Los 3 mejores libros de Cristina Sánchez Andrade

Hay escritores encantados de haberse conocido. Narradores convencidos de sus tramas como verdaderas obras maestras de arquitectura literaria. Después están otro tipo de escritores que hacen del oficio ese sincero ejercicio de prospección del alma y proyección de la imaginación.

Para lo cual nunca está de más dotarse de las herramientas que facilitan a la imaginación el derroche de energía. Después ya todo fluye y la ironía puede dejarse manosear por el humor, mientras el surrealismo se desmadra lascivo sobre lo indudable. Frenesí de ideas y sensaciones en ese cuarto oscuro que es el mundo. Deleites inconfensables con una literatura que no se anda con remilgos ni tramas estrechas.

Aún no he nombrado a la autora en cuestión. Ella es Cristina Sánchez Andrade y su bibliografía siempre supone un grato encuentro con el existencialismo más empeñado en no dejarse nada, para ser justamente eso en absoluto. Lo ligero y lo pesado. El tiempo más fugaz desde el que mana la vida cada vez más desbocada hasta el eterno segundo que nunca avanza ya sea por suma felicidad o inasumible melancolía. Reflejos de la existencia desde lo cotidiano hasta lo que pueda haber de trascendental en nuestro paso por el mundo. Escenarios muy concretos y personajes de facil hospedaje en su piel y sin embargo también fantasías o al menos símbolos como elaborados en sueños. Una autora muy recomendable.

Top 3 novelas recomendadas de Cristina Sánchez Andrade

El niño que comía lana

Por paradójico que suene, cuando se selecciona en primer lugar un libro de relatos de cualquier escritor, se está confirmando la valía en la literatura de distancias cortas. Porque los relatos son ese enfrentamiento a cara de perro en el ring; o ese beso fugaz de los amantes casuales; o ese descubrimiento de las primeras cosas tan injustamente breves. Lo eterno es justamente más accesible cuando se lee de una sentada.

Un niño traumatizado por la desaparición de su cordero empieza a comer lana, que vomita en forma de bolas; un ama de cría sueña con emigrar a América mientras mantiene la leche utilizando a un perrito; a un marqués le proporcionan dentaduras postizas de dudosa procedencia; a un niño le extirpan las amígdalas, que acaban convertidas en trofeo; un náufrago logra sobrevivir gracias a un secreto inconfesable; una anciana toma una decisión inaudita tras la muerte de su marido; un oficinista selecciona por catálogo a una novia que al final resulta no ser la mujer con la que soñaba… Estos son algunos de los estrafalarios protagonistas de los jugosos cuentos reunidos en este volumen.

Moviéndose entre lo macabro y lo irónico, entre la fábula y el esperpento, el realismo más crudo y la fantasía más desaforada, estas historias son una excelente muestra del particular, inimitable y estimulante universo literario de Cristina Sánchez-Andrade. En ellas asoman la Galicia rural, la España profunda, los escenarios de sainete, los personajes estrambóticos y las situaciones imposibles. Aparecen la muerte, el sexo, la codicia, las ensoñaciones, los engaños y los desengaños, pero también algún que otro crimen, toques grotescos, pinceladas macabras y un humor peculiarísimo, descacharrante y a veces perturbador.

La autora, que ya dejó constancia de la potencia de su personal voz en estupendas novelas como Las Inviernas y Alguien bajo los párpados, demuestra aquí un dominio prodigioso de la distancia corta con relatos que seducen y sorprenden, llenos de giros inesperados. Cuentos deliciosamente perversos, inquietantemente divertidos, pérfidamente sugerentes.

La nostalgia de la mujer anfibio

Como diría Sabina, «no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca, jamás, sucedió». Tras el telón de la realidad, las leyendas conforman esa suerte de épica nostágica que engrandece los hechos o los enrarece. Al final queda el compendio a ambos lados de los hechos. La literatura de Cristina se encarga en este caso de empastarlo todo con esa mágica sensación final de lo vivido en otras pieles para sentir que todo es cierto, trágicamente cierto.

