Las 3 mejores películas de Mel Gibson

Dos grandes actores destacan sobremanera al otro lado de la cámara. Y es que nada más inteligente que asegurarse el futuro, cuando uno aún es un actor requerido para las grandes producciones, que aprender del oficio de la dirección para cuando las arrugas no encajen en casi ningún papel (Salvo el caso de Morgan Freeman que siempre encaja con algo). Porque aquí nos vamos a centrar en las mejores películas de Mel Gibson como director. Evidentemente no querrás que hable de Arma Letal I, II, III o IV…

La cuestión es que en lo que decía de grandes actores primero y directores después, por un lado está Clint Eastwood y por otro Mel Gibson. Tanto monta, monta tanto. En ambos casos sus apariciones como actores habían decaído notablemente y así como Robert DeNiro ha ido aceptando papeles con menos gracia, estos dos se parapetan tras la cámara y salen a interpretar solo cuando un papelón les puede dar cobijo.

Claro que para dirigir hay que valer. Y con eso de valer me refiero a, desde el buen instinto para el guión, como la capacidad para encontrar los mejores planos o sacar lo mejor de los personajes. A resultas de las grandes pelis de uno y otro, a fe que aprendieron a conciencia a dirigir…

Top 3 mejores películas de Mel Gibson

Apocalypto

Una epopeya al borde del mestizaje entre Europa y la América a descubrir. Una trepidante historia de supervivencia en el mundo maya que derrocha acción pero que también transmite una empatía sobrecogedora. Será cosa de sus conversaciones completamente en lengua mayense o la perfecta ambientación en ese mundo selvático, sometido a normas ancestrales donde tenían cabida sacrificios y castas.

La película está salpicada de momentos míticos, rodados con gran maestría. Por ejemplo: el momento del sacrificio en la cúspide de la pirámide por donde ruedan cabezas y a cuyo juicio sumario se ve conducido Garra Jaguar pero que finalmente esquiva gracias a un eclipse que convence a todos de que los dioses no están conformes con la sangrienta ostentosidad.

Pero lo mejor llega en las últimas escenas. Tras la tensión por la persecución y el riesgo inminente de muerte del prota y su familia llegamos a un apoteósico final, catarcico y siniestro, una verdadera maravilla que merece la pena disfrutar. Me quedaría muy a gusto contándolo aquí. Pero me privo por si acaso eres de los afortunados que aún no ha visto la peli…

Braveheart

Fui a ver esta película con un amigo al cine. Al salir me dijo que le encantaría pillar una espada y asaltar un fuerte o el ayuntamiento del pueblo en su defecto, cualquier cosa que sonara a poder. Y es que se trata de una peli de épica pocas veces alcanzada. Similar caso al de Gladiator o, buscando un simil literario, a «El conde de Montecristo». Por lo menos en la idea de la venganza más justa como causa vital.

Un largometraje que tenía de todo, romanticismo por el amor perdido y el atisbo de nuevos amores imposibles por la deuda espiritual con ese mismo amor. Pero también escenas castrense inolvidables con los escoceses enfrentándose a todos como aquellos 300 espartanos que les diero cera a los persas. Con William Wallace capitaneándolos nada podía salir mal. Su ingenio era capaz de plantear estrategias nunca antes vistas que enardecen a imprevistos soldados y a desconcertados espectadores.

Luego está la política, cómo no. Y cuando los señores escoceses se ponen a negociar con los ingleses para asegurarse sus dominios por encima de la incipiente revolución liberadora. Traiciones que apuntan al fin de la gran obra de Wallace, amigos que nunca lo abandonan, toques de humor y la forja de la leyenda que ya venía cargadita por las crónicas de su época.

La pasión de Cristo

Rodar una película sobre Jesucristo en sus últimos días no tiene mucho de aventurarse a novedades argumentales. Y tampoco los acontecimientos apuntan al giro sorprendente o al descubrimiento de muchos otros hilos argumentales. Pero, tal como hacía JJ Benítez en su serie de «Caballo de Troya», siempre se puede profundizar en el personaje y los sucesos hasta lo nuclear.

Gibson quiso hacer del sufrimiento sobrehumano sensación física. Si el hombre fue capaz de ajusticiar a Dios a golpe de fústiga, de espinas incrustadas, de lanzas en el costado y de clavos en las manos, ¿Por qué no representarlo de la forma más fidedigna? Ponernos en el pellejo de Jesucristo no es cualquier cosa.

De hecho la cinta apuntó a la blasfemia para no pocos círculos eclesíasticos o para comunidades judías, porque en las últimas 12 horas de la vida de Cristo que narra Gibson la sangre nos salpica con pleno efectismo. Soliviantar a según que ámbitos con el mero reflejo de lo ocurrido significa que se ha acertado de pleno.

Un película salvaje… quizás. Pero seguro que mucho menos que lo que los propios hombres hicieron a Dios vivido en primera persona, o desde los ojos de una madre y unos amigos que, quizás por lo excesivo del castigo, se convencieron de la necesidad de transmitir su mensaje.

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