Los 3 mejores libros de Deborah Levy

En las √ļltimas fechas, Deborah Levy se mueve entre lo narrativo y lo biogr√°fico (Algo evidente con su √ļltima obra ¬ęAutobiograf√≠a en construcci√≥n¬Ľ dividida en varias obras). Un ejercicio literario como placebo para heridas del tiempo, desplantes de la vida y naturales renuncias forzosas. Pero es que curiosamente en esa fase de la edad adulta en la que se empieza a hacer recuento de bajas es cuando se consiguen las p√°ginas m√°s gloriosas. El preciso equilibro entre melancol√≠a y deseo, entre esperanza y desencanto marca nuevas rutas y explora senderos que solo en ese camino medio de la vida, que dir√≠a Dante, se puede uno adentrar para mayor disfrute de lectores en general.

Pero antes de tomarse a si misma como protagonista de sus libros (como curiosamente suelen hacer en mayor medida otras autoras por encima de autores. Tal que Gabriela Wiener con esa capacidad de la sinceridad m√°s descarnada de puertas hacia adentro), Deborah Levy tambi√©n nos contaba otras historias donde el foco hacia el exterior demostraba de inmediato ese extra√Īo don de los buenos narradores. Me refiero a la capacidad para captar la anomal√≠a, la extra√Īeza, el tic m√°s significativo en un personaje que pasa de lo anecd√≥tico a lo trascendental, del detalle a la fisonom√≠a completa. La cuesti√≥n es narrar sobre lo diferente para acabar demostrando, empat√≠a mediante, que no existe uniformidad ni normalidad bajo la que disfrazarse‚Ķ

Top 3 novelas recomendadas de Deborah Levi

Leche caliente

La particular historia vital de Sof√≠a se entreteje en ese extra√Īo limbo creado entre una maternidad asfixiante y una necesidad soterrada de autonom√≠a. Porque a sus veinticinco a√Īos Sof√≠a es muy joven, demasiado para entregarse abnegadamente a los cuidados de su madre Rose.

La dolencia de su madre es lo suficientemente indeterminada para considerar que tal vez no sea tal, o que tal vez no fuera para tanto… Una enfermedad que la vincula a su hija hasta el fin de sus días, como una condena por la deuda de la crianza anterior. Porque el padre hace tiempo que no está, y aunque Sofía se plantee buscarlo durante esta historia, la sombra de que de poco servirá siempre la cobija, con un cierto deje de desesperación.

La cuesti√≥n es que juntas, madre e hija, viajan desde Inglaterra hasta Almer√≠a, donde esperan poder encontrar alg√ļn tipo de cura en una cl√≠nica de referencia para enfermos desahuciados por la medicina tradicional.

Almer√≠a se extiende como un completo desierto, como la propia vida de Sof√≠a, antrop√≥loga de titulaci√≥n pero imposibilitada para buscarse un trabajo y una vida. Pero Almeria tambi√©n tiene su playa, con vistas al mar de Albor√°n, por donde anta√Īo transitaron tantos y tantos aventureros en busca de nuevos mundos.

Y en esas inspiradoras playas, Sofía aprovecha sus ratos libres para esparcir lo que queda de su alma. Hasta que conoce a Ingrid, una alemana residente, y también a un socorrista dispuesto a socorrer naufragios de todo tipo.

Sin duda alguna, los nuevos personajes entrantes en la vida de Sof√≠a evitan su propio naufragio total, o al menos aparecen como rescatadores para su parcela m√°s √≠ntima. La derrota lo es menos cuando Sof√≠a se entrega al sexo m√°s extra√Īo, como una venganza por todo su tiempo consumido bajo la carga de la enfermedad materna y la tutela de sus dominios con rancio aroma a imperio matriarcal.

Pero claro, el contraste siempre puede crear conflictos internos y la pareja perturbación de nosotros como lectores y descubridores del desequilibrio que acaba volteando la balanza vital de Sofía.

