3 mejores libros de Aro Sáinz de la Maza

En eso de construir semblanzas para el autor de turno siempre se encuentran perlas. Para documentarme en el caso de Aro Sáinz de la Maza me pareció interesante la que encontré en algún lugar de Internet: “Inició su carrera literaria mientras presuntamente realizaba sus estudios universitarios”. Me llamó la atención porque me recordó a mí mismo encerrado en mi habitación, con los libros de la oposición a un lado mientras aporreaba el teclado con la fantasía de turno.

Así se forja un escritor, entre renuncias a lo real y consecuentas entregas a lo ficticio. Sin sentimientos de culpa ni noción de pérdidas de tiempo. Se escribe porque se escribe, porque lo pide el cuerpo. Nada más.

Claro que, en el caso de Aro, su carrera alcanzó mayor resonancia que la que aquí este bloger acabó consiguiendo (aunque como véis, sigo escribiendo). Y así Aro ya come en la misma mesa (o más bien los demás comen con él por aquello de la veteranía) que otros autores del negro más intenso como Mikel Santiago, Víctor del Árbol, Javier Castillo o César Pérez Gellida, entre otros.

Top 3 novelas recomendadas de Aro Sáinz de la Maza

El verdugo de Gaudí

Cuando uno se pone a escribir novela negra la posibilidad de arrancar con la víctima de turno, cual ecce homo de la maldad del ser humano, aparece siempre como opción poderosa.

Se cuenta con la mirada morbosa de un lector que no puede apartar la vista sobre lo ominoso, con esa curiosidad más bien enfermiza por aproximarnos a la muerte o con la intención de ir ya fijando pistas en el instinto investigador. Así empezaba esta novela, con la muerte envuelta en siniestras llamas para presentar entre los resplandores a un protagonista emblemático de serie: Milo Malart. En la fachada de La Pedrera aparece colgado un cuerpo en llamas. La investigación posterior descubre un grado de crueldad extrema: la víctima fue colgada viva antes de prenderle fuego.

Todo indica que en la Barcelona para turistas ha empezado a actuar un psicópata. Y políticos, policía y jueces tienen prisa por detenerlo. Para ello, el Grupo Especial de Homicidios de los Mossos pide ayuda al inspector Milo Malart, apartado del servicio por un expediente disciplinario. Sólo él parece capaz de detener al monstruo que amenaza con sembrar Barcelona de cadáveres.

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El ángulo muerto

Segunda entrega de la serie de un Milo Malart que en su verosimilitud, en sus contradicciones y ubicado en una Barcelona asaltada desde dentro por la crisis, evoca al inspector Méndez del mismísimo González Ledesma. Solo que en estos días todo pasa por un mayor reclamo de la sangre y la violencia.

La crueldad del ser humano no tiene límites y alguien lleva a cabo una matanza de perros en Barcelona para luego perpetrar con sus cuerpos unos rituales macabros en parques infantiles, provocando indignación en la ciudad. Sin embargo, las cosas pueden ir a peor. Cuando aparece el cuerpo de una estudiante universitaria estrangulada en un bosque, el caso adquiere una nueva dimensión. Mientras un frente frío golpea la ciudad y la lluvia cae sin cesar, el inspector Milo Malart intenta esclarecer una serie de crímenes por las calles de una Barcelona devastada por los estragos causados por la crisis, con el desempleo y la corrupción como telón de fondo.

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Dócil

Cierto es que más allá del principio del magnetismo (o quizás precisamente por él) todo lo contrario se atrae conforme más se polariza. El amor puede alcanzar un punto tan intenso que ir un poco más allá es odiar. Todo existe por su contrario, y en eso de cabalgar contradicciones, los asesinos, al menos, lo tienen claro… Milo Malart sigue teniendo mucho de qué soprenderse en cuanto a la dicotomía natural del ser humano.

El lunes al amanecer, un joven se presenta en comisaría empapado de sangre de pies a cabeza. «Todos están muertos», balbucea, y acto seguido se desmaya. El análisis de su ropa revela que la sangre pertenece a tres personas como mínimo. ¿Se encuentran ante una víctima más, el superviviente de una matanza? Pero entonces, ¿por qué guarda silencio cuando recupera el conocimiento? Cabe otra posibilidad: que se trate del asesino. Sin embargo, su entorno lo define como un chico dócil, incapaz de matar una mosca. ¿Quién es en realidad Lucas Torres?

Milo Malart, policía judicial de los Mossos, se enfrenta a un caso particularmente cruel y complejo. En una ciudad convulsa, sumido en una extraña sensación de irrealidad, está dispuesto a resolverlo, aunque le suponga un alto coste personal.Los personajes de Dócil van en busca de un anhelo ―el amor, el amor correspondido― como última tabla de salvación para no naufragar. Aferrados a esta ilusión como única esperanza, mendigan por una ensoñación tan efímera como pueril, un espejismo alimentado por el miedo a la soledad. Y todo por unos instantes de aliento, fugaces, demasiado escasos para fertilizar un sentido. Especialmente cuando puede significar la muerte. O algo peor: el terror absoluto.

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