, encontramos siempre a un contador de vidas en su más amplia consideración.

Empeñado en magnificar intrahistorias, en desnudar almas y desvelar conflictos que siempre asoman a nuestro mundo, desde lo familiar a lo emocional, con protagonismo de grandes sentimientos muy humanos como la culpa, el miedo o ese amor en última instancia capaz de reconducirlo todo cuando parece perderse cualquier sentido o encomienda existencial.

Top 3 libros recomendados de David Trueba

El río baja sucio

La bibliografía de David Trueba ya se equipara a su filmografía. Y eso que en el cine ha estado tanto delante como detrás de las cámaras en muy distintas ocasiones. Cuestión de saber hacer. Si este autor es capaz de llegar con sus historias en diversos formatos y desde muy diferentes prismas que alcanzan hasta el ensayo sociológico con su obra La tiranía sin tiranos.Así que este anunciado cambio de registro realmente no sorprende tanto y se le esperaba en nuevos registros con su demostrada capacidad.

Sí es verdad que, como en tantas otras ocasiones, en este río que baja sucio, Trueba busca pronto mimetismos, guiños, formas de conexión con personajes muy reconocibles y escenarios visitados por todos. En este caso algo tan universal como la infancia. Tan exclusiva desde la perspectiva individual como tan similar en la generalidad de los casos.Tom y Martin deambulan por la tierra de nadie de los 14 años, esa antesala de la madurez en la que las primeras experiencias asoman con intensidad. Días en los que cualquier chaval va haciendo funambulismo sobre la vida, sobre los viejos cuentos, en las crudas realidades que asoman y todo ello con la energía incontrolable del cambio hormonal.

Los dos amigos van a vivir esa experiencia disruptiva digamos que clásica en otras grandes obras como Sleepers o Mystic River. Solo que a la española, claro está. Y la natural asunción progresiva de ese lado amargo de la vida estalla sobre la conciencia de unos chavales a los que acompañamos en ese estallido. Hábilmente, David Trueba añade un ritmo ágil. Una tensión que nace desde la propia búsqueda de la aventura de los chicos, en ese periodo, en esas edad en el que el paraíso de la infancia va perdiendo la gracia.

Y claro, aparece entonces el peligro, los escenarios indebidos, las malas elecciones en búsqueda de un riesgo sin protección alguna.De eso se trata, de las malas elecciones cuando éstas se convierten en irreversibles. Cuando sabes que el futuro se cargará de culpa y de remordimientos de los personajes sobre ellos mismos cuando fueron niños en busca de algo distinto.

Danae es un personaje magnético para ambos, una chica que ejercerá el potente eco del reclamo. Y una vez que Tom y Martín se introduzcan en la vida de la chica, con su siniestro padre, las consecuencias serán impredecibles. La inocencia se puede perder de mil formas, en multitud de aspectos. Tom y Martín decidieron dar el paso a la madurez desde esa vaga sensación de infalibilidad de la inconsciencia.Pocos años después de aquellas vacaciones de Semana Santa en el pueblo, la voz de uno de los dos amigos nos dará buena cuenta de todo lo que pasó. Nada que no pueda ocurrir cuando un adolescente se encuentra con el miedo como un desafío y se sumerge en él sin dudar ni un instante de que nada le puede pasar a él.

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Queridos niños

Esta es una novela divertida como una sobremesa con amigos, pero contundente como un gancho al hígado. Algo de esa contradicción contiene su protagonista, Basilio, al que sus enemigos apodan el Hipopótamo. Un mote que a él, con sus 119 kilos de peso, le provoca regocijo: puede que aspire a la callada quietud de ese animal, que sabe esperar su ocasión, pero también le atrae su naturaleza feroz, su instinto agresivo, su inteligencia criminal. Así que cuando le ofrecen abandonar por unas semanas su retiro plácido para acompañar a Amelia Tomás, una candidata a presidenta, en su gira electoral, la bestia que lleva dentro se despereza y actúa.

A lo largo de un periplo que lo llevará a recorrer toda clase de ciudades y pueblos de España, su misión será cargar los discursos de la candidata de dinamita, rociar con gasolina dialéctica a sus rivales y prenderle fuego a todo a su paso. Y es que en este juego competir es lo de menos: lo único aceptable es ganar. Ganar, ganar y ganar.

David Trueba ha escrito una novela inclasificable, que retrata el mundo de la política y su trastienda con un gran ojo para la sátira y la observación desprejuiciada. En un viaje entre la comedia y el retrato del natural por las entretelas de una campaña política, afloran ambiciones inconfesables, engaños, medias verdades, mentiras flagrantes, tensiones soterradas y conflictos de la vida privada que acaso sea mejor que no vean la luz; al frente de todo ello, un protagonista más grande que la vida, odiado por unos y odiado por otros, y que en lugar de preguntarse con angustia si el vaso de la vida está medio vacío o medio lleno ha decidido hace tiempo bebérselo de un trago. Desbordante y atrevida, vibrante y directa, Queridos niños es una autobiografía del rencor que supone otro paso adelante en una de las trayectorias novelísticas más exitosas de nuestra literatura.

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Tierra de campos

David Trueba parece haber novelado el guión de una película todavía inédita, una road movie que ha tomado el camino inverso del típico proceso libro – película.Pero claro, sólo un director de cine puede recorrer ese proceso en sentido contrario película – libro y que, además, le salga bien. Aunque tiempo al tiempo.

