La cita, de Katharina Volckmer

Ya lo decía el exfutbolista y filósofo en ratos libros Jorge Valdano. Hay gente, como él mismo, que cuando se pone nerviosa habla sin parar. Y claro, ir al médico es un momento en el que los nervios afloran. Si a eso le sumas la incomodidad de ir a exponer a la ciencia tus partes íntimas ante el especialista de turno, el asunto puede romper por cualquier sitio.

La mayoría de las ocasiones uno, o una en este caso, cuenta a goteo los segundos que van pasando para salir del atolladero con el menor número de daño posible, sobre todo en cuanto a dignidad. Pero nadie te asegura que, en busca de algún tipo de relajación, no acabes por contarle al médico de bajos en cuestión tus epopeyas vitales y hasta tu percepción sobre la conformación del cosmos.

No es cuestión de que el galeno te de confianza, es simplemente una liberación de tu mente atrapada entre miedos, verguenza, reservas y un intento por esconder la cabeza rollo avestruz, que acaba por sumirnos en un soliloquio muy muy profundo. Katharina Volckmer ha sabido muy bien meternos en el pellejo de una de esas citas que todos querríamos esquivar. Literatura intimista hasta los límites de las entrañas con el alma…

Sinopsis

Una joven alemana residente en Londres acude a la consulta de su médico, el doctor Seligman. Durante la visita empieza a hablar y sigue hablando y no para de hablar… El resultado es un torrencial monólogo en el que la chica habla sin tapujos mientras el médico la examina y ella ve tan solo la parte superior de su cabeza.

A medida que avanza el parlamento, el lector irá descubriendo que el doctor Seligman es judío y que la narradora siente necesidad de sincerarse con él como alemana indignada por cómo manejan el pasado sus compatriotas. Esa indignación la llevó a poner tierra por medio, aunque ahora ha tenido que regresar por la muerte de su abuelo. Pero la incomodidad que siente se extiende también a su condición de mujer, y su relato aborda asimismo los roles establecidos, la percepción que tiene de su cuerpo, la fuerza del deseo, sus conflictos con la identidad y la sexualidad o las fantasías que recorren su mente. La joven habla también sobre la presencia abrumadora de las madres o sobre las transformaciones físicas entendidas como reparación histórica, y se pierde en impagables divagaciones a propósito del pan alemán y su relación con el sexo oral o de los estrambóticos usos –también sexuales– de la cola de una ardilla. Y así, hablando y hablando, se acabará desvelando el verdadero motivo de su visita médica…

Un debut sin pelos en la lengua, que provoca la carcajada a la vez que incomoda por su tono vehemente y visceral, no muy alejado del de Thomas Bernhard, con el que la autora comparte contundencia y mala baba. En La cita, Katharina Volckmer retrata a una joven que realiza un mordaz ajuste de cuentas con la herencia recibida, con su género y consigo misma, y al hacerlo logra un texto de lectura trepidante, de un humor subversivo y muy negro, que no deja a nadie indiferente.

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