3 mejores libros de Haruki Murakami

La literatura nipona siempre le deberá a Haruki Murakami su irrupción en la literatura actual occidental, más allá del manga para el entretenimiento o de los monogatari de temática histórica autóctona. Porque la llegada de este escritor supuso una ruptura con la tendencia de literatura de consumo interno, abriéndo la narrativa japonesa a golpe de buenas novelas con un sello personal y muy distinguido.

No es que autores como Kawabata o el singular Kobo Abe (en quien pudo inspirarse Murakami) no alcancen esa trascendencia entre culturas, pero es Murakami el que más y mejor ha sabido sintonizar desde su marcada ascendencia cultural nipona hacia el resto del mundo.

Una mezcla de surrealismo y existencialismo (toque innegable de Kafka) para abordar la vida en general, la actualidad, la sociedad o lo que corresponda, siempre con un punto de fatalismo donde el amor y la esperanza brillan más gracias al contraste con la oscuridad general.

Interesantes propuestas para ver un mundo que se deshace hacia el absurdo, quizás solo descifrable desde lo onírico. La realidad es una suma de perspectivas subjetivas que, en la obra de Murakami generan un mosaico inversomil, donde lo auténtico entre el ruido pasa por ser la única esperanza.

No es un autor sencillo pero tampoco se trata de filosofía profunda. Murakami nos enseña a ver con otros ojos, los de alguien que se empeña en superar la realidad a través de la ficción, de una ficción transformadora y perturbadora.

3 libros recomendados de Haruki Murakami

Tokio Blues

Si hablamos de lo que supuso para la literatura japonesa el fenómeno Murakami, es de justicia aupar esta obra a la primera posición. Gracias a ella este autor conquistó a millones de lectores de ese Occidente receloso de la intención innovadora en lo creativo de cualquier autor nipón.

Mientras aterriza en un aeropuerto europeo, Toru Watanabe, un ejecutivo de 37 años, escucha una vieja canción de los Beatles que le hace retroceder a su juventud, al turbulento Tokio de los años sesenta. Con una mezcla de melancolía y desasosiego, Toru recuerda entonces a la inestable y misteriosa Naoko, la novia de su mejor y único amigo de la adolescencia, Kizuki.

El suicidio de éste distanció a Toru y a Naoko durante un año, hasta que se reencontraron e iniciaron una relación íntima. Sin embargo, la aparición de otra mujer en la vida de Toru le lleva a experimentar el deslumbramiento y el desengaño allí donde todo debería cobrar sentido: el sexo, el amor y la muerte.

Y ningún de los personajes parece capaz de alcanzar el frágil equilibrio entre las esperanzas juveniles y la necesidad de encontrar un lugar en el mundo.

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Sputnik mi amor

Satélites sin órbita que buscan algo que comunicar y, lo que es más importante, encontrar a quién comunicarlo. Un gran ciudad como un oscuro cosmos de estrellas de neón.

Del mismo modo en que, en el viaje del satélite ruso Sputnik, la perra Laika giraba alrededor de la Tierra y dirigía su atónita mirada hacia el espacio infinito, en Tokio tres personajes se buscan desesperadamente intentando romper el eterno viaje circular de la soledad.

El narrador, un joven profesor de primaria, está enamorado de Sumire; pero ella, quien se considera la última rebelde, tiene una única obsesión: ser novelista. Sumire conocerá a Myû, una mujer casada de mediana edad tan hermosa como enigmática, y juntas emprenderán un viaje por Europa tras el que nada volverá a ser igual.

Un paralelismo interesante, una metáfora genial para conocer a unos personajes inolvidables que hacemos muy nuestros en ese sentir de la ciudad como un espacio propicio para el extrañamiento por donde navegar a los mandos de la nave de nuestra vida.

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Crónica del pájaro que da cuerda al mundo

La primera idea al leer este título es el de un pájaro cuco que sale del mecano para movilizar un mundo contemplativo; un mundo que se había quedado observando el segundero de un reloj fijado a la pared.

El joven Tooru Okada, que acaba de dejar su trabajo en un bufete de abogados, recibe un día la llamada anónima de una mujer. A partir de ese momento, la existencia de Tooru sufre una extraña transformación. Su mujer desaparece, comienzan a surgir a su alrededor misteriosos personajes, y lo real se degrada hasta cobrar tintes fantasmagóricos.

Mientras los sueños invaden cada vez más la realidad, Tooru Okada deberá resolver conflictos que ha arrastrado a lo largo de toda su vida.

