Los días que nos quedan, de Lorena Franco

Sugerente forma de abordar la cuenta atrás. Todo plazo tiene su vencimiento y lo perentorio de la existencia nos sumerge en esas procelosas aguas de lo místico, lo religioso o simplemente del miedo esencial que marca nuestros días. Vivir es tratar de pasar desapercibido para la parca. Porque la fatalidad parece cebarse con algunos seres estrellados empeñados en brillar pese a todo. Aún entendiendo que la muerte puede estar reclamándolos para sí en dura pugna con alguna suerte de divina providencia en franca minoría. En el umbral de la vida, la lucidez final puede ser más estremecedora que la peor de las oscuridades…

Olivia trabaja en el programa de sucesos paranormales más importante del país, lo que haría pensar que no se estremece cuando siente el hormigueo en la nuca propio de estar siendo observada por el más allá. Pero ella es como tú y como yo, también siente miedo, aunque tuvo la mala suerte de conocerlo demasiado pronto, la noche en la que descubrió el cadáver de su madre.

Veinte años más tarde del suceso que marcó su vida, y traumatizada por la extraña desaparición de Abel, su novio y compañero de trabajo, en Aokigahara, el inquietante bosque de los suicidios de Japón, sufre un accidente en la ermita de San Bartolomé, en Soria, que la deja en coma unos días.

Al despertar, decide poner en pausa su vida y regresa a su pueblo natal, Llers, conocido como el pueblo de las brujas, el mismo fin de semana de la fiesta de verano. Mientras Olivia tiene que soportar la convivencia con su malcarada abuela, se reencontrará con amigos de su juventud y con su primer amor, Iván, convertido en un reconocido periodista, con quien indagará en el pasado de Llers y en las causas reales que llevaron a su madre a un fatal destino.                                                                  

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