La tercera puerta, de Alex Banayan

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Seamos realistas. Acercarse a un libro como éste siempre debe ser un ejercicio de curiosidad crítica. El hecho del abrumador éxito de Bill Gates, Lady Gaga, Jessica Alba o Steve Wozniak no puede pensarse como una fórmula a repetir meticulosamente para obtener un mismo resultado. Una cosa es escribir un interesante libro con interés motivacional como este reciente de Pau Gasol y otra distinta es ofrecer la panacea del éxito.

En todo caso se podría considerar precisamente lo contrario. Para alcanzar similares niveles de gloria en cualquier empresa habría que leer el ejemplo para después olvidarlo y finalmente quedarse con el ánimo inquebrantable de sus personajes. Porque otros tantos personajes reales, miles de anónimos, pueden compartir capacidad pero no acaban de ser bendecidos por la imponderable aliada perfecta, por darle más literatura llamémosla: fortuna.

La tercera puerta que nos presenta Alex Banayan nos conduce directamente en ascensor hasta la última planta. Allí donde se encuentran los que deciden en cada ámbito, empresarial o deportivo, artístico, científico, económico o tecnológico, mirando al resto del mundo desde un altísimo y gigantesco ventanal por el que se divisa el devenir de millones de hormigas.

No digo que el libro no sea curioso, que la composición mágicamente armoniosa de las vidas y los destinos de la pléyade de triunfadores que transitan por estas páginas no pueda suponer un estímulo positivo. Pero insisto, la fórmula de la repetición y el ejemplo es la premisa del fracaso.

La cuestión es que el ejemplo del triunfador actual al menos aporta ese noséqué de esfuerzo más o menos cierto, del tipo o la tipa llegada desde el barrio y que acaba colocando su idea, su sonrisa o hasta su ocurrencia en lo más alto de la cima de sus pretensiones.

¿Cómo llegar a la tercera puerta convertida en el ascensor? Seguro que algunos de los personajes de este libro nos ocultan un noviazgo oportuno, un contacto aparente o hasta algún negocio turbio. La cuestión es que brindan esperanza. Porque lo cierto es que ellos podrían ser muchos otros con ingenio, creatividad o con el don correspondiente.

Tan solo es cuestión de apostar, de tesón y de mucho realismo para considerar que en un altísimo porcentaje de posibilidades no vas a conseguirlo, no hasta la cima, al menos. El genio no es algo tan ajeno al humano. Y aunque no es precisamente la dotación más extendida, se podría decir que para cada cosa habría muchos miles de personas que podrían hacerlo igual o mejor que tú.

Por eso las puertas habitualmente son la principal, la que trata de ir filtrando entre tanto invitado deseoso de entrar o la secundaria por dónde solo acceden los que ya tienen un pedacito de éxito ganado. Pero esas, las terceras puertas con sus brillantes y cómodos ascensores solo aparecen muy de vez en cuando.

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