3 mejores libros de Sara Mesa

Acunada en las letras desde la poesía, Sara Mesa acabó trasladando pronto su lírica hacia la prosa, principalmente volcada en la novela, con el habitual resultado preciosista en las formas y hondo en el fondo de la narración.

A tenor de los resultados, se puede considerar que la materialización del escritor germinado desde raices en verso, dota al narrador de una particular voz, de una impronta que distingue. Recuerdo ahora a Benjamín Prado o a Carlos Zanón, autores de bibliografía diversa que también devinieron desde el mundo de las rimas.

En el caso de Sara Mesa, el paso del verso al párrafo se convierte en una brillante carrera trufada de grandes historias galardonadas en prestigiosos premios.

Con incursiones recientes en el ensayo, Sara Mesa es ya una de esas autoras versátiles, comprometidas (como se suele decir) en trasladar su visión cronístico de nuestros días. Dotada de su potente imaginario, cargado de imágenes, Sara Mesa escribe sobre ese mundo que queda siempre aparte, pendiente de redescubrir por lectores que descubren la latencia oculta del mundo, mecanismos esenciales de nuestra realidad que solo los escritores con alma de poetas saben presentarnos.

3 novelas recomendadas de Sara Mesa

Un amor

En ocasiones el lenguaje nos desborda en su riqueza incapaz pese a todo de la definición perfecta, de la palabra oportuna, del significado esclarecedor que muestre todo lo que nos mueve. Un ejercicio narrativo este que desnuda esas miserias. Una fantástica resignación, la claudicación ante la imposible trascendencia del concepto desde la expresión limitada de cualquier idioma. El amor sería la nota que jamás se puede alcanzar, pero tan solo es el final o el principio de las increibles limitaciones que pese a todo ofrecen un mosaico de rabiosa humanidad en busca de horizontes inalcanzables. No se trata de lo grandioso ni de lo grandilocuente sino del detalle, la esencia y lo anecdótico. Allí donde reside esa verdad estremecedora que nos carga de una extraña belleza melancólica de lo imposible.

La historia de Un amor ocurre en La Escapa, un pequeño núcleo rural donde Nat, una joven e ​inexperta traductora, acaba de mudarse. Su casero, que le regala un perro como gesto de bienvenida, no tardará en mostrar su verdadera cara, y los conflictos en torno a la casa alquilada –una construcción pobre, llena de grietas y goteras– se convertirán en una verdadera obsesión para ella. El resto de los habitantes de la zona –la chica de la tienda, Píter el hippie, la vieja y demente Roberta, Andreas el alemán, la familia de ciudad que pasa allí los fines de semana– acogerán a Nat con aparente normalidad, mientras de fondo laten la incomprensión y la extrañeza mutuas.

La Escapa, con el monte de El Glauco siempre presente, terminará adquiriendo una personalidad propia, oprimente y confusa, que enfrentará a Nat no solo con sus vecinos, sino también consigo misma y sus propios fracasos. Llena de silencios y equívocos, de prejuicios y sobrentendidos, de tabús y transgresiones, Un amor aborda, de manera implícita pero constante, el asunto del lenguaje no como forma de comunicación sino de exclusión y diferencia.

Sara Mesa vuelve a confrontar al lector con los límites de su propia moral en una obra ambiciosa, arriesgada y sólida en la que, como si de una tragedia griega se tratara, las pulsiones más insospechadas de sus protagonistas van emergiendo poco a poco mientras, de forma paralela, la comunidad construye su chivo expiatorio.

Cara de pan

Desde que Casi y el Viejo se conocen, asumimos lo indecente, o al menos lo inapropiado. Y es entonces cuando Sara Mesa ya nos tiene ganados para la causa de enfrentarnos a esos imposibles perfilados desde lo moral.

