La cueva del cíclope, de Arturo Pérez Reverte

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Los nuevos aforismos crecen como setas en twitter, al calor húmedo del enardecimiento de los haters; o desde los estudiados apuntes de los más iluminados del lugar.

En el otro lado de esta red social encontramos a honorables visitantes digitales como Arturo Pérez Reverte. Quizás por momentos fuera de sitio, como un demasiado paciente Dante intentado buscar la salida de los círculos del Infierno. Unos infiernos en los que, por espíritu combativo contra los demonios que nos gobiernan, Pérez-Reverte se aventura con pundonor guerrero contra la estulticia de tanto adorador de Satán.

Son todos feos por dentro, como cíclopes con su único ojo fijo en la verdad que le venden bien refrita con los fuegos de las aviesas voluntades demoníacas. Pero al final, hasta se les puede coger cariño.

Porque es lo que hay. En este nuevo mundo cada cual se informa con aquello que ratifica su versión, apaga los rescoldos de toda voluntad crítica y tira para adelante hacia el abismo.

Quizás por eso sea mejor retomar lo de las redes como quien sale al bar a tomar una copa. Olvidándose de la parroquia bravucona que arregla el mundo y centrándose en libros, en literatura, en almas de otra pasta, en espíritus trémulos pero tangibles al fin y al cabo, como humanos cultivados en su verdad y en la coexistencia de su contraria.

Porque la literatura y su capacidad empática es mucha veces eso, rendir cuentas ante nuevas evidencias y argumentos, redescubrir cosas y saborear derrotas con la felicidad de quien echa un gran trago como si fuera por primera vez.

«Hablar de libros en Twitter es como hacerlo con los amigos en la barra de un bar -dice Arturo Pérez-Reverte-. Si conversar sobre libros siempre es un acto de felicidad, que una red social sirva para esto la hace especialmente valiosa. Ahí vuelco con naturalidad toda una vida de lectura, y ahí comparto, con la misma naturalidad, la vida de lectura de mis lectores. Y el lector es un amigo.»

Arturo Pérez-Reverte cumple diez años en Twitter. Son muchos los temas de los que ha hablado en esta red en este período, pero los libros ocupan un lugar protagónico. Entre febrero de 2010 y marzo de 2020, ha escrito más 45.000 mensajes, muchos de ellos sobre literatura, tanto la suya propia como aquella que estaba leyendo o la que le ha marcado a través de los años como escritor.

Estos mensajes conforman los encuentros virtuales con sus seguidores en el mítico bar de Lola y se suceden periódicamente desde ese lejano día en que se adentró en esta «cueva del cíclope», como él mismo dio en llamar a la red social.

Entre los muchos aspectos relacionados con la literatura, los tuiteros le han preguntado por su próxima novela o por su proceso de escritura, y le han pedido recomendaciones de lectura.

Este libro reúne, gracias a la labor compiladora de Rogorn Moradan, todas estas conversaciones directas y sin intermediarios que ha mantenido Arturo Pérez-Reverte con sus lectores. Frente al carácter inmediato y efímero de los comentarios en esta red, hay algunas cuentas que, como dice Rogorn, «contienen pepitas de oro que merece la pena preservar». La de Arturo Pérez-Reverte es una de ellas.

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