3 mejores libros de Paolo Cognetti

El escritor Paolo Cognetti es uno de esos autores empeñado en deslizar en su literatura de ficción un punto de trascendencia, de poso casi filosófico, de gusto a historia con implicaciones humanistas.

Y sin embargo no se trata de escribir historias con moraleja ni tampoco disfrazar la trama de complejos ramificaciones. Cognetti solo parece buscar una suerte de impresionismo, un lienzo existencial en torno a personajes presentados en la desnudez de sus emociones, casi siempre con una noción positivista dentro del innegable toque realista que acaba deslizando la melancólica sensación del paso del tiempo.

Protagonistas que parten al reencuentro con lo que fueron, confesiones después de lo vivido cuando eso, lo vivido, ubica ya a estos personajes en una mitad de la vida de la que Dante ya habló en La Divina Comedia.

Claro está que todo lo que sea replantear jugosos dilemas introspectivos en la actualidad siempre aporta esa escenografía mimética, ese natural conocimiento de tanto por lo que el protagonista puede estar pasando. Y si además las acciones propuestas aportan ese interés de la aventura personal, mejor todavía.

Top 3 libros recomendados de Paolo Cognetti

  • Las ocho montañas: La amistad sin trivialidades, sin subterfugios. Pocos somos los que podemos contar amigos con los dedos de una mano, en el concepto más profundo de amistad, en su significado libre de todo interés y fortalecido con el trato. En suma el afecto más allá de cualquier otro vínculo de donde se desprenda algún tipo de reciprocidad.

    Lo que se nos narra en este libro entre Pietro y Bruno nos devuelve a la esencia de lo que fuimos, a aquella amistad que alguna ocasión entablamos, a aquellos lazos que anudamos incluso con sangre.

    Crecer no tiene porque ser siempre abandonar paraísos. Mientras seas capaz de mantener aquel o aquellos amigos con los que trabaste ese afecto irrompible, podrás crecer reconciliado con tu infancia que te vió partir. Una lectura emotiva y trascendental, una comprensión para nada profunda sino liviana sobre la magia del destino que va y viene, que te reclama como parte de otra persona y que solo con ella vuelves a encontrar sentido a tu paso errante por el mundo.

    Pietro se abre paso entre ciudades, se forja uno de esos porvenires ganados a pulso con esfuerzo y tesón. Bruno se queda entre las montañas de los Dolomitas. Pero ambos saben que ahí, entre altos picos, extensos prados y profundos desfiladeros tiene un tiempo detenido que los espera.

    Un paréntesis para compartir con Dios o con quien sea sus apreciaciones sobre el pasado y el futuro, sobre los padres, sobre el amor, sobre la culpa y sobre los sueños. Una novela que se abre paso por todo el mundo como un eco inextinguible nacido entre las ocho montañas.
Las ocho montañas, de Cognetti
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  • El muchacho silvestre: La alegoría del abandono como filosofía. La bendición del asceta como único placebo hacia la liberación. El niño que ahora es un hombre encuentra difícil acomodo en las convenciones sociales, en las fórmulas ya planteadas, en los encajes ideológicos.

    El narrador emprende camino. Los primeros pasos están llenos de incertidumbre. Pero conforme anda, el tipo va descubriendo que el asunto trata de sobrevivir para sentir que estás vivo, que no hay peor empeño que dejarse llevar por la inercia. Que lo que lo podía esperar al llegar a viejo era ese rancio remordimiento por lo que ya no iba a volver.

    Entre montañas (cómo no), interacciones fugaces con otros humanos, (así vistos en esencia por el autor), animales y esas fuerzas de la naturaleza que lo reconectan con la esencia más allá de otros burdos sucedáneos de conexión del siglo XXI, el narrador acaba disfrutando del viaje, de la sensación de pertenecer, fundamentalmente, al ciclo de la vida.
El muchacho silvestre, de Cognetti
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  • Sin llegar nunca a la cumbre: La cima del mundo ya no es lo que era. Ya no ofrece esa visión mística desde que cientos de domingueros fueron inmortalizados en una fila como de supermercado para acceder al pico. Así que no está de más recuperar ese espíritu casi divino de la montaña por medio de historias como esta transmitidas en esta ocasión en un maravilloso cuaderno de viaje.

    Por suerte el Nepal ofrece muchos más escenarios conectados con ese punto de inmortalidad, de espiritualidad desde la zona más alta del mundo desde la que hacer una ofrenda o invocar a las estrellas.

    Cognetti nos invita a emprender un largo viaje por etapas en el entorno de esta tierra replegada como ninguna otra hacia lo más alto. Más allá del Everest hay lugares que permanecen prácticamente vírgenes para fotógrafos desaprensivos. Y por ahí nos mueve un Cognetti que hace de lo atávico una conexión fascinante con lo telúrico de ese lugar que pretende rozar los cielos.

    Cognetti en busca del fin del mundo para encontrarse en el camino. La vida hecha aventura y presentada a sorbos intensos entre el frío helador y el extraño cobijo ascético de lecturas naturalistas que ofrecen respuestas solo desde la vivencia plena del despojo de lo material en la lejanía de la civilización.

Sin llegar nunca a la cumbre, de Cognetti
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