3 mejores libros de Sergio del Molino

Allá por 2004 me hicieron una entrevista en Heraldo de Aragón por la salida de una de mis novelas. Yo estaba tan ilusionado con la promesa de una contraportada a toda página. Así que llegué y me encontré con un joven Sergio del Molino, con su grabadora, su boli y su cuaderno.

Lo cierto es que aquel chico algo más joven que yo no me pareció la alegría de la huerta, precisamente. Supongo que porque estaba empezando su profesión de periodista, o porque no le apetecía entrevistar a un escritor mindundi como yo, o porque arrastraba su resaca, o porque sí.

La cuestión es que Sergio empezó con sus preguntas y sus entradillas y asociaciones y ya descubrí que sobre literatura sabía bastante. El caso es que aquella contraportada para un escritor en ciernes me facilitó siempre recordar su nombre y su cara de periodista resacoso o absolutamente profesional 😛

Han pasado bastantes años y ahora es él quien se somete a bastantes más entrevistas aquí y allá, con periodistas más o menos ásperos para tratar sobre una labor literaria ya reconocida abiertamente.

Así que hoy me toca a mí repasar esos libros del autor que considero lo mejor de su creación.

Top 3 libros recomendados de Sergio del Molino

La hora violeta

Si hay un libro de este autor que sobrepasa lo literario para alcanzar una dimensión humana mucho mayor, sin duda es este. Sobrevivir a un hijo es un hecho contra natura, el más cruel de los acontecimientos para la lógica y el sentir humano.

No puedo imaginar como padre lo que debe suponer perder ese vínculo no solo con el amor más fiel sino con la idea del futuro. Algo debe romperse por dentro cuando algo así ocurre.

Y escribir un libro para un hijo que no está debe suponer un ejercicio indescriptible hacia una cura imposible, hacia un mínimo alivio o en busca del placebo trascendental de lo escrito, como páginas que perdurarán en un tiempo que pertenecía más al hijo del escritor en cuestión (ciertamente conozco a más de uno que afrontó esta tarea de escribir, actividad solitaria donde las haya, más aún frente a ausencias de tan profundos ecos).

Por supuesto que no se puede uno adentrar en los fundamentos que conducen una narración como esta, pero lo cierto es que esa hora violeta, que se desarrolla entre el pesar y la necesidad de supervivencia, encuentra en sus primeras páginas un preámbulo reflexivo que redondea la historia de la incertidumbre previa a la inevitable muerte y la asunción de su llegada final.

Es empezar a leer y enfrentarte a la sinceridad de un lenguaje que golpea entre metáforas y preguntas retóricas que chocan contra el más cruel de los destinos.

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La España vacía

En su novela Lo que a nadie le importa, y bajo una gran labor de investigación intuída en la profusión de detalles, Sergio del Molino ofreció una escenografía entre lo costumbrista y lo satírico.

En este ensayo rescata esa noción de la España que bajo la dictadura fue en lo social y en lo moral contracorriente, pero que en esencia repitió la fuga de lo rural hacia lo urbano, convirtiendo los pueblos en reductos oscuros de un pozo demográfico dificilmente recuperable. El efecto migratorio de salida de los pueblos se mantiene hasta hoy, pese a las grandes posibilidades de la conectividad para todo tipo de cuestiones.

El análisis de este libro sienta las bases para entender la magnitud de una despoblación que convierte algunas zonas de interior en auténticos desiertos de civilización.

La decadencia también puede tener su encanto, y esa España vacía dio mucho de sí para componer un imaginario literario y hasta cinematográfico que contrastaba con la otra realidad urbana. Pero la triste realidad actual es que la España vacía parece no dar más de sí.

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La mirada de los peces

La España vacía, el anterior libro de Sergio del Molino, nos presentó una perspectiva devastada, más que devastadora, sobre la evolución de un país que transitó desde la miseria económica hacia una suerte de miseria moral.

Y remarco lo de perspectiva devastada porque el éxodo de la gente de los pueblos a la ciudad se produjo con ciega inercia, como aquello del burro y la zanahoria… Y de repente, desde esos barros, llegan estos lodos.

La España vacía nos presentaba la figura de Antonio Aramayona, profesor de filosofía desencantado con las contradicciones de vivir y a punto de hacer mutis por el foro de este mundo. A partir de él se ramificaba aquel ya mítico ensayo que saliera el año pasado.

Pues eso, que de repente, en este nuevo libro La mirada de los peces, Antonio Aramayona vuelve a la vida literaria con mayor protagonismo. Las enseñanzas del profesor sobre la integridad, el progreso, la necesidad de reivindicar siempre lo injusto y el respeto por uno mismo, entroncan perfectamente con un espacio prácticamente autobiográfico del autor.

La juventud es lo que tiene, impregnada de todos aquellos buenos principios transmitidos por la persona oportuna, conducidos por poco más que el sentido común, el respeto y la verdad propia acaba estampándose con una realidad que espera una madurez ya reconducida hacia los convencionalismo y su oportunismo.

Al final hay un punto de reconocimiento de la traición que es crecer y madurar. Todo aquello que en la juventud se pactaba a sangre acaba emborronándose como tinta mojada sobre las páginas de nuestros propios libros. Siempre queda la rabia, y la noción de que en cualquier momento, si la suerte se tercia, volveremos a ser, en más parte, todo lo que fuimos.

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