La metáfora de las aguas calientes por donde abundan las medusas que buscan carne trémula y caliente a la que aferrarse… el sexo improvisado como forma de lucha frente a la imposibilidad de la juventud y de la vida. El sol almeriense, por momentos generador de luces y de sombras, de imágenes sobreexpuestas, pero siempre intenso…

El hombre que lo vio todo

La sabiduría, en un alto porcentaje de ocasiones, reside en la ignorancia. Saberlo todo es condenarse a descubrir los abismos insondables de la voluntad humana. Así como las siniestras casualidades que hilvanan el destino.

En 1988, en Londres, el joven Saul Adler es atropellado por un Jaguar al cruzar el famoso paso de peatones de Abbey Road. Sin ninguna lesión aparente, al día siguiente parte hacia Berlín Este con una beca como historiador. Pero las lesiones provocadas por el accidente parecen más graves de lo que creía, y durante su estancia en Alemania empieza a tener visiones del futuro, como la caída del muro de Berlín.

En 2016, a√Īos despu√©s de haber regresado a Londres y en pleno Brexit, Saul es atropellado de nuevo en Abbey Road por el mismo coche. A partir de ese momento depender√° del relato ajeno para dar sentido a sus recuerdos, condensados en un complejo mosaico de personas a las que ha hecho da√Īo y detalles obsesivos en los que el pasado y el presente se entretejen en un c√≠rculo sin salida.

El hombre que lo vio todo es una profunda reflexi√≥n sobre la forma en que la historia se repite cuando no reparamos nuestros errores. Deborah Levy traza un inquietante viaje por la Europa de las √ļltimas d√©cadas, demostr√°ndonos que la memoria puede moldearse del mismo modo que las fronteras.

Nadando a casa

Nadando a casa lo hacen los peces. Unos con más esfuerzo que otro, como los salmones remontando río arriba para desovar cómo solo se puede hacer en el lecho caliente del hogar. Pero sí, también a los humanos les toca en ocasiones nadar rumbo a ese hogar que cada vez pilla más a contracorriente…

Nada m√°s llegar con su familia a una casa en las colinas con vistas a Niza, Joe descubre el cuerpo de una chica en la piscina. Pero Kitty Finch est√° viva, sale del agua desnuda con las u√Īas pintadas de verde y se presenta como bot√°nica‚Ķ ¬ŅQu√© hace ah√≠? ¬ŅQu√© quiere de ellos? Y ¬Ņpor qu√© la esposa de Joe le permite quedarse?

Nadando a casa es un libro subversivo y trepidante, una mirada implacable sobre el insidioso efecto de la depresión en personas aparentemente estables y distinguidas. Con una estructura muy ajustada, la historia se desarrolla en una casa de veraneo a lo largo de una semana en la que un grupo de atractivos e imperfectos turistas en la Riviera son llevados al límite. Con un humor mordaz, la novela capta la atención del lector de inmediato, sobrellevando su lado tenebroso con ligereza.

Otros libros recomendables de Deborah Levy…

Una casa propia

S√≠, la mism√≠sima Deborah Levy era el salm√≥n en busca de esa casa que le ha costado encontrar despu√©s de una trilog√≠a altamente recomendable para descubrir las mejores rutas de los viajes a destiempo. Porque la vida se inicia una vez y se puede reiniciar de manera incontable. Esta biograf√≠a en construcci√≥n de Deborah Levy nos ense√Īa a cambiar de rumbo en cada nueva bit√°cora, escapando siempre del Norte esperado‚Ķ

Deborah Levy imagina una casa en una latitud c√°lida, cerca de un lago o de un mar. All√≠ hay una chimenea y un mayordomo que atiende sus deseos, hasta el de discutir. Pero Levy en realidad est√° en Londres, no tiene dinero para construir el hogar que imagina, su apartamento es min√ļsculo y lo m√°s parecido a un jard√≠n en su casa es un banano al que entrega los cuidados que sus hijas ya no necesitan. La menor ha abandonado el nido, y Levy, a sus cincuenta y nueve a√Īos, est√° lista para afrontar una nueva etapa en su vida. As√≠, nos lleva desde Nueva York a Bombay, pasando por Par√≠s y Berl√≠n, mientras teje una estimulante y audaz reflexi√≥n sobre el significado del hogar y de los espectros que lo acechan.

