Los 3 mejores libros de Henry Roth

Uno de los pocos casos en los que se reconoce al escritor cuando ya ha fallecido. Caprichos del destino o jugarretas de haber nacido a destiempo. La cosa es que el originariamente ucraniano Henry Roth es hoy ese clásico de la literatura que jamás el habría sospechado ser. Y quizás también haya algo de sugerente magia, de poderoso magnetismo literario concebido como el ideal de escribir para contarlo, sin más pretensiones o al menos sin muchos logros en vida.

Quizas fuera por aquello de novelar con tintes biográficos, con un punto innegable de ideología. La potente voz del Roth que aún no llegaba a los treinta años y que encauzaba inquietudes en lo novelístico se acalló hasta muchas décadas después. Y es que uno puede desencantarse de la literatura sin dejar nunca de ser escritor.

Por buscar alguna similitud en un panorama más próximo podría citar al hoy triunfante Luis Landero, el escritor descubierto más allá de los cuarenta para encaramarse en el podium de la narrativa española sin imaginarse previamente por esas lides. Y manteniendo ese punto guadianesco del escritor que emerge sólo cuando tiene algo que contar. Los caminos de la literatura son inescrutables. Pero hoy estamos con Henry Roth. Y allá vamos con sus mejores novelas.

Top 3 novelas recomendadas de Henry Roth

Llámalo sueño

Todo es subjetivo, hasta el sueño americano. El etiquetado solo es un somero anuncio de lo que puede llegar a ser, de la mejor opción si la suerte va de cara. El otro Roth, como se le suele llamar a Henry en comparación con Philip Roth, con quien compartió orígenes judíos y oficio de escritor, nos ofrece un vistazo más amenazante de ese Estados Unidos en el que un niño descendiente de recién llegados a la gran manzana.

Ahí es como vemos que el sueño es una vieja esperanza a despertar de la pesadilla indemne para intentar ya sí apuntar a algún tipo de destino entre miedos arraigados, desconfianzas y ese extraño tamizado que, pese a todo, el escritor siempre quiere descubrir en la infancia sea cual sea el contexto.

Una brillante novela que nos alcanza desde las semblanzas compartidas de una visión infantil tratando abrirse camino hacia la madurez, aprendiendo de los golpes y desengaños que casi nunca tocan a esa edad y que, precisamente por eso nos llega con hondura.

En los años treinta, en plena crisis económica, un niño judío crece en Nueva York. A la vez que se enfrenta al entorno cerrado del gueto y a las peculiaridades de su familia, realiza su propio descubrimiento de un mundo demasiado hostil.

A merced de una corriente salvaje

Henry Roth posee seguramente el record de tiempo entre la opera prima y la siguiente novela. 58 años pasaron entre «Llámalo sueño» y esta segunda obra. Cuando todo el mundo pensaba, redescubriendo la calidad de su, hasta ese momento única novela, que no habría más, surgió esta otra novela con ínfulas de biografía. Y es que las mejores cosas se cuentan cuando se tienen que contar… Y vaya si tenía que contarnos Henry Roth.

El aviso de su siguiente obra era en realidad, una inmensa tetralogía compuesta por Una estrella brilla sobre Mount Morris Park, Un trampolín de piedra sobre el Hudson, Redención y Réquiem por Harlem. El recibimiento de la noticia fue apoteósico y llegó a ser comparada con la reaparición literaria de J. D. Salinger.

A medida que se desarrolla la historia, seguimos la turbulenta odisea de Ira Stigman, cuya familia se había mudado a la parte judía de Harlem, en Nueva York, en el «aciago verano de 1914». Desde los turbulentos años de juventud de nuestro protagonista hasta que nos encontramos a un Ira ya envejecido y acorralado por sus propios pecados, seguimos a Ira en un recorrido casi proustiano en el que entenderá que la modernidad ha hecho que en él se corrompan los valores y la fe de su familia.

La yuxtaposición de ambas voces «la de los niños lanzándose al mar entusiasmados y la de los adultos siendo arrastrados mar adentro por la resaca» revela el verdadero mensaje que se esconde en el corazón de esta profética novela americana, un mensaje que parte de la memoria y desemboca en el sentido de nuestra vida.

Un americano

Hay obras que nos llegan sin la completa certidumbre acerca de la voluntad de su autor por hacerlas públicas. Pero los herederos más inesperados son así. Y en cierta forma hay algo de morbo por conocer lo que un gran autor desecha. No se trata de una obra disruptiva sino de una continuación de ese punto de inflexión que para Henry supuso su descubrimiento del mundo y su repercusión en todo lo venidero.

El manuscrito de Un americano reposó intacto durante una década en los archivos de una oficina antes de caer en manos de Willing Davidson, un joven becario del departamento de ficción de The New Yorker quien, con una «creciente sensación de júbilo y de haber hecho un descubrimiento», reconoció que aquel manuscrito inédito poseía «un sorprendente vigor».

Un americano vuelve a presentarnos al álter ego de Roth, Ira, que abandona a su dictatorial amante por una pianista rubia y aristocrática. El conflicto que eso produce entre sus raíces en el gueto judío y sus aspiraciones literarias le obliga a abandonar temporalmente a su familia y dirigirse al prometedor lejano oeste. La obra póstuma de Roth no sólo es el último testimonio personal de la Depresión, sino también una desgarradora novela sobre la reinvención y la trascendencia del amor.

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