3 mejores libros de Marguerite Yourcenar

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1903 – 1987

Se conocen pocos escritores que hayan hecho de un pseudónimo su nombre oficial, mucho más allá de la costumbre o el uso popular que sirve a la causa del marketing, o que suponga un disfraz del escritor para reconvertirse en otra persona distinta. En el caso de Marguerite Crayencour, el uso de su apellido anagramado derivó, una vez nacionalizada estadounidense en 1947, en la oficialidad del ya mundialmente reconocido Yourcenar.

Entre lo anecdótico y lo fundamental, este hecho apunta a la libre transición entre la persona y la escritora. Porque Marguerite Crayencour, devota de la literatura en todas sus manifestaciones; exploradora de las letras desde sus orígenes clásicos; y con su desbordante capacidad intelectual hacia la erudición narrativa en forma y fondo, siempre se movió con firme voluntad e irrenunciable compromiso literario como forma de vida y como cauce y testimonio fundamental de lo humano en la Historia.

De formación literaria autodidacta, propia de una mujer cuya juventud coincidió con la Gran Guerra, sus inquietudes intelectuales fueron promovidas desde la figura de su padre. Con sus orígenes aristocráticos, golpeados por el primer gran conflicto europeo, la figura del padre cultivador permitió esa potenciación de la joven dotada.

En sus primeros tiempos como escritora (a los veintipocos años ya había escrito su primera novela) compatibilizó esta tarea con la traducción a su francés natal de grandes autores anglosajones como la propia Virginia Woolf o Henry James. Y lo cierto es que durante toda su vida siguió con esta doble tarea de desarrollo de la creación propia o del rescate al francés de las obras más valiosas entre los clásicos griegos o cualesquiera otras creaciones que la asaltaron en sus frecuentes viajes.

La obra propia de Marguerite se reconoce como un conjunto de obras sumamente elaboradas, repletas de sabiduría bajo una forma tan sofisticada como esclarecedora. Las novelas, los poemas o los relatos de esta autora francesa combinan brillante forma con trascendental fondo.

El reconocimiento a toda su dedicación llegó con su irrupción como la primera mujer en entrar en la Academia Francesa, allá por 1980.

3 mejores libros de Marguerite Yourcenar:

  1. Memorias de Adriano: La idea era plasmar una especie de diario presentado por entregas en la revista La Table Ronde. Una idea que, gracias a la apabullante presentación del relato del emperador que conoció la mayor gloria del Imperio Romano, captó a multitud de lectores y acabó transformándose en la novela más valorada de la autora algunos años después. La lectura de este libro supone un acto de maravillosa mimetización esencial. Desde la mayor gloria del ser humano hasta la más básica pulsión todo puede leerse con la misma partitura de un alma humana compartida en última instancia. No se trata de abundar en la épica o en la mítica de un personaje tan lejano como próximo a la mitología romana, la novela ambienta a la perfección pero además profundiza en esas motivaciones del humano, cabalgando sus contradicciones y sobreponiéndose a las decisiones que guían por el destino. Y es eso, el hado que compone nuestros días desde los del personaje más famoso hasta los de la más anónima existencia, lo que hace de esta novela una lectura completamente empática que nos hace habitar dentro del corazón y del cerebro del más grande de los emperadores hispanos.
  2. Alexis o el tratado del inútil combate: Suele ocurrir que en la narrativa breve encontramos joyas que se pueden leer de un tirón y que, sin embargo, deja sabores de gran obra en su suerte de síntesis. No es fácil abordar lo más hondo desde una presentación escueta, salvo que nos encontremos con una autora de la facultad de Marguerite. En su naturaleza epistolar, esta novela corta aborda el tema del amor más liberado en un tiempo en que la liberación en este ámbito sonaba a canto utópico. Tan solo una mujer, siempre en lucha y reivindicación, podía afrontar la franca tarea del realismo del amor en todas sus aristas. Alexis escribe a su mujer para aclararle todo lo concerniente a su propia alma, todo aquello que siempre soterró entre costumbres y moral. Su testimonio por escrito cobra el valor de la liberación hecha testimonio. La pugna del humano consigo mismo es la peor de las batallas y todavía hoy se libra con demasiada asiduidad. No se trata de apuntar al libertinaje como espacio de convivencia, tan solo al reconocimiento del fuero interno de cada cual, a la presentación del ecce homo que somos todos, expuestos a las espectativas sobre nosotros mismos en base a los roles. Una novela corta que precisamente en su brevedad optimiza el lenguaje hacia el entendimiento más profundo. Una de esas pequeñas joyas que todo el mundo debería leer para entender y para entenderse.
  3. El tiro de gracia: La más conocida novela corta posterior “Crónica de una muerte anunciada” sigue en esta linea en tanto a un final intuído que, pese a todo, llama poderosamente nuestra atención sobre su desarrollo anterior. Una historia para habitar los destinos previstos de Eric, Conrad y Sophie, como dioses hechos lectores omniscientes. Solo que, incluso el propio Dios desconoce lo que ocurre antes, en ese tiempo de libre albedrío preconcedido y que contiene cada alma humana para un pleno desarrollo hasta la tragedia que finalmente escribe el final de todo. Y el amor es precisamente ese ámbito de desarrollo perfecto para la libertad del ser. Los designios del amor son inescrutables si se permite dar cauce al sentimiento, más aún cuando las circunstancias apuntan siempre a la imposibilidad del amor más liberado.

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