Entretejiendo el pasado y el presente, lo personal y lo político, y convocando a Marguerite Duras, Elena Ferrante, Georgia O’Keeffe o Céline Schiamma, la autora indaga en el significado de la feminidad y de la propiedad. A través de sus recuerdos hace inventario de sus posesiones reales e imaginarias y cuestiona nuestra forma de entender el valor de la vida intelectual y cotidiana de la mujer. Después de Cosas que no quiero saber y El coste de vivir, esta obra es la culminación de una autobiografía escrita en el fragor de una vida que no está solamente protagonizada por Levy, sino por todas las mujeres que la sostienen con una red invisible.

Cosas que no quiero saber

No hay secretos m√°s inquietantes que los que se puede llegar a contar uno a s√≠ mismo. Una autobiograf√≠a escrita para ser le√≠da por el propio autor o autora es el ejercicio de sinceridad m√°s abrumador; el paseo del funambulista sin red sobre presente, pasado y futuro. y lo de Deborah Levy apunta a desnudez del alma por entregas. Aqu√≠ empieza ¬ęAutobiograf√≠a en construcci√≥n¬Ľ.

Deborah Levy arranca estas memorias recordando la etapa de su vida en que romp√≠a a llorar cuando sub√≠a unas escaleras mec√°nicas. Esemovimiento inocuo la llevaba a rincones de su memoria a los que no quer√≠a volver. Son esos recuerdos los que forman Cosas que no quiero saber, el inicio de su ¬ęautobiograf√≠a en construcci√≥n¬Ľ.

Esta primera parte de lo que ser√° un tr√≠ptico sobre la condici√≥n de ser mujer nace como respuesta al ensayo ¬ęPor qu√© escribo¬Ľ, de George Orwell. Sin embargo, Levy no viene a dar respuestas. Viene a abrir interrogantes que deja flotando en una atm√≥sfera formada por toda la fuerza po√©tica de su escritura.

Su magia no es otra que la de las conexiones impredecibles de la memoria: el primer mordisco a un albaricoque la traslada a la salida de sus hijos de la escuela, observando a las otras madres, ¬ęj√≥venes convertidas en sombras de lo que hab√≠an sido¬Ľ; el llanto de una mujer le devuelve la nieve cayendo sobre su padre en el Johannesburgo del apartheid, poco antes de ser encarcelado; el olor del curry la lleva a su adolescencia en Londres, escribiendo en servilletas de bares y so√Īando con una habitaci√≥n propia. Leer a Levy es querer entrar en sus recuerdos y dejarse llevar por la calma y el aplomo de quien ha aprendido todo lo que sabe (y todo lo que no querr√≠a saber) a fuerza de buscar su propia voz.

El coste de vivir

Deborah Levy empieza a escribir este libro cuando, con cincuenta a√Īos, se ve forzada a reinventarse: su matrimonio ha terminado, sus ingresos escasean, su madre se est√° muriendo y sus hijas empiezan a abandonar el nido. En un momento en que la vida tendr√≠a que volverse pl√°cida e imperturbable, Levy decide abrazar el caos y la inestabilidad a cambio de recuperar, oculto bajo capas y capas de resignaci√≥n, un nombre propio.

A trav√©s de un di√°logo con intelectuales como Marguerite Duras o Simone de Beauvoir, y mediante recuerdos que evoca con elocuencia, sensibilidad y un delicioso sentido del humor, Levy se pregunta cu√°l es ese papel ficticio escrito por hombres e interpretado por mujeres al que llamamos ¬ęfeminidad¬Ľ. Cualquiera que haya luchado por ser libre y por construir una vida propia sabe que es precisamente eso: una lucha constante en la que se paga un coste por vivir.

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