Blanco de plomo, de Susan Daitch

Blanco de plomo, de Susan Daitch
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Un argumento original se descubre ya en la solapa de un libro. El planteamiento de un extraño y siniestro escenario supone un gancho ejecutado con maestría en este caso por Susan Daitch. Un cadaver aparece a los pies de un famoso cuadro. Va vestido como una de las figuras del lienzo mientras que el cuadro en sí ha sufrido una gran transformación. En ese momento adivinas que esa puede ser una buena historia. De entrada el planteamiento rezuma misterio y un inquietante punto de novela negra.

Anticipada la historia, con el libro en tus manos, se te hace imposible no empezar a leer de inmediato. De entrada conoces a Stella da Silva, una mujer dedicada a la conservación de obras de arte. Su mano retoca grandes cuadros de los más renombrados artistas. A Stella le gusta trabajar de noche, aislada de todo, centrada completamente en el cuadro a recuperar para la causa. Solo así puede aplicar sus correcciones sin violentar la obra maestra, reponer ese punto de color sin la más mínima sensación de adulteración.

El escenario principal de la historia es una famosa casa de subastas. Sucede de noche, mientras Stella trabaja sobre algunos detalles de Las Meninas, de Diego Velázquez. Durante un pequeño tiempo en el que se ve obligada a abandonar el cuadro algo inesperado ocurre. Cuando regresa el cadaver está ahí, y en el cuadro las meninas han desaparecido.

La idea tiene un punto delirante, como si de un nuevo óleo de Dorian Gray se tratase. Pero cuando Stella llama a la policía, el cuerpo del delito ya ha desaparecido. Desesperada comprueba la magnitud de lo que se le viene encima, a ojos de todo el mundo lo único que ha ocurrido es que ha echado a perder una obra maestra.

En su comprometida situación, Stella intenta tirar de algún hilo para justificar los desconcertantes acontecimientos. Conforme trata de averiguar qué pudo pasar, descubre una sombra cernida sobre ella. Sin duda alguien la ronda con indescifrables intenciones.

Las respuestas que Stella pueda encontrar profundizan en el mundo actual del arte convertido en un singular mercado donde se mueven coleccionistas y blanqueadores de dinero por igual, un mercado donde poder ocultar otro tipo de negocios muy por encima de la ley, y de la vida si hace falta.

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Blanco de plomo, de Susan Daitch

3 comentarios

  1. ¡Hola! Justo acabo de leerlo y quería comentarlo con alguien que también lo hubiera leído. En el último capítulo, Stella está ya libre de cargos: ¿hay que entender que todo se ha arreglado judicialmente en la elipsis? Y, además, tiene los puños rotos y se le están soldando: ¿por qué? Siento que me he perdido algún detalle para poder adivinar lo que pasó en el tiempo de la elipsis antes del último capítulo…

    • Ay, amiga. Me temo que todo eso forma parte de esa resolución del dilema que plantea el final de esta novela sin resolución en sí mismo. Ideal para elucubraciones varias o perfecto para que otros lectores repudien una novela tan abierta a la digresión y al laberinto.

      • Arrgh, me lo temía, qué rabia da, jaja. En fin, me ha parecido un novelón. Me parto con los momentos en plan jungla de cristal. ¡Saludos!

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