Los mejores libros de Emma Cline

La estadounidense Emma Cline ha llegado de la mano de sus personajes para ofrecer una literatura rabiosamente emp√°tica con la que conquistar a medio mundo, en espera de que el otro medio se deje cautivar por su fiereza hecha prosa. Y no es que se trate de una f√≥rmula m√°gica narrativa. La cuesti√≥n es dotar de esa verdad a las personas que habitan las escenas, desde la protagonista hasta el √ļltimo gesto del personaje m√°s intrascendente en el desarrollo de la trama.

Quiz√°s sea el signo de los tiempos y de sus nuevos cronistas…, una literatura empapada de esa visi√≥n en primera persona de la vida que va desde el postureo inicial hasta el adentramiento en los motivos m√°s hondos del ser. Algo as√≠ como lo que cada cual muestra en sus redes sociales, solo que con la impagable deuda de acabar ense√Ī√°ndolo todo en una inercia irrenunciable, en una fuerza centr√≠peta en la que contar nuestro mundo acaba siendo reality literario.

Y no es que Emma nos hable de Instagram o de Facebook. Nada m√°s lejos de su intenci√≥n. Pero sirva esta interpretaci√≥n libre para ofrecer ese vistazo a la forma de encarnar a sus personajes devorados por imperativo de unas tramas empe√Īadas en relatarlo todo. Pasamos de sentir la pulsi√≥n sexual m√°s insondable hasta el √ļltimo miedo m√°s paralizante. Todo perfectamente manifestado en un gesto, en una expresi√≥n, en una frase que nos arrebata el alma por esa m√°gica precisi√≥n de quien encuentra las palabras precisas frente a la infinitud de cualquier abismo o agujero negro.

Top libros recomendados de Emma Cline

Las chicas

Que todo movimiento libertario tiene su lado oscuro es algo naturalmente asumible, considerando la naturaleza humana en constante pugna interior entre el bien y el mal. Desde el comunismo hasta los hippies, todo se vend√≠a como un desaf√≠o a lo establecido en pos del bien com√ļn. Hasta que la idealizaci√≥n y la utop√≠a acaban chocando con la m√°s inquietante realidad.

California. Verano de 1969. Evie, una adolescente insegura y solitaria a punto de adentrarse en el incierto mundo de los adultos, se fija en un grupo de chicas en un parque: visten de un modo descuidado, van descalzas y parecen vivir felices y despreocupadas, al margen de las normas. D√≠as despu√©s, un encuentro fortuito propiciar√° que una de esas chicas -Suzanne, unos a√Īos mayor que ella- la invite a acompa√Īarlas.

Viven en un rancho solitario y forman parte de una comuna que gira alrededor de Russell, m√ļsico frustrado, carism√°tico, manipulador, l√≠der, gur√ļ. Fascinada y perpleja, Evie se sumerge en una espiral de drogas psicod√©licas y amor libre, de manipulaci√≥n mental y sexual, que le har√° perder el contacto con su familia y con el mundo exterior. Y la deriva de esa comuna que deviene secta dominada por una creciente paranoia desembocar√° en un acto de violencia bestial, extremo.

Esta novela es obra de una debutante que, dada su juventud, ha dejado boquiabierta a la cr√≠tica por la inusitada madurez con la que cincela la compleja psicolog√≠a de sus personajes. Emma Cline construye un retrato excepcional de la fragilidad adolescente y del tormentoso proceso de hacerse adulto. Tambi√©n aborda el tema de la culpa y las decisiones que nos marcar√°n toda la vida. Y recrea aquellos a√Īos de paz y amor, de idealismo hippie, en los que germinaba un lado oscuro, muy oscuro.

La autora se inspira libremente en un episodio c√©lebre de la cr√≥nica negra americana: la matanza perpetrada por Charles Manson y su clan. Pero lo que le interesa no es la figura del psic√≥pata demoniaco, sino algo mucho m√°s perturbador: aquellas chicas angelicales que cometieron un crimen atroz y, sin embargo, durante el juicio no perd√≠an la sonrisa. ¬ŅQu√© les llev√≥ a traspasar los l√≠mites? ¬ŅCu√°les fueron las consecuencias de unos actos que las perseguir√°n siempre? Sobre ellas versa esta novela que deslumbra e inquieta.

Las chicas

Harvey

Una autora como Cline llega abiertamente para la controversia. Y en el fondo la literatura necesita de este tipo de narraciones, algo así como la Virginie Despentes yanqui. Mujeres ambas que toman la batuta de la literatura más reivindicativa desde el pellizco moral o el mordisco en busca de sangre.

A veinticuatro horas de la sentencia de su juicio, en una casa prestada en Connecticut, Harvey amanece de madrugada sudado e inquieto, pero repleto de confianza: esto es América, y en América a los que son como él no se los condena. Hubo un momento en que la gente le dio la espalda, pero a esa gente la sustituyó pronto gente nueva: y la gente que le debía favores, piensa Harvey, va a seguir teniendo que pagárselos.

Han tratado de acabar con su reputaci√≥n, pero no lo han conseguido, y ese mismo d√≠a el destino le indica c√≥mo terminar de restaurarla; la cara familiar de su vecino de al lado resulta ser la del escritor Don DeLillo, y Harvey ya se imagina los neones: Ruido de fondo, la novela inadaptable, hecha pel√≠cula por fin; la alianza perfecta entre ambici√≥n y prestigio puesta al servicio de su regreso. Y, sin embargo, el correr de las horas pronto empieza a llenarse de se√Īales inquietantes, ominosas; de grietas cada vez m√°s hondas en la confianza con la que Harvey hab√≠a amanecido…

Con su sutileza psicológica habitual, Emma Cline narra este relato desde el lugar más incómodo: desde la mente de un Harvey (Weinstein, claro) para el que no hacen falta apellidos, y que aparece retratado aquí como alguien frágil y necesitado, que sobrevalora su inteligencia y exhibe una megalomanía ridícula; un hombre del todo desgajado de una realidad, la de su condena, que se le va haciendo cada vez más aterradoramente visible, y en la que se filtran asunciones de una culpabilidad que su yo consciente niega.

Esquivando los ángulos más recurrentes de un tema muchas veces iluminado a una sola luz, acudiendo a inyecciones de un humor sordo y aprovechando con agudeza y sin subrayados las posibilidades caleidoscópicas de las interacciones entre los personajes, Emma Cline construye con Harvey una pieza de cámara por turnos penetrante, divertida y perturbadora, que revela su habilidad para una distancia, la de la nouvelle, que no había explorado hasta el momento.

Harvey
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