3 mejores libros de Edgardo Cozarinsky

Que Elena Poniatowska y Edgardo Cozarinsky sean dos reputados escritores, mexicana y argentino respectivamente, les da un punto más exótico a ambos en su carrera literaria en español.

Anécdotas heráldicas aparte y centrándome ya en Cozarinsky, este creador multidisciplinar parte con esa “ventaja” creativa de lo vivido, del bagaje acopiado entre exilios, nostalgia, aprendizajes , idas y venidas en lo físico y en lo emocional, con ese visionado de la vida desde el mejor de los prismas para acabar contándola.

Y al fnal esa vitalidad rebosa y desborda en cada novela o relato made in Cozarinsky, tan solo era cuestión de que la imaginación ponga el resto, disfrazando escenarios del Buenos Aires querido o de la última esquina del mundo donde un alma pueda perderse.

Con ese equilibrio entre la delicadeza prosística argentina, el amargor y la morriña, la lucidez y la descarada vanagloria de unos personajes que se saben trascendentales, leer a Cozarinsky es abrir ventanas del alma con su chirrido y arrastre necesario para disfrutar de nuevas corrientes de aire fresco.

Top 3 novelas recomendadas de Edgardo Cozarinsky

Turno noche

Nos empeñamos (o acaso sea que lo necesitemos), en transformar nuestro pasado hacia la idealización, la exageración, la hipérbole de una actuación histriónica la nuestra. Una intervención estelar en un mundo del que poco a poco ganamos consciencia que se nos va sin haber sido actores practicamente de nada. Lucía anda con sus dilemas sobre lo que fue y lo que le queda. Una maravillosa novela sobre el dilema del tiempo fugaz capaz de obcecarnos del todo.

Mientras Lucía viaja a Buenos Aires atravesando la vastedad de la geografía argentina, recuerda su infancia en un pueblo de provincias, su colegio de pago en el que ella era la niña pobre… Un día a Lucía le picó una araña venenosa. Sus amigas consiguieron llevarla hasta una curandera que, además de salvarle la vida, le lanzó un terrible sortilegio.

Al cumplir los dieciocho años, Lucía deja el pueblo para marcharse a la gran ciudad y allí conoce a Pedro, un periodista de tercera que se enamora de ella. Pero Lucía no tarda mucho en abandonarlo y desaparecer sin dejar rastro.

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En ausencia de guerra

Nada más enigmático que el tiempo pasado entre las sombras de dictaduras y sociedades al fin y al cabo cómplices por inacción. El miedo concede demasiado espacio para que los monstruos salgan de sus sombras. Y solo el paso del tiempo y nuevas luces que siempre llegan puede ser la herramienta para reconciliarlo todo, sobre todo el alma.

Una carta de 1977 encontrada en 2013 dentro de un libro de segunda mano…, la llave de una caja de seguridad en un banco suizo, recibida de una persona muerta… De la pesadilla de la Historia resurgen los sueños traicionados y la especulación crapulosa de los años de plomo argentinos.

En un presente donde todo se ha convertido en mercancía, los fantasmas de aquellos años convierten en vengadores a un escritor escéptico y a su amante, una joven anarquista. Cómplices improvisados, se internan en una trama de venganzas heredadas, siguiendo entre Ginebra y Montecarlo la pista del dinero sucio, ya atesorado, ya despilfarrado.

Lo que pareció empezar al amparo de Henry James se les va tornando obsesiva novela negra e ingresan en un territorio donde impera la violencia reprimida que llevan dentro de sí.

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En el último trago nos vamos

La rabiosa sinceridad de un autor como Cozarinsky te hace sentir en compañía del amigo con el que nunca encuentras el último bar del que atravesar su puerta. De tasqueo en busca de lúcidas y consecuentemente brillantes conversaciones que bordean la locura o el amor con ese deje de derrota sublimada desde la sintonía. Hablemos con Cozarinsky, dejemos que nos cuente algo nuevo antes de ir pensando en volver a casa.

Porque siempre hay un trago después del último en las obras de Edgardo Cozarinsky, y aunque la canción lo anuncie nadie se va del todo. Los insomnes errantes encuentran un bar abierto donde los esperan historias inauditas.

En Buenos Aires los muertos sobreviven en una precaria segunda vida; en la selva guaraní o en las ruinas de Angkor palpitan, invictos, los sacrificados. Y en un rincón de Brooklyn atiende una vidente que puede transformarse en la madre del incauto que se anima a consultarla.

Como un caleidoscopio de todos sus registros narrativos, Cozarinsky explora las muchas dimensiones de lo imaginario, de la memoria afectiva y sus imprevistas confluencias, de distintos rostros del deseo. El resultado es un libro inquietante, donde la superficie de lo narrado se quiebra constantemente para revelar una realidad insospechada.

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