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Otros libros de Murakami…

Primera persona del singular

Gran parte de cualquier maestría reside en el dominio absoluto de todas las dimensiones de un arte u oficio. En lo breve Murakami mueve sus escenas y sus personajes con vertiginosa agilidad, como buscando los momentos estelares que todo lo mueven. Más aún cuando el asunto cobra tintes de melancolía sobre lo vivido, de la suma de vidas entregadas al paso del tiempo, con su inexorable conducción a la primera oportunidad, a la disyuntiva sin vuelta atrás…

Amores de adolescencia evocados con serena nostalgia, jóvenes apenas vislumbradas, reseñas de jazz sobre discos imposibles, un poeta amante del béisbol, un simio parlante que trabaja como masajista y un anciano que habla del círculo con varios centros… Los personajes y las escenas de este esperadísimo volumen de relatos hacen saltar por los aires los límites entre la imaginación y el mundo real.

Y nos devuelven, intactos, los amores perdidos, las relaciones truncadas y la soledad, la adolescencia, los reencuentros y, sobre todo, la memoria del amor, porque «nadie podrá arrebatarnos el recuerdo de haber amado o de haber estado enamorados alguna vez en la vida», asegura el narrador. Un narrador en primera persona que, a veces, podría ser el propio Murakami. ¿Es entonces un libro de memorias, unos relatos con tintes autobiográficos o un volumen exclusivamente de ficción? El lector tendrá que decidir.

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La muerte del comendador

Los seguidores del genial escritor japonés Haruki Murakami nos acercamos a cada nueva publicación de este autor con el singular deseo de una nueva terapia lectora, una sesión de hipnosis narrativa prácticamente necesaria en nuestros días.

La llegada de la extensa novela La muerte del comendador se transforma en un bálsamo lector para acompasar el ocio de la lectura y transformarlo en un acercamiento a personajes desnudados de dentro a fuera, voyerismo del alma para lectores necesitados de descubrir cada sensual concepto de la vida.

Murakami nos enfrenta a los abismos mundanos, a los pequeños vacíos del yo, a una soledad gélida entre la inmensidad de un mundo que se resiste a parar por nada. Y sólo Murakami ofrece a renglón seguido su placebo de esperanza, acabando por equilibrar la balanza de la vida hecha literatura.

Divagaciones subjetivas a parte, en el libro 1 de La muerte del comendador encontramos una novela que necesita de una continuación prevista para el año próximo, terminando de componer en el libro 2 un puzzle solo a la altura de Murakami y que, ahora sí, va a terminar por inquietar hata la locura en la espera de su resolución final.

En esta ocasión el arte pasa a ser un argumento necesario para abordar desde lo artístico la atávica necesidad de expresión del ser humano. Claro está que las circunstancias de la novela se ciñen a un tiempo actual en una trama laberíntica con evocaciones a Dorian Gray y ese cuadro olvidado en un desván…

Porque es prescisamente eso, el descubrimiento del lienzo titulado La muerte del comendador, lo que marca un punto de partida hacia la mutación del protagonista, en cuyo mundo se van percibiendo símbolos asociados con esa obra que acaba por aportar una mágica sucesión de la realidad, quizás en una simple impresión subjetiva o tal vez como un nuevo destino trazado desde el casual descubrimiento.

Lo más interesante de la novela es cómo el mundo de un protagonista que se va descomponiendo tras la suma de fracasos, va adoptando un aire más surrealista en una extrañadora conexión entre un pintor del cuadro que jamás estará ahí, el protagonista y un vecino de la casa en la que prota se ha retirado del mundo.  Un triángulo de personajes arrebatador que reclaman y consiguen centrar toda nuestra atención.

En una trama abierta a las variadas interpretaciones y las dobles y triples lecturas, acabamos enfrentándonos al significado del arte. La necesaria doble y polarizada intención de toda interpretación artística: desde la prospección de una realidad no solo ceñida a los sentidos, hasta la introspección de los motivos que pueden conducir a nuestros sentidos a reflejar el mundo creado «a nuestra imagen y semejanza». Sí, pura megalomanía, como dioses de nuestra soledad y nuestras decisiones.

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La muerte del comendador (libro 2)

La intención de Murakami con esta publicación seriada para una obra tan sólida en bloque, y que a resultas de sus fechas de publicación pudo haber cerrado en un único volumen, no puede ser otra que la de diferenciar algo que se nos escapa.

