Los 3 mejores libros de Desy Icardi

Lo de la escritora italiana Desy Icardi es metaliteratura. Su impronta argumental circunda el hecho de la literatura y el oficio de escribir como algo casi mágico. Algo que solo puede explicarse visto desde diversos planos que fundamentan, y a la postre complementan, la noción de lo que supone narrar cualquier ámbito de lo humano.

Porque en el diálogo uno encuentra la réplica mientras que en la escritura el diálogo se difiere, se pospone hasta que otra mente recompone desde los signos que son las letras, todo un maravillo significado que se va abriendo en la imaginación como un nuevo universo pintado de nuevos colores.

Así que la encomienda de Desy no es un asunto irrelevante. Con un punto de frescura y de ligereza que en muchas ocasiones retrotrae a la infancia, al aprendizaje de la lectura, sus obras nos conducen por los intersticios más allá de las costuras de las tramas de turno. Literatura como vida, casi como alma o espíritu. Historias que nos alcanzan y que justifican siempre la acción de la lectura como algo transformador.

Top 3 novelas recomendadas de Desy Icardi

La chica de la máquina de escribir

¿Quién escribe, la mente o los dedos? Ellos son los que ejecutan el baile final sobre el teclado, con su frenética cadencia o intentando avanzar pese al atasco. Los dedos de la escritora se encargan de automatizar al son del tecleo lo que la imaginación presenta.

En mis tiempos de prácticas me tocaba ir a un periódico para insertar anuncios clasificados. Me chiflaba como la joven a los mandos del ordenador transcribía el mensaje, cigarro entre los labios, con un ritmo endiablado. Quizás podía haber escrito una gran novela en lugar de insertar anuncios a 100 pesetas la palabra. De hecho todo depende de unos briosos y sabios dedos capaces de combinar las teclas más oportunas…

Desde muy joven, Dalia ha trabajado como mecanógrafa, atravesando el siglo XX siempre acompañada de su máquina de escribir portátil, una Olivetti MP1 roja. Ahora ya anciana, la mujer sufre un ictus que, si bien no resulta letal, eclipsa parte de sus recuerdos. Los recuerdos de Dalia, sin embargo, no se han desvanecido, sobreviven en la memoria táctil de las yemas de sus dedos, de las que solo pueden ser liberados en contacto con las teclas de la Olivetti roja.

A través de la máquina de escribir, Dalia recorre así su propia existencia: los amores, los sufrimientos y las mil estratagemas que se utilizan para sobrevivir, especialmente durante los años de la guerra, resurgen del pasado restituyéndole una viva y sorprendente imagen de sí misma, la historia de una mujer capaz de superar décadas difíciles, siempre con la cabeza erguida, con dignidad y buen humor. Sin embargo, un único e importante recuerdo se le escapa, pero Dalia está decidida a encontrarlo siguiendo las pistas que la casualidad, o quizás el destino, ha ido desperdigando a lo largo de su camino.

La narración en busca del recuerdo perdido se enriquece página tras página con sensaciones e imágenes ligadas a curiosos objetos vintage: la protagonista del libro encontrará su memoria también gracias a este tipo de pistas, que aparecen cada vez en lugares inesperados, en una especie de búsqueda del tesoro imaginario, entre la realidad y la fantasía.

Después de El aroma de los libros, sobre el sentido del olfato y la lectura, una novela apasionante sobre el tacto y la escritura, un viaje de recuperación de la vida de una mujer tras las huellas del único recuerdo que valía la pena conservar.

La chica de la máquina de escribir

El aroma de los libros

Después de la maravillosa historia de Jean-Baptiste Grenouille, el perfumista sin olor propio, nos llega esta historia que profundiza en el desconcertante sentido e instinto del olfato. Los recuerdos más intensos son aromas y la cuestión es descifrar si es que algo se nos escapa acerca del olfato, mucho más allá de los simples olores…

Turín, 1957. Adelina tiene catorce años y vive con su tía Amalia. Entre los pupitres del colegio, la muchacha es el hazmerreír de la clase: a su edad no parece capaz de recordar las lecciones. Su severo profesor no le da tregua y decide que la ayude en el estudio Luisella, su brillante compañera.

Si Adelina empieza a ir mejor en el colegio no será gracias a la ayuda de su amiga, sino a un don extraordinario del que parece estar dotada: la capacidad de leer con el olfato. Este talento representa, no obstante, una amenaza: el padre de Luisella, un notario implicado en negocios no del todo claros, intentará utilizarla para descifrar el célebre manuscrito Voynich, el códice más misterioso del mundo.

El aroma de los libros

La biblioteca de los susurros

El silencio más cómodo se encuentra con una buena lectura. El diálogo interior consigue sus mayores y mejores efectos inducido por una lectura capaz de ambientar ese recogimiento necesario. Un recogimiento en el que la soledad mece hasta dejar en suspenso el tiempo y sobre todo los ruidos externos e internos…

En las afueras de Turín, en los años setenta, hay una casa junto al río donde todo se hace lo más ruidosamente posible: las ollas repiquetean en los fogones, los pasos resuenan en los pasillos, la radio grazna, los muebles crujen. Estamos en los años setenta y la pequeña Dora vive en este ambiente ruidoso con toda su familia, entre la que destaca su excéntrica tía abuela.

Un día, sin embargo, este extraño pero reconfortante equilibrio se ve interrumpido por el duelo; la casa se vuelve triste y silenciosa de golpe y, con la misma rapidez, Dora empieza a oír ruidos inquietantes. Para escapar de esta atmósfera opresiva, la niña encuentra refugio en un lugar donde reina un silencio que no es una manifestación de melancolía, sino de respeto y recogimiento: la biblioteca. Aquí Dora conocerá al «lector centenario», el abogado Ferro, quien ha dedicado toda su existencia a los libros y que decide poner a la niña bajo su protección para educarla en el placer de la lectura.

La biblioteca de los susurros

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