3 mejores libros de Manuel Vilas

Dios escucha a Manuel Vilas. De hecho dialoga con él sobre mil y un asuntos pendientes. Y las redes sociales así lo atestiguan. Vilas es el sueño de cualquier asceta alejado del mundanal ruido, con el agravio comparativo de que Vilas y Dios se conocieron entre el bullicio. Vilas también es Nietzsche, el único hijo bastardo de Dios. En ambos casos, en el pensador alemán como en el escritor oscense, se puede encontrar filosofía hilarante, agria lucidez y prosa poética a raudales.

Pero Vilas finalmente es Vilas, un escritor sin prejuicios, un librepensador y un exponente de la inclasificable generación de los que no tienen generación, ni etiquetas, ni perfiles. Vilas está de vuelta de todo pero no por ser más sabio, si no por estar hasta los…

Todo esto no es que me lo haya confesado él. Para mí es lo que se desprende de su lectura, una lectura ingeniosa que te conduce entre sobresaltos por el tortuoso camino de la liberación interior. Humor en ocasiones, ironía siempre como mejor herramienta para desnudar la tontería, la postverdad o lo que toque.

La narrativa de ficción de Manuel Vilas es transgresora en la medida en que siempre asalta la realidad por todo flanco que levante ampollas y conflictos, pero que a su vez siempre sirve como apaciguante placebo contra la alienación y el adoctrinamiento en tantos y tantos aspectos de nuestra sociedad.

3 novelas esenciales de Manuel Vilas

Ordesa

La última novela de Manuel Vilas es, realmente, un comienzo, un punto de partida del autor, el personaje y su obra. Lo que ha hecho Vilas en este libro es un acto de caprichosa introspección.

Caprichosa porque parece conducida por una mente que lo asalta con esos recuerdos que nos vienen con un olor, con un paisaje o una caricia. Lo que más destaca de esta novela es la intensidad.

En los escritos de Vilas, ya sea en periódicos o redes y como nó en sus libros siempre se adivina esa intensidad del alma entre las vísceras.

Los personajes de Vilas son toda alma atrapada en lo orgánico, todo recuerdos que se embellecen por su aspecto entre idealizado y prosaico. Los escenarios de esta novela son lugares donde los fantasmas se dejan tocar por momentos.

La realidad sin embargo, por contraste con esa fricción con lo remoto, se hace por momentos tediosa. Los personajes padecen desarraigo y desencanto.

Los perdedores sin embargo tienen una gran virtud, ya no se dejan engañar por nadie y, siendo consecuentes consigo mismos, acaban siempre siendo transgresores y desveladores del truco y la mentira.

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El luminoso regalo

Victor Dilan, protagonista de esta novela, podía ser un representante de la generación beat a la española. Sus fundamentos vitales son la negación política y social y el sexo.

Y en eso, en el sexo, Victor explota al máximo su don, un magnetismo arrebatador que actúa con un efecto reclamo para toda mujer. A Ester le pasa lo mismo con los hombres… El destino de ambos estaba escrito. Los dos se van abriendo paso hasta atraerse indefectiblemente.

El mundo se prepara para la implosión sexual de estos dos seres destinados a desencadenar una nueva era o a provocar la extinción de la humanidad. Victor y Ester tienen entre sus manos y sus piernas todo el poder de la galaxia, tan fugaz y tan eterno…

El desgaste por rozar sin alcanzar la inmortalidad cobra sus facturas. Deseos que amanecen como el último día de nuestras vidas, implosiones y temblores de la carne trémula. El sexo lo es todo en los momentos en los que las pulsiones nos insisten en la máxima representación de supervivencia de la especie.

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Los inmortales

Wells nos condujo al año tropecientos, hasta un futuro con cambio de época en nuestro planeta. Vilas hace lo propio. El año 22011 terrícola será un tiempo en el que poco seremos ya.

Algún estudioso friki quizás todavía se moleste en patear piedras en busca de alguna vetusta moneda de euro o de algún cerebro humano del siglo XXI. Y sus conclusiones quizás acaben mezclando ligeramente conceptos.

¿Qué les importará a los seres del futuro Don Quijote? Quizás un descubrimiento sobre este libro pueda ser asociado a un folleto de McDonald´s que apareciera azarosamente a su lado.

Nuestra memoria más digna estaría en ese caso en tipos como Vilas, cuyo libro Los Inmortales da buena cuenta de lo que fuimos a todos esos listillos del Siglo nosécuántos.

Posmodernismo y egolatrismo. Lo que seamos en nuestra ausencia, en un futuro lejano, bien puede ser una sinfonía de wagner o el reggaeton, lo que tenga suerte de trascender finalmente.

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