Lo cierto es que la historia sufre una fragmentación por un incremento de ritmo, pero siempre se lee como una continuación absoluta que, por el motivo que sea fue entendida por el autor como algo necesariamente presentado aparte, como un segundo plato o como un segundo orgasmo…

Sea como fuere, la cuestión es que de una primera parte entregada a esa lectura reflexiva y pese a ella llena de una tensión existencial, típica de Murakami, pasamos ahora a un desarrollo más dinámico en el fondo. La excusa argumental del misterioso cuadro que conmueve y obsesiona al protagonista en la primera parte torna ahora hacia una inquietante desestabilización del triángulo compuesto entre el pintor del lienzo, Menshiki, el vecino de retiro del protagonista y el propio protagonista.

Porque Menshiki invita al prota y narrador a que pinte a una chica que pasa frente a sus casas todos los días de clase. La joven, llamada Marie Akikawa empieza a cobrar su particular vida alternativa en el esbozo de sus rasgos robados cada día. Hasta que Marie desaparece y su desvanecimiento enlaza de repente con el recuerdo de una fantasía relatada por Menshiki al narrador, acerca de una nueva Alicia capaz de alcanzar otra dimensión.

La búsqueda de Marie aporta un punto de suspense entre lo real y lo irreal, entre la razón, la locura y las impresiones subjetivas que van de uno a otro extremo del entendimiento humano y que alcanzan en lo artístico las explicaciones más naturales.

El desenlace de la historia, que prorrumpe tras una experiencia lectora de onírico éxtasis, parece aproximarnos a uno de esos enigmas siempre buscados por los escritores de grandes misterios.

Solo que en esta ocasión se trata más de la candente sensación de un fuego fatuo. Un efecto final que acaricia todas la grandes respuestas buscadas por un narrador sin nombre. Un narrador en cuyo anonimato entendemos finalmente la intención del mimetismo total.

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Música, sólo música

Puede que a Murakami se le esté pasando el arroz del Nobel de Literatura. Así que puede que el genial autor japonés esté pensando en escribir sobre lo que sea, acerca de lo que más le apetece como es el caso de este libro. Sin pensar en academicistas que siempre parecen olvidarse de él en el último instante, como el grupo de amigos que queda para una cena…

Porque lo que está claro es que más allá de los resabiados de Estocolmo, los lectores de Murakami lo idolatramos allá donde se embarque. Porque sus libros siempre suenan como una presentación vanguardista equilibrada con eso fulgores virtuoso del narrador existencialista. Hoy toca hablar de música, nada más y nada menos.

Todo el mundo sabe que a Haruki Murakami le apasiona tanto la música moderna y el jazz como la música clásica. Esta pasión no solo le llevó a regentar en su juventud un club de jazz, sino a impregnar de referencias y vivencias musicales la mayoría de sus novelas y obras. En esta ocasión, el escritor japonés más famoso del mundo comparte con sus lectores sus querencias, sus opiniones y, sobre todo, sus ansias de saber sobre un arte, el musical, que hermana a millones de seres humanos en todo el mundo.

Para ello, a lo largo de dos años, Murakami y su amigo Seiji Ozawa, antiguo director de la Boston Symphony Orchestra, mantuvieron estas deliciosas conversaciones sobre conocidas piezas de Brahms y Beethoven, de Bartok y Mahler, sobre directores de orquesta como Leonard Bernstein y solistas excepcionales como Glenn Gould, sobre piezas de cámara y sobre ópera.

Así, mientras escuchan discos y comentan distintas interpretaciones, el lector asiste a jugosas confidencias y curiosidades que le contagiarán el entusiasmo y el placer inacabable de disfrutar de la música con oídos nuevos.

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5 comentarios en «3 mejores libros de Haruki Murakami»

  1. ¡Me encanta Murakami! Tokio Blues figura también entre mis preferidos (los otros no los he leído pero caerán, seguro). También “Kafka en la orilla”, que te lo recomiendo si no lo has leído
    Saludos

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    • Gracias, Marian. De entrada el título no me sonó bien. Tengo mis reticencias con Kafka. Pero vamos, manías mías jejeje. Seguro que al final cae.

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  2. Leí varios libros, no todos, de este hipnótico autor. Hasta ahora Crónica del pájaro y Tokios Blues son mis favoritos. Ya que coincidimos en gustos, el próximo que leeré será Sputnik mi amor. Gracias por la recomendación!!

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