La señora March, de Virginia Feito

Cuando una nueva autora como Virginia Feito es comparada con Patricia Highsmith la responsabilidad pende como una espada de Damocles en espera de que la crítica general de los lectores termine por sentenciar el asunto. Ratificar la acertada comparación, como va apuntando la idea conforme se extendie esta obra, supone un descubrimiento muy oportuno.

Más que nada porque el género policíaco (devorado actualmente por un noir que apunta más a derivadas narrativas criminalísticas), siempre tiene un punto de mayor enjundia narrativa donde el autor de turno apunta a mayores cotas. Aspectos que pueden ir desde la invitación a la deducción a la par que un acercamiento a los protagonistas desde aristas insospechadas.

Nunca sabe uno donde está el asesino, el secreto, el descubrimiento de realidades ocultas que subyacen en lo cotidiano como revelaciones finales que rompen en el ingenioso giro. Todo puede empezar azarosamente, y casi mejor que así sea para que el asunto vaya rompiendo como ese océnao de circunstancias que primero rompe la realidad y después deja con su resaca esos restos que recuperar para descubrirnos increibles naufragios con los que por fin todo encaja.

La última novela de George March es un gran éxito. Nadie se enorgullece tanto de ello como su devota esposa, la señora March, que lleva una vida exquisitamente controlada en el Upper East Side. Una mañana cualquiera, mientras se dispone a comprar el pan de aceitunas en su pastelería favorita, la dependienta insinúa que la protagonista del nuevo libro de George parece inspirada en ella. Este comentario casual le arrebata la certeza de saberlo todo sobre su esposo —y sobre ella misma—. Así empieza un viaje alucinado y alucinante que puede desvelar un asesinato y secretos sepultados durante demasiado tiempo.

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