Materia oscura, de Philip Kerr

Materia oscura
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Las apariciones de novelas recuperadas del puño y letra del ya desaparecido Philip Kerr tienen siempre ese punto de suspense impredecible que siempre matuvo el autor escocés.

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Con su componente de ficción histórica en ocasiones; con sus dosis de espionaje en medio del nazismo o de la guerra fría; hasta que sus giros imprevistos siempre cargados de esa tensión al punto de thriller ajustado a la ambientación de turno.

En esta ocasión Kerr se mimetiza más con un narrador al uso de ficciones históricas más lejanas. Y es en ese mundo aún inmerso en oscuras ciudades y morales, donde Kerr emula tan pronto a Ken Follett como que se disfraza de Umberto Eco, haciéndo que nos removamos inquietos ante descubrimientos y riesgos como horizontes compartidos para un protagonista que nos gana desde la primera escena.

Un absorbente thriller histórico sobre política, ciencia y religión en el Londres de finales del siglo XVII por uno de los autores más icónicos del género negro.

En 1696, Christopher Ellis, un impetuoso joven aficionado a los naipes y a las mujeres, es enviado a la Torre de Londres, pero no como prisionero. Gracias a un inesperado giro del destino, Ellis se convierte en el nuevo ayudante de sir Isaac Newton, el renombrado científico que es además el encargado de perseguir a los falsificadores que amenazan con derrumbar la economía inglesa.

Con la aguda perspicacia de Newton y la habilidad de Ellis con la espada, la peculiar pareja de detectives se prepara para resolver el caso. Sin embargo, cuando sus pesquisas los conducen hasta un misterioso mensaje codificado sobre un cadáver escondido en la Torre de los Leones, los dos investigadores se darán cuenta de que se está urdiendo algo mucho más siniestro.

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