Los 3 mejores libros de Pedro Almodóvar

Sí, hablamos de Pedro Almodóvar y de libros. Porque los guiones de Pedro Almodovar también merecen ser leídos además de ser vistos representados en escena. Más allá de la particular escenografía extrañamente colorista para cubrir argumentos de poso o de unos personajes arrebatados por unas almas que parecen también empaparse de colores vivos desde la intensa oscuridad que reina en las honduras del alma.

Pasa algo parecido con Woody Allen o en su momento con Hitchcock por citar a dos de los más grandes cineastas. La literatura va más allá del formato inicial para terminar abarcando cualquier manifestación en forma del texto creativo de turno. Acercarse a los guiones aporta una sensación de visión entre bambalinas de lo que el autor preparar para su público.

En el caso de Almodóvar lo de observar desde las interioridades de la misma trama tiene un gusto especial en el caso de los personajes. Si algo tiene un guión eso es la vida. Cuando un tipo como Almodóvar se pone a guionizar, capaz como ya sabemos que es de buscar el desnudado de cada protagonista hasta más allá de la piel, lo que nos queda es la búsqueda final de todo lo que nos mueve en ese reflejo que es la caracterización y perfilado psicológico de quienes mueven la trama, almas como las nuestras.

Top 3 guiones recomendados de Pedro Almodóvar

La piel que habito

No es que fuera yo muy de Almodóvar. Pero esta película cambió mi perspectiva. Seguramente porque me llegó en el momento oportuno, ese instante que hacen que tus gustos tomen un giro imprevisto para abrirse a nuevas posibilidades con lo de iniciático que tiene el asunto y lo de descubrimiento que supone ampliar el prisma…

Desde que su mujer sufriera quemaduras en todo el cuerpo en un accidente de coche, el cirujano plástico Robert Ledgard se interesa por la creación de una nueva piel con la que hubiera podido salvarla. Doce años después consigue cultivarla en su propio laboratorio, una piel sensible a las caricias, pero una auténtica coraza contra todas las agresione. Para lograrlo ha utilizado las posibilidades que proporciona la terapia celular.

Además de años de estudio y experimentación, Robert necesitaba una cobaya humana, un cómplice y ningún escrúpulo. Los escrúpulos nunca fueron un problema, no formaban parte de su carácter. Marilia, la mujer que se ocupó de él desde el día que nació, es su cómplice. Y respecto a la cobaya humana… Al cabo del año desaparecen de sus casas decenas de jóvenes de ambos sexos, en muchos casos por voluntad propia. Uno de estos jóvenes acaba compartiendo con Robert y Marilia la espléndida mansión, El Cigarral. Y lo hace contra su voluntad…

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Dolor y gloria

La autobiografía, aunque sea matizada hacia lo novelesco, no está hecha para líderes políticos y demás caterva en busca de autobombo, expiación o lo que toque. Nada más aborrecible que esa narración en tono de confesión pero más vacío que un plato después de ayunas. En el caso de Almodóvar solo ese acto de real contricción acaba por provocar un sincero reflejo de lo que se es, de los miedos que atenazan y de lo que pueda quedar de esperanza. Verdades crudas que emocionan…

Salvador Mallo es un veterano director de cine aquejado de múltiples dolencias, pero el peor de sus males es la incapacidad para seguir rodando. La mezcla de medicamentos y drogas hace que Salvador pase la mayor parte del día postrado. Este estado de duermevela le traslada a una época de su vida que nunca visitó como narrador: su infancia en los años sesenta, cuando emigró con sus padres a un pueblo de Valencia en busca de prosperidad. También se le vuelve a aparecer su primer amor adulto, ya en el Madrid de los ochenta, y el dolor que supuso la ruptura.

Salvador se refugia en la escritura como única terapia para olvidar lo inolvidable. Ese ejercicio lo devuelve al temprano descubrimiento del cine, cuando las películas se proyectaban sobre un muro encalado, al aire libre, con olor a pis, a jazmín y a brisa de verano. De nuevo, descubrirá que el cine puede ser su única salvación frente al dolor, la ausencia y el vacío.

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Madres paralelas

Lo de Almodóvar y la mujer tiene algo de leitmotiv en su obra. A nadie se le escapa esa fuerza de lo femenino que arrasa en muchas de sus obras con misión icónica. Lo femenino convertido en universo concentrado en cada protagonista, en todos sus actos, en sus motivaciones y sus luchas. Una obra que ahonda en esa noción que para Almodóvar concentra lo femenino y lo maternal como imágenes de la única eternidad posible desde una visión de la inminente maternidad asomada a inesperados abismos.

Dos mujeres, Janis y Ana, coinciden en la habitación de un hospital donde van a dar a luz. Las dos son solteras y quedaron embarazadas accidentalmente. Janis, de mediana edad, no se arrepiente y en las horas previas al parto se muestra pletórica; la otra, Ana, es una adolescente y está asustada, arrepentida y traumatizada. Janis intenta animarla mientras pasean como sonámbulas por el pasillo del hospital. Las pocas palabras que cruzan en esas horas crearán un vínculo muy estrecho entre las dos, que el azar se encargará de desarrollar y complicar de un modo tan rotundo que cambiará las vidas de ambas.

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