3 mejores libros de Lionel Shriver

Ocurre en ocasiones que el periodista llega a la narrativa desde una especie de estrapolación de su oficio. En el caso de Lionel Shriver también se dió esa transición insospechada que en primera instancia apunta a un volcado de creatividad literaria cronística hasta que los corses se desatan y acaba naciendo la escritora sin otros condicionantes.

En la evolución de Shriver todo son buenas obras. Porque al final el asunto de su transición describe varieda argumental y formal, vertientes diferentes hacia una bibliografía en sugerentes meandros. Como trasfondo común un interés sociológico afrontado ya como novelista total o vía relatos.

Nunca he sido mucho de ese tipo de novelas intimistas en las que el hilo conductor sea un universo cerrado de sus protagonistas. La magia en el caso de esta autora es precisamente el interés por las confluencias vitales, por las sinergias desde los cruces más casuales del destino.

Pero en una bibliografía ya extensa encontramos muchas otras inquietudes narrativas en torno a lo familiar como centro donde se conforman sociedades, sociedades en las que los individuos buscan su encaje precisamente desde lo vivido en sus entornos más íntimos, un fascinante choque que siempre propicia grandes historias de búsquedas de uno mismo, desarraigos y culpas.

Top 3 mejores libros de Lionel Shriver

Los Mandible. Una familia: 2029-2047

No podía ser de otra forma. Todo lo que apunta a ciencia ficción distópica me gana de arranque frente a cualquier otra novela. Y aunque esta no es la mejor de las novelas prospectivas del futuro que conozco es plenamente satisfactoria como para recomendarla en primer lugar de esta autora.

Lo de las distopías acaba siempre por servir de excusa a cada escritor para presentar sus dudas y miedos sobre el porvenir, en ese equilibrio imposible entre la ambición del ser humano, el descontrol del libre mercado y nuestro mundo de recursos finitos.

Pero una distopía también puede sevir para enfocarnos en las consecuencias a todo los niveles, incluso vistos desde dentro de una estructura familiar, una de esas famosas células a punto de ser asaltadas por el peor de los virus actuales, las crisis económicas.

Estados Unidos, 2029. Un siglo después, ha vuelto a suceder. El dólar se desploma, la inflación se dispara, el país se dirige hacia la bancarrota.

Y la familia Mandible, protagonista de esta sagaz y feroz novela distópica que, llevándonos al futuro, nos habla de realidades muy reconocibles, va a padecer las consecuencias.

Prósperos y sofisticados, aunque también disfuncionales, los Mandible esperan la herencia del nonagenario patriarca. Pero como fallece en plena crisis, la lluvia de millones con la que contaban hijos y nietos se disipa en el aire. Y los miembros de esta familia de clase alta se ven envueltos en situaciones para ellos inauditas: Carter, incapaz de afrontar el pago de la residencia de su senil madrastra, se ve obligado a acogerla en su casa; Avery se indigna porque ya no puede permitirse comprar aceite de oliva; su hermana Florence tiene que alojar a familiares que se han quedado sin hogar en su pequeño apartamento; a Nollie, escritora que ha vivido felizmente expatriada en París, no le queda más remedio que regresar a un país que le resulta irreconocible… Sólo la generación más joven, representada por el adolescente Willing, bicho raro y economista autodidacta, es capaz de buscar salidas imaginativas a la crisis.

Lionel Shriver, con su colmillo retorcido y su mala baba marca de la casa, mueve con habilidad a unos personajes desbordados por la situación, a los que retrata con mirada penetrante y humor salvaje. Y nos presenta unos Estados Unidos en los que el sueño americano muestra su lado más oscuro: las vallas fronterizas ya no sirven para evitar que entren inmigrantes, sino para que los ciudadanos no escapen; algún estado declara su independencia; el presidente de nombre latino decide crear una nueva moneda para sustituir al desmoronado dólar…

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Tenemos que hablar de Kevin

La vida tiene una inercia extraña cuando los hijos ya se van teniendo a una edad avanzada. Porque la naturaleza manda, el instinto de la juventud sirve más a la causa de la formación entre individuos que los tutoriales y las enseñanzas terapéuticas. De ahí que a veces pase lo que pase o al menos no pase como se pretendiera, sin daños colaterales ni mínimas extorsiones.

Eva es una mujer satisfecha consigo misma. Es autora y editora de guías de viaje para gente tan urbana y feliz como ella. Casada desde hace años con Franklin, decide, ya cerca de los cuarenta, tener un hijo. Y el producto de tan indecisa decisión será Kevin. Pero, casi desde el comienzo, nada se parece a los inefables mitos familiares de la clase media urbana y feliz.

Y cuando nace, Kevin es el típico bebé difícil que tortura a los padres. Y, con el tiempo, se convertirá en el terror de las niñeras, en un adolescente terrible, en el antihéroe a quien nada le interesa sino la belleza de la pura maldad. Y en ese trayecto que va desde los primeros desencantos de Eva hasta la sangrienta epifanía del joven Kevin, dos días antes de cumplir los dieciséis años, el niño es un enigma para su madre, que nunca le ha podido querer.

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Propiedad privada

Lo privado, ese obscuro objeto del deseo. Ventanas con luz vistas en la lejanía, por donde se ven moverse figuras en esa intimidad anhelada por vecinos o por absolutos desconocidos. Porque contemplar a cada cual en su habitat más particular, es acceder a los recovecos de su alma.

Nada mejor que el relato para divisar recortes de esas otras vidas enfocadas y emprendidas por cada cual desde las más excéntricas de las motivaciones, esas que parten desde un fuero interno donde conviven muros, sueños y heridas.

Un regalo de boda muy personal se convierte en una fuente de disputas; un árbol enfrenta a dos vecinos, que se verán arrastrados por una hostilidad creciente; un treintañero se resiste a abandonar el hogar familiar; un cartero espía las cartas que reparte; una cooperante en Kenia vive una aventura inesperada; un padre y un hijo se ven envueltos en una situación complicada en un aeropuerto; una pareja se enreda en una trifulca por la compra de una casa; un fugado de la justicia se harta del paraíso en el que se ha escondido; dos mujeres extranjeras se cruzan en Belfast en pleno conflicto…

Los variopintos personajes que pueblan los cuentos de Lionel Shriver viven situaciones tensas provocadas por la fijación por la propiedad. Por el empeño de poseer bienes inmobiliarios, objetos o personas. Como es habitual en la autora, las situaciones cotidianas pueden desbordarse en cualquier momento, y las personas en apariencia más cabales son perfectamente capaces de perder los papeles hasta límites insospechados.

Un abanico de parejas, padres e hijos, vecinos y familias se ven sometidos a una montaña rusa de engaños, obsesiones, miedos, deseos y desencuentros. Con su sagacidad –y afilado estilete– de costumbre, Shriver escruta y radiografía la sociedad contemporánea en estos cuentos que pueden ser al mismo tiempo desoladores y descacharrantes, hirientes y poéticos, virulentos y profundos. En la brevedad del relato la autora no pierde ni un ápice de su mordiente: la condensa en un elixir irresistible.

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