En la ciudad líquida, de Marta Rebón

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En las ciudades líquidas el contorno de la realidad se distorsiona por las ondas del impacto de cada nuevo concepto. Marta Rebón nos invita a conocer estas ciudades, habitadas por almas sabias, capaces de convivir en medio de esa sensación de un mundo mutable, al capricho de la reverberación del agua.

En las ciudades líquidas se refleja los Narcisos de las más bellas composiciones literarias. Y el mundo entero se queda absorto, descubriendo por fin la belleza entre tanta medianía, reflejos de aguas oscuras.

Las ciudades oscuras son habitadas por personajes de las plumas de Tolstói, de Dostoievski, de Chejov. Personajes por fin reconciliados con lo humano, una vez que han escapado a las estrecheces de la razón y de lo efímero.

El ser humano construía sus primeras réplicas de ciudades en torno a los ríos o al mar, donde sabían que la vida les otorgaba una oportunidad para seguir vivos gracias al liquido esencial. Hoy lo esencial se sobreentiende, se minimiza, se trivializa. Lo mismo puede estar ocurriendo con el sustento básico del alma, que también necesita beber reflejos y que, al fin y al cabo se compone de agua, al igual que un gran porcentaje del conjunto del ser.

Agua, ciudades líquidas, almas necesitas del líquido elemento, transformación de lo cotidiano con unos buenos tragos de oxígeno y consciencia.

Nada mejor para encontrarte a tí mismo que habitar en una ciudad de agua. Tu reflejo te espera en la voz de grandes escritores.

Si no cultivas ese reflejo, si te abandonas en todo momento a lo intrascendente corres el riesgo de descubrir la nada, un desierto por donde deámbular sin la más remota idea de dónde puede estar el oasis, sucumbiendo a los espejismos más crueles e insustanciales.

Puede sonar grandilocuente, pero es de lo que se trata, de encontrar tu voz grandilocuente para dialogar de tú a tú con tu reflejo, mucho más capaz que tú de conocer las interioridades de tu ciudad líquida.

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