La anciana Lucha está a punto de morir asesinada por su marido ante la mirada atónita de su nieta. El origen del rencor acumulado durante décadas se remonta a la madrugada del 2 de enero de 1921. La joven Lucha vivió el naufragio del vapor Santa Isabel en la bocana de la ría de Arousa, frente a la isla de Sálvora. Mientras los hombres celebraban la llegada del año nuevo, las mujeres se enfrentaban solas al rescate de los náufragos lanzándose al mar con sus dornas.

Fueron consideradas heroínas, pero también se escucharon rumores acerca de comportamientos no tan épicos, en los que convivían la codicia y el pillaje. Aquella noche Lucha acudió a la playa vestida de novia: arrastraba su larga cabellera, y dejó que la confusión la condujese frente un náufrago desnudo pero tocado con un sombrero de copa. ¿Quién era? ¿Un músico inglés o la encarnación del diablo? ¿Por qué Lucha acabó desnuda como él? Lo que sucedió aquel día marcará su vida, la de su hija y también la de su nieta.

La combinación de un hecho histórico de enorme repercusión en su día, con la ficción permite a Cristina Sánchez-Andrade hacer un singular recorrido por tres generaciones de mujeres de una pequeña comunidad pesquera llena de personajes memorables (como el enigmático hippie Stardust, o la mojigata Jesusa).

Una vez más, la autora mezcla con pericia el realismo más crudo con el delirio surreal, convocando certeros aromas del tremendismo de Cela, el realismo mágico de Cunqueiro y el esperpento de Valle-Inclán. El resultado es una novela fascinante: una reflexión sobre la memoria en la que intervienen secretos y celos, la culpa colectiva y el deseo femenino; un desafío al lector, escrito con una destreza técnica y una prosa excepcional, capaz de crear un juego hipnótico que no concluye hasta la última página.

Alguien bajo los párpados

Hay quien enfatiza el amor como la niña de los ojos. Pero nada más valioso que aquello que se ubica en los párpados cuando los apretamos para escapar de la luz cegadora o cuando se convierten en el escenario por donde transcurren los sueños. Porque esos son los que siempre quedan, tan imposibles e incontrolables como ciertos en el ínterin desde el despertar hasta la llegada de la aplastante razón.

Dos ancianas, Olvido Fandiño y su criada Bruna, deciden emprender un viaje, un último viaje. Lo harán en un viejo Volkswagen escarabajo, en cuyo maletero introducen un bulto sospechoso que parece un cadáver. Conducirá doña Olvido, que para algo es la orgullosa poseedora del primer carnet de conducir expedido a una fémina en la ciudad de Santiago.

Ambas mujeres (que llevan media vida juntas, se pelean todo el día pero no saben vivir la una sin la otra) forman una extraña pareja. Quedaron unidas para siempre por un hecho terrible del pasado: un hecho relacionado con el matrimonio de Olvido con un abogado con simpatías galleguistas, la excéntrica familia de este –que incluye a un hermano coleccionista de muñecas que hace misteriosos viajes a París y una madre maniática de los bacilos y la limpieza– y los amoríos de la criada de la casa, con el trasfondo del estallido de la guerra civil y el mundo rural gallego.

En su último viaje (que acaso lo sea también al pasado, con su carga de odios y recuerdos, y tal vez en busca de ese «alguien» bajo los párpados) se sucederán los percances y los encuentros variopintos: con un reportero de televisión tal vez interesado en entrevistar a doña Olvido porque supuestamente conoció a Álvaro Cunqueiro, o con una pareja de guardias civiles que las ayudarán en la búsqueda de la dentadura postiza de Bruna, que ha salido disparada por la ventanilla. 

Entre el esperpento y la road movie senil, esta novela chiflada con toques macabros narra la fuga de dos mujeres que son una mezcla de Thelma y Louise y las entrañables y temibles ancianas de Arsénico por compasión en versión gallega. Porque Olvido y Bruna dejan a su paso un reguero de cadáveres tanto en el presente como en el pasado. Cristina Sánchez-Andrade forja dos personajes inolvidables a los que somete a una peripecia enloquecida, desternillante y desoladoramente humana.

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