3 mejores libros de Per Wahlöö y Maj Sjöwall

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En el para mi extraño arte de la escritura a cuatro manos (una fórmula explotada perfectamente en la actualidad por Alexander Ahndoril y Alexandra Coelho Ahndoril bajo el pseudónimo de Lars Kepler), encontramos a otros dos suecos que pudieron marcar la pauta del éxito de los Kepler, pues ellos fueron los primeros en perfilar esas historias expuestas a un espacio creativo compartido. Me refiero por supuesto al equipo formado por Maj Sjöwall y su ya fallecida pareja: Per Wahlöö.

Sea como fuere, lo cierto es que en esto de los tándem literarios, este país nórdico parece llevar la batuta, además para un mismo género de lo criminal que, en el caso de Sjöwall y Wahlöö, se tomó como referente del género que incluso el más grande del siempre pujante género negro,  Henning Mankell, tomó como ejemplo para el desarrollo de sus sagas en torno a Kurt Wallander heredero del Martin Beck creado previamente por esta inolvidable pareja.

A esta fértil unión debemos un auténtico decálogo del crimen. Un conjunto de tramas que pivotan en torno a un Martin Beck seguramente enriquecido como personaje gracias a esa conjunción de su paternidad narrativa. Porque Martin Beck nace de la inspiración de Ed Mcbain y de su distrito 87 plagado de detectives. Y Beck acaba mimetizando con muchos de ellos, acopiando en un solo personaje multitud de aristas que bordean el espíritu contradictorio del ser humano, capaz de lo peor y lo mejor, de sucumbir a la tentación para volver a reencontrarse finalmente con el buen camino. Un tipo enigmático, imprevisible pero enriquecido en las 10 novelas por las que transita como un funambulista sobre la cuerda floja del bien y del mal.

3 mejores libros de Per Wahlöö y Maj Sjöwall:

  1. Roseanna: La primera novela de esta pareja salió allá por 1965, cuatro años después de uno de los más fructíferos encuentros de la literatura. Actualmente se puede considerar uno de esos clásicos del género que, gracias a su elegancia y su magistral desarrollo pretendidamente literario y alejado de efectismos oscuros o macabros reclamos, nos invita a un viaje atemporal a esos difusos orígenes del negro como combinación equilibrada entre lo policíaco y el thriller. La víctima de la historia apenas mantiene vínculo alguno con una lista de sospechosos que se extiende hasta casi la centena. La desesperación va guiando a un Martin Beck en cuyo debut ya descubrimos la intensidad y meticulosidad del investigador. Para poder cerrar el círculo en torno al asesino de esta joven llegada de un lugar tan remoto como desvinculado de la más mínima pista, Martin Beck deberá contemplar cualquier mínimo detalle y estirar el más mínimo indicio para dar con algo que empieza a derribar el muro de un instinto asesino que puede ser guiado por la pasión más intempestiva o por el más meditado de los desenlaces…
  2. La habitación cerrada:  Las dudas sobre cual es mejor Entre Roseanna y La habitación cerrada resultan gigantescas. Entre la tensión hecha elegancia narrativa de Roseanne y la valoración de una trama de mayor voltaje como es el caso de La habitación cerrada la decisión siempre será personalísima. La perspectiva del asesino en serie siempre aporta ese añadido de lo que puede llegar a ocurrir, el punto morboso de si la poli llegará antes de que el asesino encuentre una nueva víctima. En esta octava entrega de la saga, el equipo narrativo debió dejarse la piel para conseguir ese efecto compensado entre la acción de un atraco y la aparición de una víctima hecha dilema porque la muerte asoma sin móvil ni posibilidad humana de haberse materializado. La habitación en la que yace la víctima se nos presenta como un desafío al intelecto, como un reto, un enigma a la altura de la más desconcertante Agatha Christie. Mientras los ladrones son buscados en una persecución por momentos cómica, tanto lector como el propio Martin Beck se pueden empezar a preguntar si todo aquello no es más que una maniobra de despiste…
  3. Los terroristas: Leer esta décima y última novela sabiendo que ya no puede haber continuación supone un punto de decepción melancólica. Con esta historia despedimos a un Martin Beck que nos ha ganado a base de grandes historias incluso al filo de la muerte. Y para salir de escena, Martin Beck debe afrontar uno de esos casos en los que la espada de Damocles se cierne sobre su persona, con una responsabilidad sobrehumana al hacerse cargo de la seguridad durante la visita de un político estadounidense que, por otro lado, no se lo pondrá nada fácil. Corren días difíciles en una Suecia sacudida por el miedo hace poco tiempo. Y cualquier mínimo detalle puede despertar la psicosis de todo aquellos que deben velar porque nada ocurra. Solo Martin puede asegurar que la cosa salga bien. O al menos así asume la misión hasta que su seguridad va resquebrajándose hasta puntos insospechados. Nada a su alrededor parece preparado para evitar el desastre, y los especialistas del miedo masivo sabrían encontrar el fallo desde el primer momento.

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