3 mejores libros de Ignacio Martínez de Pisón

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En la presentación de un libro, en esos momentos en los que el presentador de turno loa las virtudes del autor de turno, siempre es interesante fijarse en el escritor, en su lenguaje no verbal una vez que se expone ante el público como la atracción de turno.

Cito esto porque recuerdo especialmente una presentación de Ignacio Martínez de Pisón. Esa especie de mirada perdida en ocasiones, proyectada de vez en cuando hacia ese imaginario del escritor a punto de dar cuenta de su obra y recuperada para la causa de la realidad ante las palabras del presentador. Sin conocerlo personalmente, la idea que me llevé de este escritor fue la de un creador reposado, de mirada intensa, con un deje pícaro en la particular fisonomía de sus ojos. Una combinación que finalmente apunta a esas historias igualmente intensas pero reposadas, sostenidas en ese fantasma de la creación que es el pasado. Tiempos ya saldados por la historia donde los personajes parecen condenados, a la vez que ocupan ese escenario de cualquier tiempo pasado que si no es mejor, al menos se hace más humano hasta en la adversidad.

Gracias a esa capacidad para hilvanar intrahistorias como grandes novelas, Martínez de Pisón (o más bien su obra) dio el salto al cine tanto en adaptaciones como en la redacción de guiones propios. Sin duda un escritor camaleónico, un narrador magnético que desarrolla sus investigaciones y que construye personajes repletos de esa contradicción tan humana que parte de la ruptura misma de la infancia y la edad adulta (su primera novela “La ternura del dragón” apunta a mi parecer hacia esa idea del mayor de los contrastes humanos entre la infancia y el supuesto mundo real, una noción ratificada en su reciente novela “Derecho Natural”), componiendo finalmente narraciones tan perennes como el ideal del alma.

3 mejores libros de Ignacio Martínez de Pisón:

  1. El día de mañana: El gris general de la España de postguerra se extendió como un manto que impedía cualquier proceso de ósmosis cultural y social una vez que el mundo salía de la Segunda Guerra Mundial algunos años después. La politica más interesada de los aliados permitió que España continuara en esa tenebrosa tierra de nadie de la dictadura franquista. Y son esos cuarenta años hasta la muerte del dictador a lo que apunta este día de mañana que nunca anuncia una víspera de liberación. El papel de Justo Gil personaje oprimido en lo familiar y en lo social pasa por ser un emblema de la alienación de aquellos días. En su ciudad, Barcelona, Justo Gil se embarca en la aventura de la supervivencia, poniéndose del lado más oportuno para poder hacer eso, unicamente sobrevivir. Solo que al final todos encontramos nuestra justicia. La suma de perspectivas de los personajes que interaccionaron con Justo componen ese mosaico cainita de la España sumida en la tragedia de la represión, con una policía capacitada para ejecutar las leyes más aviesas…
  2. Derecho natural: Tiempos extraños aquellos de la transición española. El escenario perfecto para presentar el extraño núcleo familiar de Ángel. El joven se mueve entre la frustación de un padre que apostó todo a un sueño y que se ve incapaz de escapar al fracaso. La necesidad de una figura paternal, personificada en un padre poco centrado en su responsabilidad como tal, hace que tanto Ángel como sus tres hermanos transiten en ese ambiguo espacio donde el amor y el odio luchan por hacerse con las almas de los niños. Ángel estudia derecho y vive de primera mano la conversión de Barcelona y Madrid en dos ciudades que buscan su sitio entre la modernidad y la añoranza. Entre un nuevo sistema legal, un nuevo status de una España en tierra de nadie, Ángel busca el orden de las cosas y el propio orden de su familia. Los motivos por los que un padre puede desatender a sus hijos, si es que los hay, y la causa para que unos hijos sigan buscando un padre donde no lo ha habido, mueven esta historia de transición personal dentro de una transición social. Una buena novela de matices, de movimiento pesado por momentos pero de lectura final ágil a través de unos personajes que consiguen transmitir tantas y tantas sensaciones amasadas en ese doble espacio, el de la esperanza en nueva sociedad naciente en una nueva patria y el de la posible reconciliación con esa otra patria, la patria potestad nunca ejercida.
  3. Filek: En su habitual tarea de investigación sobre el franquismo, Martínez de Pisón nos presentó recientemente una historia entre lo esperpéntico y lo surrealista, una narración sobre acontecimientos reales que muestran el ridículo tiempo vivido por la vieja España raptada por el dictador. Hay personajes que aparecen por la Historia como auténticas rarezas hacia un protagonismo singular. Charlatanes que apuntan a ser elementos trascendentales hasta que pasan por mérito propio a convertirse en chistes y chascarrillos temporales que se apagan al poco tiempo. Y sin embargo, con el paso de los años lo anecdótico puede regresar con otra consideración bien distinta, la de personajes extraordinarios con un punto cómico y disparatado que resulta transgresor, anacrónico, simpático y hasta mucho más trascendental de lo que podían haber esperado los propios protagonistas. De este tipo de personajes tan solo quedan registros en las hemerotecas donde investigadores, curiosos o escritores como Ignacio Martínez de Pisón los acaban por recuperar para la causa de la intrahistoria más esperpéntica. Tras su última novela Derecho natural, Martínez de Pisón nos presenta un curiosísimo libro. Gracias a Albert von Filek, Franco estuvo a punto de considerar que su autarquía se podía asomar a cotas de poder mundial equiparables al viejo Imperio español. Este austríaco, que en el fondo parece más nacido de la picaresca española, sostenía que era capaz de producir un combustible sintético con agua corriente y otros componentes vegetales. Y claro, el régimen vio en él un filón. Lo exótico de su nombre, su asumida condición de reputado científico y su impostada seguridad acabaron por convencer a Franco y los suyos. Hasta tal punto fue así que la noticia de la producción de carburante autóctono se anunció a bombo y platillo. El químico Filek había querido favorecer a España frente a muchas otras tentadoras ofertas de fabricantes petroleros de medio mundo. Lo más interesante del asunto sería sin duda la perspectiva personalísima de Filek… ¿hasta dónde pensaba llegar? ¿Cómo pensaba sacar el dinero a Franco y escapar con su pufo explotándole en las manos al dictador? Sin duda un gran pillo de nuestra historia, un esperpento más que desnudó las miserias propagandísticas franquistas en el mismo año en el que acababa de tomar el poder, 1939. Con el resto de Europa enfrascada ya en la Segunda Guerra Mundial y gracias al nuevo descubrimiento químico, Franco pudo llegar a pensar que la conquista del mundo estaba a la vuelta de la esquina. Un relato minuciosamente presentado por Martínez de Pisón, una sabrosa intrahistoria sobre supervivencia, ingenio y ocurrencia materializado todo en Albert Von Filek.

 

 

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