3 mejores libros de Knut Hamsun

El gran referente noruego en cuanto a la novelística con mayúsculas es Knut Hamsun. Principalmente por su equilibrio entre el preciosismo de una forma casi lírica y del fondo hacia la presentación de grandes dilemas existenciales por medio de personajes de gran calado.

Parece que me he tomado muy en serio lo de equilibrar esta bitácora literaria en lo que a literatura nórdica se refiere. Porque en pleno siglo XXI, después de martillearnos inmisericordemente con grandes autores del noir escandinavo, parece de justicia retrotraerse a referentes previos al incontenible aluvión de género negro (Ayy, Henning Mankell, no sabías la escuela que estabas creando…)

La cuestión es que si en su momento hablé de Jostein Gaarder y de Mika Waltari, no estaría bien que olvidara a Knut Hamsun, precedente de todos ellos, padre de una literatura nórdica por extensión desde su Noruega natal. Uno de los premios nobel más particulares que se le reconocío oficialmente por la academia sueca por su obra «La bendición de la tierra» y que popularmente se ganó al resto del mundo por «Hambre».

Hamsun es uno de esos pocos autores cuya obra se conserva a la perfección para ser leída en cualquier momento. Primero porque contextualiza sobre todo lo demás lo humano, abarcando con esa visión global del escritor dotado para la trascedencia intelectual cualquier planteamiento extrapolable desde sus tramás que además, para más maestría, también sirven de crónica de sus días…

La figura de Knut Hamsun quedó ensombrecida por su vinculación con el nazismo. Aquellos que lo admiraban y encumbraron su obra hasta el Nobel de Literatura de 1920, repudiaron de todo lo que llevaba su sello tiempo después.

Si bien, hay quien matiza que esa apuesta por semejante régimen capaz de sumergir a Europa en sus años más negros, se debía a una respuesta frente al imperialismo anglosajón que aún en en siglo XX continuaba explotando sus dominios en África o en Asia con el único afan de amasar riqueza para la metrópoli.

Así, con sus periodos claroscuros desde el Nobel de literatura 1920 hasta su final sumido en la miseria, su bibliografía quedó a punto de ser sentenciada al olvido una vez terminada la Segunda Guerra Mundial. Pero tendencias políticas aparte, con sus graves desaciertos, la obra de Hamsun es fuente para muchos grandes escritores que pudieron separar al personaje de su legado, desde Kafka hasta Hemingway o Auster.

Poco a poco todo lo escrito por Hamsun fue de nuevo recuperado para la causa de la literatura sin más condicionantes. Porque las novelas de Hamsun no son proclamas políticas de ningun tipo. Se trata, sobre todo, de grandes historias con gran componente humanístico.

Top 3 novelas recomendadas de Knut Hamsun

Hambre

Hamsun era extremista, intensamente vital, idealista de lo humano como una manifestación romántica hacia esas respuestas metafísicas que penden como una condena para la razón. Se entiende así, en esa mentalidad sin duda frágil, la posible ceguera y el aferramiento a un ideal que arrasaba como era el nazismo.

Hamsun pudo ser una víctima propicia, a la vista de esta novela «Hambre». Porque el protagonista sin nombre que deambula por estas páginas parece un ser sin rumbo cargado de una vida interior tan rebosante como imposible de encajar en un entorno social tan opresivo como es para él la gran ciudad. Pobreza, miseria y locura cuando nuestro protagonistma atisba gloria y filosofía hacia la sabiduría. El imposible acomodo quijotesco del individuo sincerado con su alma pero lanzado al centro del ruido. Una de esas historias que encogen el corazón, dura en ocasiones pero plena de esa lucidez que conduce al fondo de la luz más cegadora.

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La bendición de la tierra

Destacada la novela «Hambre» por su una trascendental declaración de intenciones literarias. Tampoco le queda a la zaga en cuanto a intensidad, belleza formal y trasfondo esta otra obra ya más madura del autor.

Un nuevo protagonista, esta vez sí bien determinado con su nombre, Isak y centrado en sus quehaceres cotidianos, pasa a ser un héroe de nuestra civilización. Y precisamente va adquiriendo esa consideración en su integración con lo natural, en su empeño por sobrevivir al dia a día expuesto al entorno más hostil. Es ahí donde el ser humano encarnado en Isak se nos presenta con su existencia plena, entregada a lo sensorial, al esfuerzo, al respeto por la naturaleza.

Frente a aventuras o tragedias de la novelística del siglo XX y por tanto inmiscuidas en el devenir más urbano, esta historia evoca a ese regreso imperativo a lo natural para volver a pertenecer a la condición humana liberada de sus propias cadenas.

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El círculo se ha cerrado

La gran capacidad de un escritor que acaba trascendiendo su narración localizada para extenderla a todo lugar, es el conocimiento del alma.

Hamsun demuestra aquí ser capaz de descender hasta el pozo de una consciencia atávica, de una especie de imaginario inconsciente de todo lo humano para presentar a un personaje esencialmente empático. Poco tenemos que ver con Abel Brodersen. Y sin embargo en sus condiciones vitales marcadas por lo trágico encontramos la metáfora de nuestra soledad fundamental.

La propia ubicación de la isla en la que se mueven Abel y el resto de personajes que orbitan en torno a él se asemeja a ese círculo que se despliega en torno a cualquiera de nosotros desde el mismo momento en el que nacemos. Abel acaba por querer romper o al menos escapar de su círculo. Estados Unidos es ese destino soñado por Abel Brodersen y hasta allí llegará para buscarse a sí mismo más allá de su isla.

Solo que siempre los orígenes le reclaman a uno, en el caso de Abel con una situación bien distinta en la que las circunstancias lo impelen a tomar decisiones drásticas para no sucumbir a una inercia asfixiante.

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