Las 3 mejores películas de Jack Nicholson

Desde su retiro dorado a pie de pista de los Lakers, Jack Nicholson aún hace gala de la extraordinaria vitalidad que siempre confirió a sus personajes. Interpretaciones que aparecen en los ya lejanos y psicodélicos 70 hasta bien entrado el siglo XXI. Una carrera sin parangón en el estrellato actual de Hollywood en la que resulta dificil decantarse por unas películas u otras.

Nicholson fue y es todos los espejos deformantes, los antihéroes, los histriónicos, la exageración y hasta la locura. Y de todo ha salido indemne década tras década. Regresando fielmente como si nada a esa primera fila en el viejo Staples Center angelino. No debe ser fácil compartir butaca con un tipo que te acaba de desquiciar por completo en el cine, o que te ha ganado con su singular capacidad para la empatía con lo extraño, con lo psicopático, con la absoluta divergencia frente a estereotipos actorales de rostros amables y gestas incomparables.

Pero es que tan necesario puede ser Tom Cruise como Jack Nicholson. Porque sin los personajes de unos no tendrían sentido los otros. En fin… regresando por completo a este entrañable abuelo del celuloide, seleccionamos lo mejor de lo mejor…

Top 3 películas recomendadas de Jack Nicholson

El resplandor

En la apoteosis de su carrera, Jack Nicholson sacó lo peor de lo peor de su fisonomía para adentrarnos en las peores locuras imaginadas por el prolífico Stephen King.

Se veía venir. Eso de la escapadita a un «acogedor hotel», con sus cientos de habitaciones y sus pasillos interminables de moqueta, ubicado en mitad de un gélido bosque con su aterrador silbido de las corrientes polares apuntaba a tragedia. Más aún con un Jack Nicholson que ya venía con su tara desde que capitalizara «Alguien voló sobre el nido del cuco».

Y aunque la parejita formada por Jack y Wendy sonaba a cuento de navidad, el asunto pronto se tuerce cuando el bloqueo creativo del marido y escritor acaba por transformarse en una paranoia mezcla posesión maléfica, influjos telúricos y accesos extrasensoriales a siniestros planos donde la ambientación juega perfectamente para componer ese todo claustrofóbico y «laberíntico» en el que Kubrick disfrutó como un gorrino en un charco.

No podía faltar Stephen King en esto de los horrores porque esta novela fue su tercera historia. Y aunque después también encontramos mucho de fantasía que apunta hacia otros vértices narrativos, esta primera época era todo horrores que todos disfrutábamos con ese insano gusto por salir de paseo hacia la locura y la muerte para tratar de salir indemnes.

Y sí, también esta peli tiene su BSO que parece traída directamente de los infiernos. Escucha, escucha:

Mejor imposible

En ocasiones el cine yanki parece empeñado en sacar el lado amable de todo. Como si el sueño americano pudiera extenderse incluso sobre las peores pesadillas en pos de un imaginario con sus eslóganes vacíos. En este caso la enfermedad mental en su faceta más cotidiana no puede disfrazarse como algo simpático sin que resulte precisamente eso, un vano intento por soterrar realidades.

Salvo que la película la interprete Jack Nicholson en su papel de genio pasado de rosca. Porque su simpatía es extraña, como de brote que puede romper por el otro polo en cualquier instante. Y entonces la simpatía nos sorprende desde lo extraño, en la mirada huidiza el Nicholson y sus temperamentales reacciones frente al menor cambio sobre el plan que su mente concibe para continuar tranquilo con su vida entre asfixiantes rutinas.

Lo curioso es que más allá de los cables entrecruzados del personaje de Nicholson, donde no alcanza su mirada que parece atravesarlo todo hacia la nada se nos va ofreciendo un atisbo de humanidad insospechado. Quizás sus sonrisas no sean las más francas, pero lo que termina por emprender el personaje de Nicholson por fin puede darle un sentido a su vida. Aunque a la postre sea incapaz de disfrutarlo.

Alguien voló sobre el nido del cuco

Uno de esos títulos míticos que merece la pena ver. Cuando una peli o un libro envejecen con su rabiosa vigencia pese a los evidentes cambios de paradigma sociológico, es porque apuntan a lo trascendente. Y no me refiero a grandes argumentos o sofisticadas ideas. Lo trascendente puede ser lo que concibe alguna explicación también a lo cotidiano. Porque las grandes preguntas atañen sobre todo a las pequeñas cosas.

El psiquiátrico en el que acaba pegando Randle (Jack) se va conformando como esa familia donde cada cual busca su sitio o se ve empujado a él por dejadez o rendición. Todos están locos o absolutamente lúcidos al asomarse a un mundo donde todo ocurre bajo premisas aún más desquiciadas.

Con ramalazos de humor ácido, muy setentero, la trama nos lleva por muy diferentes derroteros: desde una acción trepidante salpicada de antihéroes, antiaventuras y antitodo hasta una introspección sobre la razón y la locura.

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