3 mejores libros de Raymond Carver

0.00 avg. rating (0% score) - 0 votes

1938 – 1988

Mientras Bukowski iza firmemente el pendón de los escritores más desangelados, en el intencionadamente patético desfile del realismo sucio, otros autores como Raymond Carver, Richard Ford o Pedro Juan Gutierrez continuaron y potenciaron ese tipo de narrativa sugerente hasta lo visceral. Un tipo de narrativa despojada de artificio para enfocar al lector hacia los personajes, movidos al completo capricho de una mente lectora que recrea los escenarios minimalistas, llenándolos de un color psicodélico por momentos.

Raymond Carver fue quien mejor ajustó esa criba de la paja narrativa para encontrar en el relato (y también en la poesía) el escenario perfecto por el que hacer deambular a sus personajes de la irrelevancia vital que por su rabiosa verdad acaban por adosarse a nuestra piel con sus leves historias de la nada, un abismo que a la postre nos rodea a todos y en el que tan solo el hedonismo y un punto nihilista pueden componer la filosofía necesaria hacia la supervivencia.

Y sin embargo, de entre toda la pléyade o caterva de personajes que ocupan las breves escenas de sus despiadados relatos, también descubrimos el porqué llegar hasta ahí, hasta ese borde del abismo del nada espiritual y del todo físico. Asomados al todo o nada encontramos el cómo la destrucción amenaza con su ligero soplo de niña caprichosa cualquier construcción vital de naipes.

Los personajes de Carver acaban latiendo, abriéndose completamente a sus miserias, a sus finales precipitados, a sus desgastes y desmotivaciones, a la oscura felicidad de la renuncia y la asuncion de la derrota. Se trata de decidir qué motor es el que iniciará cada nueva decisión de los personajes, si el perenne miedo o el incontenible deseo físico que despierta ante cada amenaza con pujante fiereza. Personajes hechos filósofos de lo cotidiano, espejos donde se refleja perfectamente el humano moderno.

3 mejores libros de Raymond Carver:

  1. Principiantes: La obra antes conocida por ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? realmente pasó una particular censura del editor allá por 1981. Probablemente Carver no se encontraría en disposición de discutir ese cortado del volumen de relatos. La cuestión es que muchos años después llegaría este libro sin la revisión inicial, y se descubriría entonces la magnitud más completa de una obra que si ya había sido bendecida en su momento por los lectores más irreverentes, después redondeó más aún esa fuerza centrípeta en torno a una melancolía devastadora. Una cadena de relatos cotidianos van componiendo un mosaico con pedacitos de amor en aristas de cristal apretadas por las manos, con tristezas que suenan a despedidas y perdición. Un collage narrativo sobre un lienzo en blanco, sin recreaciones descriptivas, donde solo se van pegando jirones de piel pegados por el alcohol, un alcohol que abre a la verdad más cruda y asoma al lúcido camino de la nada.
  2. Tres rosas amarillas: Quizás todo ese movimiento asociado al realismo sucio tenga su inspiración en Chejov, quizás el relato de personajes y escenarios colmados de sobriedad estilística y espiritual provengan del genio ruso que de alguna forma sentó las bases del relato moderno, una especie de digresión con el cuento tradicional para abordar desde lo breve aspectos más mundanos. Así se podría entender el broche de oro de este volumen de seis relatos, un cierre que concede el título al volumen y que aborda un supuesto final del Chejov quien, desde ese repunte del enfermo que paradójicamente lo conduce a su desenlace se dispara hacia un nuevo final de sus días, al son de una gélida sinfonía narrativa compuesta como epitafio por su admirador Carver. Los cinco relatos restantes profundizan en nuevos casos de soledad y desengaño, como personajes que transitan por la misma estepa rusa en la que Chejov ubicaba a sus protagonistas.
  3. Si me necesitas, llámame: Los genios son así, siempre se puede esperar un nuevo desconcierto, una nueva obra que quedó soterrada por desinterés. Quizás considerados por Carver como relatos menos, estos cinco nuevos cuentos de lo cotidiano y lo sobrio se abren a ese espacio íntimo y estremecedor del narrador que pretenden abandonar sus infiernos y que se mueve con los últimos coletazos entre una literatura que ha sido placebo y condena. Historias sobre hombres que ya han abandonado el extraño brillo del alcohol en la botella y que tratan de reencontrarse. Solo que los caminos pasados no pueden volver a emprenderse, por mucho que se crea que siempre hay esperanza. Ser perdedor es ser humano. Y en la mascarada general no se salvan ni los alcohólicos ni los abstemios.

 

1 Trackback / Pingback

  1. Una noche en el paraíso, de Lucía Berlín

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.