3 mejores libros de David Trueba

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Del guión a la dirección para finalmente asaltar el mundo de la literatura con el particular bagaje de tan fecunda transición. David Trueba es ya ese escritor que quizás nunca pensó haber sido el periodista de formación y guionista de vocación. Pero los libros llegan así, desde las manos de contadores de historias que, al fin y al cabo, tan solo buscan el medio oportuno en el momento adecuado para acabar transmitiéndolas.

El novelista y ensayista de hoy sigue siendo en muchos momentos el guionista que complementa los personajes de sus historias con multitud de gestos y diálogos colmados de esa vida de quien realmente divisa cada escena. También esa vertiente de reflexión que confiere el ensayo termina por adoptar un punto vívido en su crítica o su planteamiento ideológico.

La cuestión es que en la manifiesta versatilidad de Trueba, sobre todo en la ficción, encontramos siempre a un contador de vidas en su más amplia consideración. Empeñado en magnificar intrahistorias, en desnudar almas y desvelar conflictos que siempre asoman a nuestro mundo, desde lo familiar a lo emocional, con protagonismo de grandes sentimientos muy humanos como la culpa, el miedo o ese amor en última instancia capaz de reconducirlo todo cuando parece perderse cualquier sentido o encomienda existencial.

3 mejores libros de David Trueba:

  1. Tierra de campos: David Trueba parece haber novelado el guión de una película todavía inédita, una road movie que ha tomado el camino inverso del típico proceso libro – película. Pero claro, sólo un director de cine puede recorrer ese proceso en sentido contrario película – libro y que, además, le salga bien. Aunque tiempo al tiempo. Quizás a no mucho tardar veamos esa road movie a bordo del mismo coche fúnebre que nos presenta la novela, donde un hijo acompaña a su padre para darle tierra. En las primeras páginas esa imagen ya predisponen al lector a considerar que el indicado hijo, Dani Mosca, es un tipo singular. El hecho de acompañar a su padre a su entierro, en el mismísimo coche fúnebre, junto a un singular chofer que le ofrece la gama de conversaciones más inoportunas para alguien de su gremio, va trazando esa idea de Daniel como un tipo con el don para encontrarse el esperpento en toda circunstancia, porque esa clase de gente existe. Este Daniel, como todos los danieles del mundo se mueven en busca del desconcierto, de la contrariedad de la ambigüedad y lo acaban encontrando todo junto. Puede parecer que Daniel es un tipo caótico, extraño, seguramente ya imaginarás en él un humor negro, transgresor, ácido. No te equivocas nada. Pero lo mejor de todo es que conocer a Daniel, en ese universo tan peculiar como atractivo de los tipos danielescos, acaba por descubrirte la gracia de la vida entre el desengaño, la alegría de vivir entre el desorden, el amor entre la casualidad y las mejores palabras entre los acordes de la música.

    Tierra de campos
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  2. Saber perder: No queda otra que aprender a hacerlo, asumir que puede ocurrir, que el fracaso puede aparecer en forma de inesperado contratiempo o de reconocimiento del absoluto vacío. Para saber perder nada mejor que comparar el esfuerzo de otros perdedores por confirmarse como tal o por superarse… Después del denodado esfuerzo hacia el triunfo puede asomar la sombra del abismo. La perspectiva de lo insustancial sobre lo vivido también es una noción del fracaso, el sueño de un perdedor que puede tener 16 o 90 años, da igual. Una historia entrecruzada de cuatro personajes que plantean el escenario de la derrota desde muy diferentes espectativas vitales. Sylvia y su padre Lorenzo, el futbolista a punto de convertirse en estrella Ariel Burano, y Leandro, un viejo que descuenta sus horas entre cuentas pendientes. Pero no se trata de una novela fatalista sino de una suma de intrahistorias que invitan a sonreir ante el sarcástico humor de la vida. Cuando una historia se acaba otra empieza. Tan solo se trata de levantarse y volver a caminar…

    Saber perder
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  3. La tiranía sin tiranos: Un interesante ensayo. Se trata de pensar un poco en lo trascendental, en los matices del ajuste entre lo antropológico y lo social. Y también se trata de sacar punta y de hacer crítica y oposición reflexiva sobre nuestra deriva como civilización. De la lectura de este libro se entresaca la contradictoria necesidad del individualismo. Porque es natural reivindicarse como persona con las circunstancias propias de cada cual. Pero el individualismo es un arma de doble filo al servicio de diversos intereses que, a la postre, nos conducen a la alienación… Si nos ceñimos a lo conceptual, se podría decir que estamos ya inmersos en la sociedad soñada. Derechos de todo tipo para cualquier ciudadano, esperanza de vida, espacios para reconocer todas las singularidades, democracia… Así, a bote pronto, la idea viene lastrada por ese otro mundo en el que ninguna bondad anterior existe. Y tristemente sobreentendemos que se trata de un contrapeso necesario. Hasta el punto de asumir relatos catastrofistas de ese otro mundo vertidos por el telediario con naturalidad…, mientras no salpiquen a occidente, donde vivimos los que sí tenemos derechos y libertades. Pero más allá de ese equilibrio, de ese engranaje entre los de aquí y los de allá, la contradicción se sigue extendiendo entre nuetras filas, los habitantes del mundo privilegiado. Porque las grandes mentes pensantes han sabido darle el mejor tratamiento a ese individualismo ganado históricamente como libertad y derechos. Separados somos menos fuertes, somos realmente vulnerables, acabamos convirtiéndonos en nuestros propios esclavizadores. Aquellos que manejan grandes intereses políticos, de poder y económicos en última instancia saben sacarnos jugo uno a uno. El resultado es que acabamos creyendo que somos únicos, libres, capaces de afrontar nuestro destino. Pero tras la aparente sociedad ganada en pro de la igualdad acabamos siendo elementos procesados y cribados. La información nos convierte en partes de la estadística hacia el consumo. Nuevas formas de negocio en las que cada uno de nosotros sumamos para formar una curva, una tendencia en un siniestro gráfico. Sí. Es cierto que nuestras sociedades avanzadas pueden ofrecer mejores condiciones de vida, sanitarias, emocionales. Y sin embargo habrás observado que a la postre todo avance acaba orientándose a donde esta e dinero. Felicidad de consumo, sanidad de consumo, ¿amor de consumo? A vista de nuestra deriva parece como si solo quedara un último reducto, un espacio de conquista de nuestra alma al que no pueden terminar de llegar los robots de la red. Y para seguir defendiendo ese espacio y retomar nuevas reconquistas hacia una igualdad más efectiva no quedaría otra que volver a unirnos, cada cual con su espacio particular pero componiendo una red con la que poder enfrentarse a esa otra red enmarañada de los intereses más aviesos. David Trueba viene a extenderse sobre muchos de estos aspectos con una perspectiva realista, en ocasiones fatalista, pero siempre confiante en el cambio sustancial.

    La tiranía sin tiranos
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