El juego de la memoria, de Felicia Yap

Siempre me han gustado esas novelas o películas que coquetean con una argumentación de ciencia ficción completamente insertada en un mundo reconocible.

Y en esta ocasión la historia tiene el doble atractivo de enfocarse como una novela negra, con lo de suspense añadido en lo que al siniestro enigma del asesinato y la oscura sombra de un mundo reajustado a un imaginario que lo hace despegar hacia nuevos planteamientos.

El juego de la memoria nos abre hacia el supuesto de nuestro mundo expuesto al olvido, y desde ahí al saber, al conocimiento de los que son capaces de recordar más que los demás, convertidos estos en un estrato social de mayor valor que acaba elevándose por encima de la medianía que apenas recuerda quién es tras cada despertar.

En este panorama, se puede adivinar que el margen del asesino es mucho mayor. Pues antes o después todo puede quedar relegado al olvido, al inquietante borrado de la memoria de los humanos.

El matrimono de Claire, de escasa memoria y de Mark, capaz de evocar un pasado más completo se asemeja a un unión interracial en los tiempos más duros del racismo colonial, pese a un cierto grado de aceptación asociado al mayor status de Mark. Pero ellos sobreviven a la repudia y a la incomprensión en ese día a día asomabado a un abismo sin pasado.

Hasta que una mujer aparece muerta en un río y el investigador Hans Richardson acaba atando y anotando los cabos necesarios para no olvidar su investigación y para ir enfocando su investigación hacia Mark.

Y ahí es donde el género negro y la ciencia ficción confluyen con exitoso resultado. A la manera de un guión de Memento,  las dotes criminales de un Mark escritor en ciernes se empiezan a vislumbrar entre ese juego de luces y sombras que las propias circunstancias marcan.

Del nudo y de la resolución de la novela se pueden entresacar aspectos para la meditación sobre la importancia de nuestro pasado para configurar nuestra identidad y el esperado giro que la ciencia ficción siempre facilita para la gran sorpresa final.

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