Los 3 mejores libros de Antonio Skármeta

Más allá de la temática y de la intención narrativa, la coincidencia generacional entre los autores chilenos Isabel Allende y Antonio Skármeta hacen de la literatura chilena uno de los más firmes baluartes actuales de la literatura latinoamericana.

Si además consideramos la proyección cinematográfica de algunas de sus grandes obras, nos asomamos a una bibliografía paralela que comparte, quizás por sintonía generacional, una revisión sociológica, una intención dramática y una acción transmitida desde unos personajes muy vívidos. Nada que ver en el estilo final pero más de una coincidencia en el fondo.

En el caso de Skármeta, su gusto por el cine se extiende a la redacción de guiones, salpicando asímismo a una producción novelística cargada de ese humanismo de las intrahistorias en escenarios tan dispares como las diferentes edades del ser humano con sus descubrimientos y sus frustraciones, del retrato social con su carga de crítica o su voluntad de desvelar las contradicciones y los desajustes del indivíduo en la moral general.

Quizás trate así de abarcar lo inabarcable, porque en tantas buenas novelas o en algunas de sus incursiones en cine,  valorar siempre puede ser un ejercicio vano. Cada historia es un encuentro con lo esencial, con ese desnudado que todo autor debe buscar para despertar conciencias, para llegar a esa famosa fibra sensible.

Los gustos y predilecciones literarias y cinematográficas de Skármeta también están muy presentes en sus obras. Y Neruda se convierte en este aspecto en algo recurrente, en un personaje y una obra revisitada a conciencia en la extensa creación de Skármeta.

Pero independientemente de estos detalles, cualquiera de sus novelas tienen ese gusto de la joya independiente, de la creación cargada de impronta y vencida a la voluntad de contar algo nuevo, de ahondar en personajes capaces de transmitir esencias engalanadas en unas formas y un estilo inconfundible.

Top 3 libros recomendados de Antonio Skármeta

El cartero de Neruda

Una novela que sirve para dos aspectos fascinantemente integrados. La contextualización del gran poeta y la humanización de toda creación, coincidiendo con esa estrecha relación entre el genio y el cartero, compartida como una relación entre iguales en última instancia.

La perspectiva del golpe de Estado de Pinochet, tan próximo en el tiempo al fallecimiento de Neruda, sirvió a Skármeta para sintonizar con el poeta que preludia el desastre sociopolítico. La publicación de la novela años después, durante el exilio de Skármeta, termina por dotar a la historia de ese deje melancólico en el que Neruda representa a la idealización y Mario Jiménez, el cartero se manifiesta como esa parte del pueblo que anhela la libertad con la intensidad del mayor de los poetas.

Un equilibrio mágico que acaba redundando en la más intensa humanización del genio y en la esencia poética que reside en todo ser humano.

Más aún frente a los negros augurios del golpe de estado proyectado en un futuro próximo para ambos personajes que, mientras tanto siguen enfrascados en ese empeño por vivir hasta alcanzar el abismo forzado de las circunstancias.

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No pasó nada

La amargura de todo exilio es la sensación de haber sido despojado de todo, sobre todo del paraíso del tiempo perdido que en el caso de esta historia todavía es más grave al tratarse de una infancia.

Y sin embargo, mientras Lucho es ese chico que afronta su madurez en la lejana Alemania, se puede pensar que su proceso de adaptación a las circunstancias van por ese camino de quien aún dispone de tiempo y poco pasado como para afrontar lo que venga en la vida.

Pero además de exiliado, Lucho sufre esa desubicación en un país en el que por momentos su mera existencia parece una afrenta para quienes se sienten herederos de la tierra, con ese cáncer de la ideología desde el miedo y la repudia.

Demasiados conflictos como para no encontrar en Lucho al individuo enfrentado a la vida con rebeldía, con incomprensión, desde los últimos pasos de la niñez hasta el horizonte no siempre claro del porvenir.

Y sin embargo en la contrariedad las cosas importantes son más intensas. Amistad, descubrimiento, amor y una suma de vivencias que hacen del Lucho capaz de afrontar su vida, uno de esos héroes de tragicomedias modernas.

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La chica del trombón

Uno de los libros de Skármeta que má entronca con lo sociológico de un Chile movido por una inercia política cuyo final conocido se abrió a una de las últimas dictaduras sangrientas de hispanoamérica.

La trama gira en torno a Alia Emar, desconocedora de los tejemanejes, incluso a nivel internacional, que trataban de mover las elecciones de 1970 hacia unos candidatos u otros, en uno de los últimos grandes escándalos de la política internacional.

Así, el periplo de la sensible Alia, desconocedora de la sordidez política y la manipulación que derivaría en los años más convulsos de Chile, nos conduce por una historia de amor que brilla entre todos esos aspectos oscuros del designio del país.

La música y el cine son el foco de una Alía en cuyos sueños y pasiones encontramos el contrapunto necesario para considerar que mucho más allá de las circunstancias, a años luz de la intervención de poderes alternativos sobre Chile, existían almas que simplemente buscaban su lugar en el mundo.

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