Quizás a no mucho tardar veamos esa road movie a bordo del mismo coche fúnebre que nos presenta la novela, donde un hijo acompaña a su padre para darle tierra.En las primeras páginas esa imagen ya predisponen al lector a considerar que el indicado hijo, Dani Mosca, es un tipo singular. El hecho de acompañar a su padre a su entierro, en el mismísimo coche fúnebre, junto a un singular chofer que le ofrece la gama de conversaciones más inoportunas para alguien de su gremio, va trazando esa idea de Daniel como un tipo con el don para encontrarse el esperpento en toda circunstancia, porque esa clase de gente existe.

Este Daniel, como todos los danieles del mundo se mueven en busca del desconcierto, de la contrariedad de la ambigüedad y lo acaban encontrando todo junto.Puede parecer que Daniel es un tipo caótico, extraño, seguramente ya imaginarás en él un humor negro, transgresor, ácido. No te equivocas nada.

Pero lo mejor de todo es que conocer a Daniel, en ese universo tan peculiar como atractivo de los tipos danielescos, acaba por descubrirte la gracia de la vida entre el desengaño, la alegría de vivir entre el desorden, el amor entre la casualidad y las mejores palabras entre los acordes de la música.

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Otras obras recomendables de David Trueba…

Saber perder

No queda otra que aprender a hacerlo, asumir que puede ocurrir, que el fracaso puede aparecer en forma de inesperado contratiempo o de reconocimiento del absoluto vacío.

Para saber perder nada mejor que comparar el esfuerzo de otros perdedores por confirmarse como tal o por superarse… Después del denodado esfuerzo hacia el triunfo puede asomar la sombra del abismo.La perspectiva de lo insustancial sobre lo vivido también es una noción del fracaso, el sueño de un perdedor que puede tener 16 o 90 años, da igual. Una historia entrecruzada de cuatro personajes que plantean el escenario de la derrota desde muy diferentes espectativas vitales.

Sylvia y su padre Lorenzo, el futbolista a punto de convertirse en estrella Ariel Burano, y Leandro, un viejo que descuenta sus horas entre cuentas pendientes.Pero no se trata de una novela fatalista sino de una suma de intrahistorias que invitan a sonreir ante el sarcástico humor de la vida. Cuando una historia se acaba otra empieza. Tan solo se trata de levantarse y volver a caminar…

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La tiranía sin tiranos

Un interesante ensayo. Se trata de pensar un poco en lo trascendental, en los matices del ajuste entre lo antropológico y lo social. Y también se trata de sacar punta y de hacer crítica y oposición reflexiva sobre nuestra deriva como civilización.

De la lectura de este libro se entresaca la contradictoria necesidad del individualismo. Porque es natural reivindicarse como persona con las circunstancias propias de cada cual.Pero el individualismo es un arma de doble filo al servicio de diversos intereses que, a la postre, nos conducen a la alienación… Si nos ceñimos a lo conceptual, se podría decir que estamos ya inmersos en la sociedad soñada.

Derechos de todo tipo para cualquier ciudadano, esperanza de vida, espacios para reconocer todas las singularidades, democracia… Así, a bote pronto, la idea viene lastrada por ese otro mundo en el que ninguna bondad anterior existe. Y tristemente sobreentendemos que se trata de un contrapeso necesario.Hasta el punto de asumir relatos catastrofistas de ese otro mundo vertidos por el telediario con naturalidad…, mientras no salpiquen a occidente, donde vivimos los que sí tenemos derechos y libertades.

Pero más allá de ese equilibrio, de ese engranaje entre los de aquí y los de allá, la contradicción se sigue extendiendo entre nuetras filas, los habitantes del mundo privilegiado.Porque las grandes mentes pensantes han sabido darle el mejor tratamiento a ese individualismo ganado históricamente como libertad y derechos. Separados somos menos fuertes, somos realmente vulnerables, acabamos convirtiéndonos en nuestros propios esclavizadores.

Aquellos que manejan grandes intereses políticos, de poder y económicos en última instancia saben sacarnos jugo uno a uno. El resultado es que acabamos creyendo que somos únicos, libres, capaces de afrontar nuestro destino. Pero tras la aparente sociedad ganada en pro de la igualdad acabamos siendo elementos procesados y cribados.La información nos convierte en partes de la estadística hacia el consumo. Nuevas formas de negocio en las que cada uno de nosotros sumamos para formar una curva, una tendencia en un siniestro gráfico.

Es cierto que nuestras sociedades avanzadas pueden ofrecer mejores condiciones de vida, sanitarias, emocionales. Y sin embargo habrás observado que a la postre todo avance acaba orientándose a donde esta e dinero.Felicidad de consumo, sanidad de consumo, ¿amor de consumo? A vista de nuestra deriva parece como si solo quedara un último reducto, un espacio de conquista de nuestra alma al que no pueden terminar de llegar los robots de la red.

Y para seguir defendiendo ese espacio y retomar nuevas reconquistas hacia una igualdad más efectiva no quedaría otra que volver a unirnos, cada cual con su espacio particular pero componiendo una red con la que poder enfrentarse a esa otra red enmarañada de los intereses más aviesos.David Trueba viene a extenderse sobre muchos de estos aspectos con una perspectiva realista, en ocasiones fatalista, pero siempre confiante en el cambio sustancial.

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