Los mejores libros de Alex Michaelides

Hay paises o regiones con una gran cantera de autores del género de turno (no podemos obviar al noir nórdico como paradigma). Pero también encontramos, por el contrario, a escritores de paises sin cantera que acaban siendo la parte por el todo y sobresaliendo con su nombre como bandera. Precisamente por irrumpir desde un erial de desconocimiento de lectores de todo el mundo respecto a esa procedencia menos popular.

El chipriota Alex Michaelides ya no tiene nada que envidiar a otros de su generación como el mismísimo Juan Gómez Jurado, si miramos de puertas hacia adentro. Y eso que Michaelides apenas ha dado comienzo a su carrera literaria asentándose en el suspense más despiadado, en los giros ingeniosos y en la tensión que avanza desde el desconcierto fronterizo con el miedo.

No podía ser de otra forma para un narrador acostumbrado, hasta su primer gran éxito en novela, a escenarios más tangibles como guionista de cine. Pero es que la literatura es lo que tiene, no se depende de nadie, ni productores ni actores ni presupuestos ingentes para efectos especiales ni licencias de rodaje. Todo nace de la imaginación y desde ahí se extiende a unos lectores ya encandilados con esas oscuridades propuestas por Michaelides.

Más allá de la natural querencia de todo escritor de género negro por lo criminal, lo de Michaelides se trata en el fondo de thrillers de dentro hacia afuera, partiendo de los miedos y las tensiones bajo la piel de sus personajes. Los casos no resueltos transcurren así en paralelo a la propia vida de sus protagonistas. El conjunto de sus novelas son puzzles de engañosas piezas, gigantescos laberintos sobre las culpas, secretos y demás mapas del destino de aquellas que parecen estar a punto de ser devoradas por la oscuridad. Una perdición que ocurre ante nuestros ojos justo antes de verlos aparecer en los noticiarios con su escabrosa historia. Así sí, podemos por fin conocer al detalle los morbosos detalles de cuanto acontece en ese lado salvaje…

Top libros recomendados de Alex Michaelides

La paciente silenciosa

La Justicia busca casi siempre el resarcimiento. En caso de que no se pueda, o incluso si se puede resarcir de alguna forma pero prevalece algún daño, dispone también del castigo como herramienta. De cualquier forma, la Justicia necesita siempre la verdad objetiva desde la que calificar unos hechos.

Pero Alicia Berenson no está dispuesta a manifestar nada esclarecedor ante las evidencias que la señalan de manera indefectible hacia el asesinato de su marido. Sin testimonio de la acusada, la Justicia siempre parece cojear. Más aún para una sociedad que observa atónita a una mujer cuyos labios sellados no explican nada, no aclaran nada. Y el silencio, claro está, despierta los ecos de la curiosidad en toda Inglaterra.

Si el argumento inicial ya invita a esa especial y fascinante sensación de suspense de una manera introspectiva hacia el personaje de Alicia, conforme Theo Faber pretende adentrarse en esos motivos sellados, la trama cobra más y más tensión.

Alicia Berenson y sus circunstancias como base de estudio para este psicólogo empeñado en aportar luz. Una artista de prestigio con una vida aparentemente normal. Hasta ese clic en el cerebro seguido de cinco disparos en la cabeza de su marido… Después el silencio.

Theo llega hasta la cárcel en la que Alicia cumple su condena. El acercamiento a la mujer, evidentemente no es nada fácil. Pero Theo tiene sus herramientas para ir atando algún cabo, tirar de algún hilo desde ese silencio como refugio pero del que todo humano debe salir de vez en cuando como animal en su madriguera. No solo las palabras transmiten información…

Hasta que Theo llega a plantearse conocerlo todo. Porque él, la única persona que se está acercando, descendiendo al pozo de la psique de Alicia, empieza a temer quedarse también sin luz ante la terrorífica verdad última que puede esperarle y que lo trastocará todo.

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Las Doncellas

El término doncella suena tan arcaíco como siniestro porque incluso apunta a la visión de la sexualidad femenina como un trofeo. Y porque despierta esa aberrante sensación de la masculinidad como una perversa noción de superioridad. Una superioridad de la que puede desprenderse la aviesa idea de que ellas le pertenecen. Porque sólo él es capaz de guiarlas y convencerlas para que se entreguen en cuerpo y alma…

A sus treinta y seis años, Mariana intenta recuperarse de la pérdida de Sebastian, el gran amor de su vida, ahogado durante unas vacaciones en una isla griega. Ella trabaja en Londres como terapeuta, pero cuando su sobrina Zoe, la única familia que le queda, la llama desde Cambridge para contarle que Tara, su mejor amiga, ha sido brutalmente asesinada cerca de la residencia de estudiantes, decide acudir en su ayuda.

Allí conoce a Fosca, un carismático profesor de Filología Clásica. El profesor mantiene un grupo de estudio con un número muy selecto de discípulas, todas hermosas y de familias elitistas, del que Tara formaba parte: las Doncellas. En el dormitorio de la joven, Mariana encuentra una postal con unos versos en griego clásico que exigen un sacrificio. Pronto los cadáveres de otras Doncellas irán apareciendo en el campus con los ojos arrancados y con una piña en la mano, y Mariana no solo deberá enfrentarse a la resolución de estos crímenes, sino a los fantasmas de su propio pasado.

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