Porque sí, es indebido que un adulto se relacione con una niña, hasta ominoso desde el primer vistazo. Pero más allá del amor hecho tabú, Sara Mesa nos conduce hacia otros significados de los símbolos que hacen tambalear los totems éticos. Quizás con intención soliviantadora, puede que con voluntad para inquietar y desubicar…, la cuestión es que la tela de araña de nuestra conciencia, que se va tiejiendo conforme la relacion entre los amantes imposibles a nuestra luz crece, sirve para que la trama nos invite a seguir avanzando por la tela de araña mientras nos atrapa irremisibilemente.

Porque lo prohibido engancha desde que el ser humano dispone de razón. Y nadie se entrega con más ansia a lo prohibido que los que se sienten separados, maltratados por su entorno. Desde su condición de malditos para sus circunstancias, los protagonistas despedazan las convenciones sociales que acabaron por marginarlos en su naturaleza de víctimas colaterales. Es curioso como en su aparente sencillez, en la fluidez de sus escenas, la autora siembra semillas existenciales desde la trascendencia de sus imágenes perturbadoras.

Cuatro por cuatro

Planteada prácticamente como una distopía, un espejo, un símbolo del devenir social, esta novela nos ubica en esa privilegiada situación de quien observa todo un entorno cerrado, un pequeño mundo que acaba siendo pequeña réplica de todo cosmos social.

Nos adentramos bajo el sobrio umbral de entrada del Wybrany College, con esa sensación de ir avanzando por un nuevo mundo con sus estrictas reglas. Y vamos conociendo la estratificación social de alumnos, profesores y padres con el horizonte de un inquietante misterio, como no podía ser de otra forma cuando se atisba el mecanismo esencial de todo mundo y sus intereses subyacentes. Educación, formación para chicos y chicas que apuntan a la esperanza para un mundo decadente.

Chavales privilegiados en los que se pone toda la esperanza de un posible porvenir. Conductismo desde el mismo momento en el que los muros y las puertas se cierran y el sempiterno espíritu rebelde de internos como Celia y otras amigas que pretenden abandonar aquel gris espaci asfixiante. Porque, lógicamente hay cosas que no sabemos acerca del funcionamiento del Wybrany College, aunque intuímos esa tensión que desemboca en extrañamiento, alienación, conatos de violencia. Hasta que al final la luz del entendimiento se abre camino con su lucidez casi cegadora.

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Cicatriz

Una novela que lo criba todo con el extrañamiento para acabar descubriendo esas contradicciones y dicotomías que mueven aspectos esenciales como el amor o lo cotidiano.

Sonia y Knut, dos personajes que retroalimentan su visión alienada del mundo, que se magnetizan pero que, desde la perspectiva de Sonia al menos, también llegan a rozar ese hartazgo frente a una personalidad tan simétrica a la suya como la de Knut. Porque él, ese desconocido que entró en su vida desde la lejana existencia de una IP, le expone su visión del mundo tan fascinante como aberrante, esa forma de pasar por el mundo olvidando las pautas morales, las actitudes regladas, con la autoridad de quien se cree sabedor de verdades ajenas al resto del mundo.

Knut tiene tanta razón y tan fundamentada que hace sentir en Sonia esa sensación de desbordamiento de su realidad. Alejarse de él es una tentación imperiosa. Pero la semilla de esa desubicación de la que es necesario escapar ya está sembrada y la vida de Sonia avanzará por designios improvisados de negación frente a lo impuesto.

Con apuntes sobre las motivaciones para abordar el oficio de escribir, en torno a ese laberinto que supone ir en busca de las motivaciones más internas, la relación de amor y desapego entre Sonia y Knut nos adentra en aspectos filosóficos y metafísicos en una sociedad fría que abandona cualquier pretensión de clarividencia. Pero además de ese aspecto filosófico que plantea preguntas sobre mil aspectos, aunque tamizado por la agilidad de la trama, los escenario varían entre lo onírico y lo extraño, hacia planteamientos sorprendentes en su contínua mutación.

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